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Fecha: September 13, 2017
Una de picoletos
Guillermo Balbona 13-09-2017 | 8:31 | 0

La niebla y la doncella

2017104 min. España.

Director y guión: Andrés M. Koppel.

Fotografía: Álvaro Gutiérrez.

Reparto: Quim Gutiérrez,  Verónica Echegui,  Aura Garrido,  Roberto Álamo,  Marian Álvarez, Paola Bontempi.

Género: Thriller. Salas: Cinesa y Peñacastillo

En este expediente X de picoletos listillos, isla con brumas y enredadas truculencias, subyace un chirrido permanente: la falta de aliento/talento para conjugar paisaje y personajes. La atmósfera, eso tan trillado pero tan difícil, es a lo que apela sin conseguirlo este thriller con estética atresmedia de serie televisiva, que se mueve entre la excesiva planificación –más bien un cálculo estático de los ingredientes–, la eficacia y los renglones torcidos pese a lo enrevesado de la apuesta. Al igual que algunos de los actores, el filme parece envarado en su artificiosa postura, escasamente natural. El resorte literario que proporciona Lorenzo Silva, con las historias de la pareja uniformada, pero no tanto, de Chamorro y Bevilacqua, es tomado aquí demasiado al pie de la letra y ‘La niebla y la doncella’ no fluye ni influye. Es fría, pesada que no densa, y no cuaja pese al empeño machacón en mostrar una enredadera de pasiones turbias e intereses ocultos que discurren como un arroyo subterráneo, ajeno al océano, y amparado por esa niebla cómplice. Andrés M. Koppel debuta para adentrarse en la tercera adaptación literaria de la obra prolífica (ya son ocho las novelas de la pareja) y siempre eficaz de Silva, tras ‘La flaqueza del bolchevique’ y ‘El alquimista impaciente’.  El desfile de arquetipos es constante y el filme nunca logra desprenderse de un traje de buena factura, excelente ambientación, pero que desfila con la etiqueta puesta, embozado en  cierta pretenciosidad y pomposidad. Como thriller funciona cuando se postula como el episodio piloto de una futura serie de expedientes y guardias civiles en busca de asesinos díscolos que se empeñan en esconderse en las tinieblas de sus turbulentas y poco nítidas convivencias. El resto es un quiero y no puedo de círculos concéntricos que se alejan, en lugar de cercar la materia prima de esa sucesión de disturbios que el relato propone y el escritor dispone. Traiciones, narcos, chaperos, asesinatos viscerales y arrebatos. Pero el filme prosigue monocorde y sólo al final aflora esa conexión entre corrupción política, degradación moral y cáncer invisible que adquiere algunas texturas transparentes y sólidas que provocan cierta inquietud escoltada por el paisaje de La Gomera. Quim Gutiérrez y Aura Garrido, hieráticos y helados, Verónica Echegui, algo más entonada, y Roberto Alamo, siempre interesante, componen las desiguales figuras humanas que habitan en este retablo desangelado y casi sin pulso pese a que todo late con taquicardias convulsas y agitadas. El misterio entre helechos, sangre y agua estancada es difuso, más confuso que extraño, casi siempre plano, y el fatalismo y lo sombrío, el desasosiego nunca crecen en la espesura del mal.

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Un globo, dos globos, tres globos
Guillermo Balbona 13-09-2017 | 7:56 | 0

It

2017 135 min. Estados Unidos Director: Andrés Muschietti. Guion: Chase 
Palmer, Gary Dauberman. Música: Benjamin Wallfisch. Fotografía: 
Chung-hoon Chung. Reparto: Bill Skarsgård,  Jaeden Lieberher,  Sophia 
Lillis,  Finn Wolfhard,  Wyatt Oleff, Jeremy Ray Taylor, Jack Dylan 
Grazer. Género: Terror. Salas: Cinesa y Peñacastillo

  Un sótano puede ser un abismo. Y una pérdida infantil, el mayor vértigo de una biografía. Entre estertores de la infancia, temblores de la pubertad y miedos primarios discurre este cuento con payaso y globos rojos. Pero su raíz pertubadora es domada y domesticada por la levedad y superficialidad estereotipadas de esta traslación de la obra de Stephen King  a la pantalla. ‘It’ está habitado por iconos del terror, máscaras, sombras, objetos que se mueven solos y toda la tradición de la muerte y sus fantasmas. Pero en realidad de lo que el popular escritor habla es de esa atmósfera de ansiedades, temores y soledades que envuelven al adolescente. Stephen King es probablemente el autor más adaptado de la historia del cine así que era de esperar que esta historia del payaso asesino Pennywise, que contaba con una miniserie previa, tuviera su reflejo en la pantalla. El cineasta de ‘Mamá’, Andy Muschietti, sacrifica los factores inquietantes, esa fiebre invisible de la infancia y la convierte, a medida que se sumerge en su excesivo metraje, en una mera colección de sustos y en un ejercicio de sugerencias desmayadas. Tras esos papeles pintados infantiles, de familias y correrías, de aventuras y primeros amores (la sombra de ‘Los Goonies’ y de ‘Pesadilla en Elm Street’, homenaje incluido, es alargada) asoman sombras, oscuridad, abusos, hermanos muertos, desapariciones y marginaciones. En esas fronteras de luz y tormento es donde reside el atractivo de ‘It’, eso innombrable que apela a la extrañeza y lo diferente. Y es en ese agujero insondable donde el filme se muestra incapaz para adentrarse en lo inasible. Transcurre tan correcto como insípido, aunque con cierto encanto, cuando la modestia rodea la peripecia de una serie de criaturas, al borde de la adolescencia, empiezan a sentir la excitación juvenil al tiempo que se se desvelan sus primeros infartos emocionales y el descubrimiento de miedos compartidos o ese precipicio del hecho de ser diferente. Lejos de ‘Carrie’, más cerca de ‘Cuenta conmigo’, la película trata de moverse entre lo travieso y lo perturbador, lo iniciático y lo perverso. Cuando todo es intuición y subliminal ‘It’ gana en sutilidad pero el resto es una demostración de excesos y un exhibicionismo del terror explícito que carece de tacto y se vuelve burdo y deja vu. Hasta el punto que todo su tramo final, cuando el despliegue del horror pide ritmo y delicadeza, Muschietti transforma la cinta en un campo de batalla mainstream, en una barraca al estilo de las casas del terror que abunda en ferias y parques temáticos. De la expresión de inocencia y atrevimiento se pasa a un festival de obviedades de arrogancia industrial que ahoga todas las posibilidades de finura. Es indudable que se postula eficaz y taquillera, pero ‘eso’ no equivale a personalidad e intensidad. Salvo los inclinados a fobias, los espectadores sentirán que el globo, frío e hinchado por la banda sonora, se pincha con facilidad. Un susto de película.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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