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Fecha: July 31, 2017
Cuestión de sentidos
Guillermo Balbona 31-07-2017 | 1:23 | 0

Inside. 2016 91 min. España.

Director: Miguel Ángel Vivas.

Guión: Jaume Balagueró, Manu Díez.

Música: Víctor Reyes.

Fotografía: Josu Inchaustegui.

Reparto: Rachel Nichols,  Laura Harring, Andrea Tivadar,  Stany Coppet,  Ben Temple.

Género: Terror

Salas: Cinesa y Peñacastillo

La figura de la madre, el alumbramiento, la maternidad y el misterio implícito que conlleva una nueva criatura han estado muy presentes en pantalla como una especie de subgénero. A ellas se suman, en ocasiones, factores no menos manidos como el estereotipo del intruso o el suplantador, en una suerte de hombre del saco e incluso de gorrón psicópata. Confluyen este verano en la caótica cartelera muy diversas y desiguales producciones con el terror como protagonista. A la espera de la ‘Verónica’ de Paco Plaza y la enésima adaptación de la escritura de Stephen King, ‘It’, pululan por las pantallas la estimable ‘Llega de noche’ y la mediocre ‘Siete deseos’. Ahora se incorpora ‘Inside’, producción internacional fruto del tándem español Miguel Angel Vivas, director, y Jaume Balagueró, en este caso guionista. Remake de ‘A l’intérieur’, provocadora cinta francesa, ‘Inside’ exprime la encrucijada entre lo inquietante y lo gore, los límites de lo físico y la capacidad de sufrimiento corporal. Donde allí había tijeras, aquí hay cuchillos de cocina pero el corte de suspense, mesura y desmadre sigue siendo ese resbaladizo deslizamiento de lo afilado sobre el vientre de una madre. El juego de debilidad y fortaleza, el diálogo de fragilidad y resistencia es uno de los puntos fuertes de esta irregular y zarandeada historia que tiene su atractivo pero también su hándicap en la sucesión de situaciones límite. En su solapamiento el filme resulta seductor y convincente. En su exceso roza lo inverosímil (las escenas con la policía o el atiborramiento de golpes y heridas, por ejemplo) y pierde intensidad en su insistencia. El personaje que desencadena el mal está sujeto a unos subrayados que bordean la caricatura y falta serenidad y sobra crispación en momentos álgidos de tensión y retorcimiento argumental.  ‘A l’intérieur’ apostaba por manejar sus excesos gore, en la línea de ‘Martyrs’. El duelo femenino y la utilización del sonido son las bazas con las que juega el cineasta de ‘Reflejos’ y ‘Secuestrados’. Los golpes de efecto sonoro constituyen el recurso más manipulado y manipulador pero, a su vez, se postulan como el lenguaje más eficaz para generar pánico. El resto es un ejercicio de violencia, entre el morbo y lo descarnado, que revela más ensañamiento que sutilidad. Vivas parece más preocupado por fijar la textura y la factura formal de la producción, en este sentido intachable, que por implicar al espectador en ese bucle de situaciones finalistas. El filme se regodea y deleita tanto en la angustia que acaba por ser maliciosamente complaciente. El uso y abuso de los giros argumentales acaba por desquiciar y crispar. El terror, al fondo, grita su ausencia.

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Tela de tribulaciones
Guillermo Balbona 31-07-2017 | 1:21 | 0

Spider-man.

Homecoming. 2017 133 min. EE UU.

Director: Jon Watts.

Guión: John Francis Daley, Jonathan Goldstein, Christopher Ford, Chris McKenna, Watts, Erik Sommers.

Música. Michael Giacchino.

Fotografía: Salvatore Totino.

Reparto: Tom Holland,  Robert Downey Jr.,  Michael Keaton, Marisa Tomei,  Jacob Batalon, Zendaya,  Jon Favreau.

Género: Fantástico

Salas: Cinesa y Peñacastillo.

Para los débiles del reboot, los escépticos de franquicia e inadaptados a las sagas hay que decirles que en este Spider-Man adolescente y desenfadado, pero sin desprenderse de la tela de araña de los blookbuster, habita Marisa Tomei y eso son palabras mayores. La actriz deja esa huella de extrañeza sobre la textura de una película en la que parece una invitada fuera de campo. Lo demás ya nos lo sabemos: clímax, situaciones límite, combates a ver quien tiene más largo el superpoder y ese ritmo de haber subido a la montaña rusa sin saber cuándo se detendrá. Pero este Peter Parker, al menos en su primera hora, desprende el encanto de la iniciación y las tribulaciones del joven que, como buen adolescente, se interroga por sus señas de identidad con ingenua insistencia y distancia. Es un Spider-man de ‘insti’ y de barrio, de baile de graduación y de cuadrilla de listillos. El filme transmite cierto perfume ochentero y su mejor baza es ese aire de complicidad y aroma desacomplejado, de no darse importancia, de jovialidad y de presencia alada que teje sus formas de tebeo pop, lúdico y descarado, exento de zonas oscuras. Jon Watts se monta unas cuantas situaciones atractivas alrededor de esta mezcla de acné, araña maternal, enemigo muy terrenal y vínculos afectivos y generacionales. El contraste entre Tom Holland (el joven del tsunami de ‘Lo imposible’) que aporta luminosidad y desafía a la ley de la gravedad trascendental de la retórica mainstream, y un villano con mucha clase, Michael Keaton (que parece seguir en el ‘Birdman’ de Iñárritu), funciona con eficacia a la hora de ironizar sobre el duelo entre la fantasía y el materialismo. Y como calificación notable destaca el cuidado de los secundarios que descargan de adrenalina empaquetada a la superproducción normalmente atorada y poco arriesgada. Los adolescentes colegas, la presencia de Jon Favreau y Robert Downey Jr. ayudan a potenciar ese sello más personal del cineasta de ‘Coche policial’ y ‘Clown’. El resto es deja vu. Ligera y desinhibida en su carta de presentación se deja atrapar por esa pegajosa insistencia en la batalla final más espectacular que aburre por insistencia y narcotiza por reiteración, aunque los escenarios se antojen insólitos y enrevesados. El metalenguaje también es una isla irónica entre la ruidosa parafernalia. Parker rueda su propia película, los chistes sobre la Marvel se suceden y esa carrera de aspirante becario a formar parte de Los Vengadores tiene su coña. No obstante el filme-emprendedor exhibe su escaparate colorista en ese hombre-araña/adolescente enamoradizo (que es lo mismo) colgado de su doble incertidumbre: la del amor pendiente y la de no saber quién es.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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