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Fecha: August 21, 2017
Más altura que vértigo
Guillermo Balbona 21-08-2017 | 9:35 | 0

La torre oscura

The Dark Tower.  2017. 95 min. Estados Unidos.

Director: Nikolaj Arcel.

Guión: Akiva Goldsman, Arcel, Anders Thomas Jensen.

Música: Junkie XL. Fotografía: Rasmus Videbæk.

Reparto: Idris Elba, Matthew McConaughey,  Tom Taylor,  Katheryn Winnick,  Abbey Lee, Jackie Earle Haley.

Género: Fantástico | Salas: Cinesa y Peñacastillo

La iniciación, la figura del padre, la existencia de planos y dimensiones diferentes y el eterno combate entre la fantasía y la realidad están presentes en esta desordenada, algo caótica, incursión en una saga literaria de Stephen King. El despliegue de mundos, espejos y reflejos de sueños dentro del sueño era lo suficientemente atractivo para crear un estado de júbilo y regocijo en la interminable batalla entre la luz y la oscuridad. Pero siguiendo la metáfora de esa torre que parece encargarse del equilibrio, el filme propone más altura que vértigo. Hay escaso riesgo y emoción en esta mirada de ‘historia interminable’, agitada como western con niño dentro, a lo ‘Raíces profundas’, que poco a poco se postula en clave mainstream como un artefacto de personajes muy planos y escenas de acción encadenadas por la monotonía y cierta desazón. Pese al excelente arranque, que no original, Nikolaj Arcel se ve incapaz de mantener el pulso y la aventura más pura, la que discurre en esa frontera inasible del sueño, se vuelve rutinaria y cansina. El cineasta de ‘La isla de las almas perdidas’ se queda en la superficie y no hay ni rastro de ese mundo retorcido y oscuro que deambula por las entrañas del maestro del terror. ‘Carrie’, ‘El resplandor’, ‘Cujo’, ‘Misery’… son algunas de las adaptaciones que han tenido desembarcos felices en pantalla (muy pronto recalará la sinuosa e inquietante pesadilla de ‘It’) pero ‘La torre oscura’, presunta saga con muchas entregas, no cuaja en este paso fundacional de las ingentes ocho novelas y miles de páginas a un supuesto esquematismo primario. La influencia de Tolkien es notoria y no debería estorbar. Pero Arcel carece de tono y los actores no ayudan demasiado a superar cierto aire de desgana y mirada televisiva. Solo el excelente Tom Taylor, que encarna la mirada del niño en su paso traumático hacia la adolescencia pone algo de verdad en esta piel tatuada por los tópicos. Una vez que el filme abandona esa parte de la criatura primaria y primitiva, y su elogio de la diferencia, la trama se torna insulsa y convencional, es decir, la antítesis de lo fantástico. No hay ni rastro de la supuesta mitología y el esquematismo moral en el duelo entre el bien y el mal, ese maniqueísmo sin hondura, asoma envuelto y transformado en una confusa y mediocre mezcla de géneros y situaciones que demuestran a cada paso que el director de ‘Un asunto real’ no sabe qué hacer con ella. El imaginario, limitado pese a su apariencia de desbordamiento, lo apocalíptico vestido de gesticulación anodina convierten a este niño y su vaquero- pistolero- salvador en una mediocre, escasamente ambiciosa y lánguida explosión de lugares comunes. Ni rastro de ese lado oscuro que nos hace mirar abajo y arriba en busca de nosotros mismos y nuestro lugar en el mundo.

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De ogros, hadas y setas
Guillermo Balbona 21-08-2017 | 9:33 | 0

La seducción

The Hum The Beguiled 2017 91 min.

Estados Unidos.

Directora: Sofia Coppola.

Guion: Sofia Coppola (Novela: Thomas Cullinan).

Música: Phoenix. Fotografía: Philippe Le Sourd.

Reparto: Colin Farrell, Nicole Kidman,  Kirsten Dunst,  Elle Fanning, Oona Laurence.

Género: Drama | Salas: Cinesa y Peñacastillo

Es como una de esas bolas de cristal con paisajes ensoñadores dentro. Al agitarse o ponerse del revés reproducen el fenómeno de la nieve, o un efecto de luz o de colores, aunque todo permanezca inalterable. Sofia Coppola realiza una apuesta esteticista, a veces hermosa, otras vacía, casi siempre indefinida pero interesante. Su historia es rosa sureña, vaporosa, de atmósfera sutil e irreal, como tamizada por una gasa que protegiera la extrañeza. La cineasta de ‘Lost in traslation’ muta al seductor de Don Siegel y Clint Eastwood en ‘La seducción’. Es decir, convierte al macho y el punto de vista masculino en un estado de las cosas en femenino plural. Son sus particulares ‘vírgenes suicidas’ (su mejor película) sureñas, cuya tensión sexual y despertares viven su particular iniciación al recibir la inesperada llegada de un apuesto soldado yanqui a su particular ecosistema de disciplina y complicidad. Hay muchas películas en una y quizá sea este el lastre que arrastra un filme de excelentes interpretaciones, tan desmayado como denso. En ‘La seducción’ hay sombras de cuentos góticos, lecturas políticas, relatos de terror e incluso una mezcla de huella del mundo de Jane Austen escorado hacia el D H Lawrence de ‘El amante de Lady Chatterley’. Coppola, que rueda con delicado pulso, recrea sobre todo un hábitat de mujeres solas, acaso un simbólico bucle representativo de lo que ha sido la historia y, a su vez, narra un cuento con ogros dentro (también la guerra) hadas y setas. La manifestación del deseo enciende los límites, las transgresiones y las formas. Un baile de acción-represión, de territorios más acá o más allá de la verja que delimita el escenario del filme, hasta un hermoso e inquietante plano final. ‘La seducción’ es irregular pero supera el ejercicio de estilo y se tiende por la superficie de la pantalla como si su Maria Antonieta fuesen ahora muchas otras. La elegante morbosidad del filme, las interpretaciones de Nicole Kidman y Kirsten Dunst, especialmente, destacan en una obra, sin embargo, cruzada por una inclinación melancólica, meliflua y fría que domina y controla y, en ocasiones, apaga el volcán de las pasiones. La intensidad visual, la irónica y gaseosa envoltura estrangula en buena manera el epicentro pasional de este melodrama masticado por la intriga, entre los ecos bélicos que discurren a escasos metros de la trama y el estallido de los cuerpos. Estilizada y sobria, juega irónicamente con las imágenes de postal de atardeceres y amaneceres brumosos donde el reinado femenino se preserva de la violencia exterior y construye un círculo cerrado de tonos marfiles, habitaciones abiertas al deseo y detalles de libertad reprimida. Sofia Coppola firma un cuento hermoso pero los revoltosos instintos primarios, la lujuria y el desgarro demandaban más furia y fulgor. A cambio, tenemos destellos y una violencia desparramada y caprichosa como los copos de falsa nieve de las bolas de cristal.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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