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Fecha: July 5, 2017
El amor como arma letal
Guillermo Balbona 05-07-2017 | 11:34 | 0

Wonder woman

2017 141 min. Estados Unidos. Director: Patty Jenkins.

Guion: Allan Heinberg
Música: Rupert Gregson-Williams.

Fotografía: Matthew Jensen.

Reparto: Gal Gadot,  Chris Pine,  Robin Wright,  Connie Nielsen, David Thewlis,  Dan

Esquemática, sin complejos, con aire retro de mirada primaria y valiente, cuando tiene que elegir entre algunas servidumbres del blockbuster y la recuperación de la aventura y su sentido vital, gana la segunda. ‘Wonder woman’ es una viñeta, un cromo coherente, lúdico y lúcido, que no se engaña a sí mismo y que aprovecha su viaje entre los mitos y la realidad, entre las geografías de la ficción, entre lenguajes y géneros con naturalidad asombrosa. En el filme de Patti Jenkins la mirada de mujer es rotunda, y tras ella caben los universos de superhéroes, el cómic, el espíritu de las franquicias (ya se prepara Wonder woman 2) y ese aire de bucle hiperconcentrado como un turbogenerador de mercadotecnia. Aquí no aflora el artificio de otras ocasiones, la gastada y cansina mirada, aunque sí aparece contaminada por un exceso de metraje, de subrayados de banda sonora y ruidoso combate final, con inevitable cámara lenta, y en busca del éxtasis de lo espectacular. No obstante, del arranque en la isla de las Amazonas, con ese paisaje mitológico de mujeres de leyenda, a la presencia omnipresente de Gal Gadot, una excelente elección, todo rezuma sencillez, declaración de ligereza, que no frivolidad, y divertimento. Lo kistch y lo clásico conviven en esta celebración de héroes accidentales, heroínas con mucha clase y perdedores dispuesto a inmolarse. Hay civilización y barbarie a ritmo de psicodelia, efervescencia y canibalismo de géneros e iconos, pasados por el cedazo de un feminismo y de una mirada femenina que desnudan los convencionalismos y los lugares comunes. Hay reivindicación sin caer en el panfleto, épica y sofisticación pero sin amaneramientos o retórica fácil. Su sencillez radica en que siempre antepone el entretenimiento a posibles alternativas pretenciosas. Hay bullicio, frescura, humor y cierto encanto. Exuda nobleza y eficacia. El sello del productor Zack Snyder, la franquicia de DC inaugurada con ‘Batman v. Superman: El amanecer de la justicia’, está detrás. Pero la mezcla entre caricatura y romanticismo, pintura y efecto digital, intimismo y exaltación de barraca destila pasajes interesantes. Pero frente a símbolos, excesos y texturas efectistas, el filme apuesta por el amor como fuerza invencible frente a la hora de la muerte. Patty Jenkins logra equilibrios entre la psicológica y la física y prima la honestidad al pasar de la luz de la primera parte del filme al lado oscuro de la segunda. El descuido principal viene del poco tacto y hondura que tienen los ‘malos’ de la sesión, como sucedía bajo la espectacularidad de ‘Titanic’, pero ‘Wonder woman’ consigue paliar el déficit con un elogio de la historieta y una limpieza de lo intrépido. Su vocabulario repasa sin gravedad las primeras lecciones de la evasión.

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Un monstruo global viene a verte
Guillermo Balbona 05-07-2017 | 11:32 | 0

Colossal

EE UU 2016. 109 m. (7). Ciencia ficción.

Dirección y guion: Nacho Vigalondo. Música: Bear McCreary.

Fotografía: Eric Kress

Intérpretes: Anne Hathaway,  Dan Stevens, Jason Sudeikis y Austin Stowell.

