img
Fecha: August 29, 2017
Eclipse adolescente
Guillermo Balbona 29-08-2017 | 8:43 | 0

Verónica

Verónica 2017 105 min. España

Director: Paco Plaza. Guión: Plaza, Fernando Navarro.

Música: Chucky Namanera. Fotografía: Pablo Rosso.

Reparto: Sandra Escacena,  Bruna González,  Claudia Placer,  Iván Chavero,  Ana Torrent, Consuelo Trujillo.

Género: Terror | Salas: Cinesa y Peñacastillo

L a a desazón que provoca ‘Verónica’ surge en buena parte de ese inquietante discurrir entre su raíz real y su hipérbole fantástica. Pero al tiempo esa es su propia boca del lobo y su trampa. Paco Plaza oscila con ambigüedad y cierta indefinición entre un thriller metafórico que recrea un caso policíaco con connotaciones paranormales y el desembarco radical en el canon del género. Cuando el filme vuela como un verso libre, en especial en su arranque, la atmósfera sutil y la metáfora del miedo a crecer, la pesadilla adolescente y el simbólico eclipse de la sombra que se interpone en la trayectoria vital enuncian una película que luego sufre un apagón. Las concesiones a los estereotipos de género, entre subrayados musicales y efectistas sorpresas diluyen la personalidad de la apuesta. ‘Verónica’, rodada con contundencia y solidez, maneja con soltura a los niños que llevan el peso de este caso Warren español, de barrio madrileño, colegio de monjas, ouija y fascículos de  parapsicología. Es más una España heredera de Jiménez del Oso que de Cuarto milenio. Y es en ese contexto sociológico, metafórico e íntimo donde Verónica muestra más peso y claridad. El resto, pese a su eficacia y su consistencia, es un catálogo una veces riguroso, otras burdo, de los estándares del poltergeist hogareño, entre objetos que adquieren vida propia y visitas del más allá. Hay, en este sentido, personajes demasiado estereotipados como el de la monja que todo lo ve y figuras desaprovechadas, como la de la madre, que encarna Ana Torrent, que hubieran potenciado esa frontera entre lo doméstico y lo desconocido. El cineasta de ‘Romasanta’ y la saga ‘REC’, con banda sonora de Héroes del silencio,se sitúa no muy lejos de la reciente ‘Crudo’, una descarnada y explícita visión sobre el tránsito adolescente hacia lo adulto. Ese estado emocional –los simbolismos cinéfilos con la presencia de Torrent llevan al espectador hasta ‘Cría cuervos’ e incluso ‘El espíritu de la colmena’– es el territorio más atractivo pero menos explorado por ‘Verónica’. En cambio Paco Plaza se empeña en adentrarse, con influencias claras y honestas, en una pesadilla castiza de sobresaltos, entre James Wan y Chicho Ibáñez Serrador, que va minando la metáfora para terminar de encajar en los envases estereotipados del mainstream. Su particular expediente Vallecas contiene factores genuinos y un seductor campo minado para el escalofrío capaz de mostrarse en una barriada obrera exenta de coartadas fantásticas. Lástima que el Plaza poseído por los mandamientos del género, que tan bien sabe, acabe venciendo al Plaza más sutil que en muchos tramos de su propuesta había logrado forjar un imaginario habitado por sombras familiares, tan cercano como profundamente agitado.

Ver Post >
lisérgico juguete galáctico
Guillermo Balbona 29-08-2017 | 8:42 | 0

Valerian y la ciudad de los mil planetas

2017 137 min. Francia.

Director: Luc Besson. Guión: Luc Besson.

Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Thierry Arbogast

Reparto: Dane DeHaan, Cara Delevingne,  Clive Owen,  Ethan Hawke,  Rihanna.

Género: Ciencia ficción. | Salas: Cinesa y Peñacastillo

 

T odo es desbordante, barroco, desmesurado y grandilocuente en esta opereta espacial, tan juguetona siempre como delirante y excesiva a menudo. A Luc Besson no se le puede negar que no sea fiel a sí mismo. Desde su excelente ‘El profesional’ hasta ‘Lucy’, desde la vacua ‘El gran azul’ hasta ‘Arthur y Los minimoys’, su trayectoria de autor se asemeja a uno de esos directores de escena que procuran siempre que su detallito, su incursión y su exploración sean más grandes que el propio Wagner. Es indudable la intensidad visual y el desfile de atractivo pastiche neodigital que desprenden las más de dos horas de ‘Valerian y la ciudad los mil planetas’. Tras solapar varios preludios, homenaje incluido a Bowie, el último filme del también prolífico productor es un insaciable y colorista álbum de cromos, teñido de delirio y recargado por imaginarios reconocibles y apropiaciones lúdicas. Al margen de su origen en el cómic de la serie de Jean Claude Mezieres, este Besson abre su particular caja de Pandora para liberar referentes e ilustraciones propias y ajenas. Es como si una mañana el cineasta francés hubiese agitado ‘El quinto elemento’ y tras apelar a un estado alucinógeno hubiese dejado que la cámara volase libre y sin control. El fruto es un desequilibro inevitable y el filme combina y discurre entre la decepción y el hallazgo, el asombro puntual y la monotonía. Hay soluciones imaginativas, muchas, pero también grafitis digitales que sólo sirven para acumular sin carácter ni coherencia. ‘Valerian’ superpone planos y mundos visuales en una especie de ficción de multipantallas que, en ocasiones, parece olvidar la esencia del cine, su lenguaje y su metabolismo emocional. Todo es ilustración, pasaje de videojuego simpático y febril, pero la superficialidad, la evanescencia y la ligereza atraviesan el corazón de este mecanismo virtuoso y excéntrico sin que el pálpito del entretenimiento y el latido de lo trascendente lleguen a tocar a sus criaturas y muchos menos al espectador. A conmover tampoco ayuda la elección del reparto desigual y epatante con una pareja protagonista, Dane DeHaan y Cara Delevingne, con muy pocas luces, donde la afinidad resulta una droga muy cara. El viaje en apariencia alucinante que propone el cineasta de ‘Subway’ (quizás su mejor película) se queda en mera visita astral por la superficie de las cosas. Un combate entre ‘Guardianes de la galaxia’ y las raíces de ‘Star wars’ pero después de haber tomado burundanga y anfetaminas con leche y galletas. El ingenio es obvio, los excesos son marca de la casa. Los subrayados de ópera galáctica en la banda sonora sólo ayudan a hinchar el globo. Falta pasión y esa es la diferencia entre una supercomputadora propicia para parir incesantes imágenes por segundo y un poema vibrante y sutil que se clava en la glándula emocional. Un paisaje cósmico e interestelar que modela con plastilina digital el universo Lucas, el trazo de ‘Avatar’ y la trepanación lisérgica de un bebedizo torrencial de devociones y referentes

Ver Post >
Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

Otros Blogs de Autor