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Muerte con vodka y dos hielos
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Guillermo Balbona | 08-08-2017 | 08:17

Título: Atomic Blonde  2017 115 min. EEUU.

Director: David Leitch.

Guion: Kurt Johnstad.

Música: Tyler Bates.

Fotografía: Jonathan Sela.

Reparto: Charlize Theron,  James McAvoy,  Sofia Boutella,  John Goodman, Eddie Marsan, Toby Jones,  Bill Skarsgård

Género: Acción.

Salas: Cinesa y Peñacastillo.

La cosa va de Guerra Fría y cuerpos calientes. Es un filme seco, con ese punto de fantasía y de fantástico, de pulp y marco de viñeta que le da su origen en la novela gráfica de Antony Johnson y Sam Hart.

En un determinado momento de este hiperviolento thriller vertebrado por las geografías simbólica y física de la ciudad de Berlín y del personaje que encarna Charlize Theron, respectivamente, se escucha desde un televisor una polémica sobre el ‘sample’, ya saben ese muestreo musical tomado de un sonido grabado en cualquier soporte para ser reutilizado posteriormente como instrumento o diferente grabación.

Pues precisamente ‘Atómica’, un irregular, contundente y seco ejercicio de acción es fruto precisamente de ese reciclaje, aquí sofisticado, en ocasiones, y aderezado con ciertas dosis de nostalgia. Un trago de vodka y un par de piedras acompañan la coreografía asesina de esta especie de Nikita y Modesty Blaise, envuelta en una trama confusa, que juega al despiste y a los giros de sospecha y golpes de efecto. ‘Atómica’ –que hace un homenaje a ‘Stalker’, una de las obras maestras de Andrei Tarkovski– es enrevesada, sinuosa y tajante y su enredadera discurre en torno a los momentos en que se está fraguando la caída del muro de Berlín.

Charlize Theron está perfecta en su papel de mujer dura y expeditiva agente secreta, una James Bond pasada por el filtro de Jason Bourne con menos sentido del humor pero mucho más salvaje en su expresión. El director David Leith, corresponsable de la figura en pantalla de ‘John Wick’, hace hincapié en la fisicidad, en la rotundidad de los golpes, en el daño corporal y para ello mantiene, reiterativa y machaconamente, un juego coreográfíco de música (de David Bowie y Nena a Siouxsie & The Banshees), sonido y montaje que exprime la trama mínima para generar una sensación barroca y letal. Como en las películas de espías de los setenta aquí se habla de manera constante de una lista secreta, mientras el filme da permanentes giros concéntricos sobre la corrupción y la traición.

La Furiosa de ‘Mad Max’, ahora con tacones letales y mirada gélida, acapara la atención frente a una trama diluida en su laberíntica y difusa cadena de mentiras e imposturas. Como hilo conductor, un mcguffin y una sucesión de luchas y combates sangrientos, de tono casi gore, que desembocan en un magnífico plano secuencia. Lo dicho: un trago seco de vodka, tan helador como aparente, que no deja mucha huella en la garganta. ‘Under Pressure’, pero menos.

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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