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El infierno sí ocupa lugar
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Guillermo Balbona | 26-07-2017 | 10:03

Dunkerque

Dunkirk 2017 107 min. Estados Unidos.

Director y guion: Christopher Nolan.

Música: Hans Zimmer. Fotografía: Hoyte Van Hoytema.

Reparto: Fionn Whitehead,  Mark Rylance, Kenneth Branagh, Tom Hardy,  Cillian Murphy,  Harry Styles.

Género: Bélico

Salas: Cinesa y Peñacastillo

Este silencioso estruendo levantado sobre la entraña de la guerra se abre con una lluvia de octavillas y se cierra en el desmayo de un vuelo silente. Tierra, mar y aire, lo telúrico y lo alado enmarcan y envuelven su rotundo, contundente y casi aséptico descenso a los infiernos. En realidad es un relato sencillo: la lucha por la supervivencia en estado puro. Christopher Nolan no magnifica. Su filme carece de épica y ardor guerrero. No hay soflamas, está exento de intencionalidad política y toda connotación panfletaria o declaratoria permanece fuera de campo. Minimalista, en el sentido de que elude distracciones, giros y retóricas, ‘Dunkerque’ está construida de manera admirable sobre la facilidad de morir, la ausencia de puntos de fuga y la descripción de las mil formas que contiene la guerra para adentrarse en el horror. Claustrofóbica, diáfana, volcánica, el sonido es tan protagonista como la destreza visual. Escuchamos la banda sonora bélica: Zimmer sí, pero sobre todo ese susurro seco de una bala azarosa, la explosión desgarrada de una bomba que desciende con su inevitabilidad mortal, el cuerpo que cae a pocos centímetros y ese abrazo colectivo e invisible del individuo que primero es persona, de pronto es una masa uniforme y, al segundo, es tan solo carne quemada. Al cineasta de ‘Memento’ no le interesa la reconstrucción fiel del hecho histórico, sino esa sensación finalista de lo bélico, esa carrera asfixiante de fuego, agua y aire que parece arropar al hombre, mientras se empeña desamparado en adentrarse en una violenta huida hacia adelante. Como en una cinta de terror, la sombra de muerte es el fragmento y el todo de esta mirada bélica diferente. Es sórdida, fría en ocasiones, encendida pero no sujeta a discurso. Hay algo del Kubrick de ‘Senderos de gloria’. Sin embargo Nolan está mucho más cerca de las grandes obras del cine silente. Con escasos diálogos, epidérmica, que no superficial, visualmente grandiosa, que no monumental, ‘Dunkerque’ permanece fiel a los ejercicios de estilo del cineasta de ‘Origen’, aunque se revela menos afectada que algunos de sus fuegos de artificio. Rebosante de talento y medios, Nolan elude que un actor pueda acaparar el punto de vista y la empatía. El horror, el bucle de fuego y muerte es la estrella y la constelación de un filme que es un estado sensorial de ese ‘cul de sac’, que es la guerra. En espiral, alternando los tres escenarios, tierra, mar y aire, genera un filme caracol que se enreda en ese cuello de botella que es el tiempo, el gran truco del Nolan cineasta. Un mes, una semana, una hora…La destreza y el asombro se ratifican en la capacidad del cineasta de ‘Interstellar’ para generar solapadas situaciones límites en montaje paralelo que propician instantes sutiles, hallazgos y recreaciones. Una sucesión de auténticos golpes bajos sin grandilocuencia ni discursos. Un filme experiencia de sudor, sangre, petróleo y ruido. La angustia, el miedo, la supervivencia conforman la ecuación de esta obra nada cifrada que eleva la solidaridad anónima. Una inmersión en un escenario acotado en tiempo /espacio (la playa, el cielo, el refugio fugaz y endeble) que en realidad es un no lugar, esa incursión impresionista, brutal y radical sobre la piel del infierno. Vértigo, vacío, dolor. Una obra coherente, inteligente, muchas veces sublime, que vuela en línea recta sobre la inasible frontera entre la vida y la muerte

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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