Salas: Groucho

Lo íntimo y lo global, lo fugaz y lo perdurable, lo pequeño y lo sobredimensionado. La definición del efecto mariposa podría valer para internet. Nacho Vigalondo remueve los recuerdos que quizás son de su Cabezón natal y genera un monstruo al otro lado del mundo. ‘Colossal’ juega con lo diminuto y lo grande (uno contiene al otro) y los intercambia como figuras simbólicas de un sudoku con mujer dentro.  El cineasta de ‘Los cronocrímenes’, con las ideas muy claras, ha levantado esta vez con mayor serenidad, madurez y proyección, un artefacto que a veces deja ver las costuras del artificio y otras revela destellos de gran cineasta que maneja lo esencial del cine: ilusión, ilusionismo y mirada sobre el mundo. En ‘Colossal’ lo que no se ve (el delirio jugando con registros y géneros), es tan importante como lo que se ve (de nuevo las pantallas como eje de muchas situaciones). Vigalondo deja un amplio margen no tanto a la imaginación del espectador, que también, como a su sombra partícipe de ese otro lado del espejo al que apela su película en muchas ocasiones. Es una cinta de catastróficas intimidades y de sentimientos que se vuelven catástrofes inevitables y hasta necesarias. Su virtud reside en su alocada originalidad y su defecto absolutamente ‘vigalondiano’ estriba en recrearse en esa sensación de dominio transgresor, de fronteras cruzadas aquí y allá, muchas veces de manera fallida y otras innecesaria. Pero el complejo emocional, el territorio de inquietudes que traza ‘Colossal’ desborda esa barroca manera de contruir el fantástico, tan personal como lúcida a la hora de trascender los recuerdos, las querencias, los temores y los objetos más personales. El filme atrae y repele, desconcierta y sorprende. Su tramo final posee un magnetismo y una energía que se antoja el inicio de otra película a punto de inaugurar un nuevo relato. «El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo». Es curioso y paradójico pero mientras el cineasta cántabro es obsesivamente mediático y muy buen conocedor de las aristas y recovecos de la comunicación, sus películas no parecen preocupadas por el espectador, por el otro que mira. Hay algo libertario en la atmósfera y, al tiempo, nudos que se atan y desatan en torno a eso que llamamos estilo. La pregunta es si ‘Colossal’ sería la misma de  no estar omnipresente una maravillosa y encantadora Anne Hathaway (Gloria). Ella es un hermoso monstruo, alcohólica y dependiente de hombres, que busca su lugar en la vuelta a casa, y del otro lado dos kaijus (criaturas orientales) se pegan en Seúl en busca de la destrucción. Amarga comedia antirromántica, ‘Colossal’ es un carrusel, un tiovivo que muestra los fragmentos de nuestros traumas más íntimos. Nada más monstruoso, parece decirnos, que el fracaso. Vigalondo parte de la extrañeza, pasa por la extravagancia y exprime la diferencia. A Gloria dan ganas de abrazarla aunque ya sepamos que el monstruo habita en nosotros.

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Más sopa que ganso
Guillermo Balbona 05-07-2017 | 11:31 | 0

Gru 3. mi villano favorito

Despicable Me 3 2017 90 min. Estados Unidos.

Directores: Kyle Balda,  Pierre Coffin,  Eric Guillon.

Guion: Ken Daurio, Cinco Paul. Música: Heitor Pereira.

Género: Animación. Comedia. Salas: Cinesa y Peñaastillo

Muchos tropiezos, mestizaje mal resuelto y cinefilia asumida, más como coartada que como guiño ingenioso y cómplice. Hay más sopa que ganso en ‘Gru 3’. El personaje de la saga y el spin off de ‘Los Minions’ no conviven con la armonía de sabores que se le presupone a una animación deudora de muchas salsas, irreverente y ácida a menudo. ‘Mi villano favorito’ arranca con ritmo, ganas de provocación, coreografía y una cháchara entonada, confundida o solapada con la acción, que parece anticipar el homenaje a los Marx que se plasmará después al ambientar parte de la trama en el reino de Freedonia, allí donde los geniales hermanos situaron su ‘Sopa de ganso’. Pero el filme, recreándose en lo acomodaticio de una saga exitosa, no arriesga ni levanta el vuelo. Acaparador en su punto de vista, disperso en su ficción, nunca logra conjugar sus tres tramas entrecruzadas ni por su desigual nivel de atención ni por lo que cuenta. Cuando los Minions, aquí con menor protagonismo, toman el mando, la cinta cobra locura y parece abierta a lo inesperado. El resto, entre el sentimentalismo y una especie de misión imposible entre globos de chicle y desestructuración familiar resulta pegajoso e hinchado. La carga de profundidad contra la fama fugaz y superficial, contra la televisión y sus programas salpica pero de manera ligera un argumento fragmentado e irregular que se acerca a tres cortometrajes adheridos sin demasiado tino. Cabe también cierta vocación de videoclip ochentero con bailes simpáticos pero que solo provocan ruptura en la acción. Como si los tres cineastas y dos guionistas no se hubieran atrevido a montar su particular musical con Minions, Gru y compañía. El subrayado familiar, las tres niñas y el gemelo desconocido, ahogan la espontaneidad, los homenajes en carteles y gags sobre buena parte de la comedia clásica, y el aire festivo y de celebración que desprenden los Minions queda acogotado por esa maternidad y apelación a la unidad de la familia unida jamás será vencida. No hay clímax y esa libertad creativa que transpira la saga se mantiene como un testigo vigilante del espíritu pero no impregna una aventura que son otras muchas. Ni que decir tiene que el filme, que transcurre entre estancias palaciegas y habitaciones, y cielos e infiernos de la acción más disparatada, abre y cierra puertas a otras posibles secuelas con tanto ímpetu y decisión como desaprovecha la figura del villano ochentero. Y, mientras, los Minions a lo suyo: estorbándose, mascullando, compitiendo en travesuras y dejando huellas de cierto surrealismo amarillo aún no explotado del todo. Hay una corriente de inercia, de dejarse llevar, de conformismo que atraviesa la comedia que acaba en previsible ñoñería. El latigazo inicial, el aire de ‘El guateque’ de Blake Edwards y los cambios de escenarios apenas son más que un leve espejismo donde el verdadero villano parece un extraño invitado de última hora.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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