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Fecha: May 15, 2017
Una wagneriana rebelión
Guillermo Balbona 15-05-2017 | 8:59 | 0

Alien: covenant

EE UU. 2017.  123 min (12). Ciencia Ficción.

Director: Ridley Scott.

Intérpretes: Katherine Waterston, Michael Fassbender y Demián Bichir.

Cinesa y Peñacastillo

Es un ‘Alien’ operístico, grandilocuente, manierista, que curiosamente se muestra más atractivo en el exceso. Tiene más de inteligencia artificial, de HAL, el ordenador de ‘2001’, que del ‘octavo pasajero’. Más de apocalíptico que de integrado. ‘Covenant’ es el nuevo metro-bus de este viaje interestelar que nació en una monstruosa figura, en una de las grandes y más intensas creaciones del terror moderno, y concluye de momento en un wagneriano desfile de mutantes, tan viscoso y sangriento como estilizado. Se diría que Ridley Scott, además de practicar el onanismo cinematográfico en un intento de volver a mostrarse estéticamente a sí mismo, ha buscado en este regreso con más polizones que pasajeros, un producto que  busca contentar a todos: puristas, advenedizos, exigentes y fieles. Y en gran parte lo consigue. Aunque es cierto que el equilibrio en la desmesura, que las imágenes opuestas entre el intimismo y lo grandilocuente no siempre funcionan, ‘Alien Covenant’ es un ejercicio visual impecable, elegante, deslumbrante en muchas ocasiones (caso de ese poderoso combate sobre la cubierta  de la nave entre la nueva Ripley y el viscoso e inteligente alien). Y luego el director de ‘Thelma y Louise’ saca su vena de artesano para construir y avanzar sobre la eficacia de una historia habitada por una Pompeya apocalíptica, por mensajes de dioses y monstruos, y una constante invitación a rebelarse. Desde la nitidez expresiva a la conjunción de factores que marcan esta aventura casi existencial, todo en ‘Covenant’ revela al parásito creador que el cineasta lleva dentro. Unas veces aflora con forma de apasionada serie B y en otras como una estilizada manifiestación de franquicia. Todo en esta vuelta de tuerca fundacional, con ‘Prometheus’ al fondo, es dual, doble, géminis, de tal modo que el espectador se mueve entre paralelismos y duelos (de pareja, de poder, de recuerdos, de semejanzas, de complicidades…). Lo sofisticado y lo pulp conviven y dialogan como un fructífero espejo donde vemos el reflejo de esa obra maestra que es el octavo pasajero, y recogemos los fragmentos icónicos del crecimiento de esta pseudosaga. El diseño de los escenarios, abiertos o angostos,  como es norma en el director de ‘Los duelistas’, son impresionantes: desde esa isla apocalíptica e imperial  en medio del espacio a los pasillos de la nave que han generado una de las zonas de terror más icónicas de la historia del cine. Scott reinventa ‘Alien’ para que todo siga igual. Se mimetiza en sus raíces, recoge restos de quienes se atrevieron con las secuelas y exprime toda la parafernalia alien hasta generar un campo minado por la pesadilla, las sombras, el horror, el vértigo de la ciencia ficción, lo inalcanzable y todo ello envuelto en una partitura visual interminable entre citas y nombres. Ahora todo es menos sucio. Lo aséptico y digital, lo inteligente artificial toma el mando. Pero Scott como un compositor, un fantasma de la ópera, interpreta la tensión y protagoniza un recital de nervio desbordante  aunque disfrace todo de un enredo científico, ético y reflexivo. En un estado intermedio, ‘Covenant’ lanza guiños androides, sueña con aliens eléctricos, y respira fuera de la nave con idéntica destreza pero a distancia del espíritu original. La fisicidad total del horror invisible o esa sombra viscosa sobre la espalda…Uno echa de menos Nostromo quizás porque como decía Byron «el objeto de nuestra existencia está en las sensaciones».

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A falta de cuadratura
Guillermo Balbona 15-05-2017 | 8:56 | 0

El círculo

EE UU. 2017. 110 m. (7). Ciencia Ficción.

Director: James Ponsoldt.

Música: Danny Elfman.

Fotografía: Matthew Libatique.

Intérpretes: Emma Watson, Tom Hanks,  John Boyega,  Karen Gillan y Bill Paxton.

Cinesa y Peñacastillo

Drones son amores. Visionar ‘El círculo’ en la semana que ha acontecido el ciberataque es como echar una siestecita después de hibernar. Parábola distópica, pero con connotaciones que no suenan nada lejanas, esta cinta retrata un bucle de red de redes, a modo de padre mayúsculo y mayestático del ‘gran hermano’. El punto de partida del filme de James Ponsoldt es atractivo: la conversión progresiva de la gran Red en una secta global donde la intimidad, la privacidad, los secretos, los pequeños gabinetes personales están amenazados o dejan de existir. Vaya, nada que no esté pasando a pequeña escala o que no imaginemos en cualquier pesadilla de andar por casa. Pero al director de ‘Tocando fondo’ este rizo cibernético, de multicámaras y multiplicación de ojos le supera. Su punto de vista ni acompaña en intensidad y pulso a la hipérbole globalizadora que retrata, ni logra transmitir ese estado creciente de amenaza que se cuela entre los entresijos del sistema. En ‘El círculo’, a falta de cuadratura en la dirección, solo hay una luz que alumbre posibilidades de vida a la historia: la actriz Emma Watson. Mientras la película discurre fría y online, entre diálogos sonrojantes y actuaciones chirriantes, ella es la verdadera voz global que da algo de sentido a esta distopía ilustrativa sobre la conversión de internet en un monstruo digital que promete ‘un mundo feliz’. Es tan burdo e irritante su discurso que acaba por mutar la posible advertencia o denuncia inicial en un sermón reaccionario. La serie ‘Black Mirror’ podría dar muchas lecciones a esta inmersión en lo oscuro sin tensión ni suspense. El  filme se mira en pantalla su ombligo mientras se va diluyendo su carga política, su trasfondo de control terrorífico. Para presentar a las redes sociales como un campo minado y organizado para atrapar cualquier forma de libre albedrío hace falta mucho más que enunciar una declaración, con mucha verborrea, eso sí, de ciencia ficción comprometida. Peter Weir ya consiguió con talento y lucidez firmar en ‘El show de Truman’ –ya han pasado veinte años- un retrato social donde la tecnología es dios. A ‘El círculo’ le falta atrevimiento, osadía y cuando da un paso decidido parece algo viejuno y superado. Los ojos de la actriz soportan el peso como si ella fuese la madre de todas las cámaras, y Tom Hanks al fondo se prodiga poco en pantalla, algo de lo que también se resiente la ficción. El combate vivo de transparencia u opacidad es el verdadero tour de force político y discursivo que subyace en esta apuesta tímida que nunca baja al barro a foguearse con los miedos sociales y los límites. El Estado usurpado por una empresa, más que a amenaza, suena ya a realidad consumada, y el filme deja desmayada toda la carga de denuncia de la novela de Dave Eggers (pese a que participa en la adaptación) sobre la comunidad virtual engarzada y sometida a un nuevo totalitarismo. Como thriller no funciona y como espejo futurista de una sociedad conspiranoica se queda tan corta que al final parece un comercial de drones.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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