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Fecha: May 2, 2017
Atracón imperfecto
Guillermo Balbona 02-05-2017 | 9:39 | 0

Plan de fuga

España. 2017. 115 min. Acción. Thriller.

Director: Iñaki Dorronsoro.

Intérpretes: Luis Tosar, Javier Gutiérrez,  Alain Hernández y Alba Galocha.

Salas: Cinesa y Peñacastillo.

En su apariencia y envoltorio la piel y la carne de este pulso de personajes al límite, enmarcado en una de policías y ladrones, despertaba grandes expectativas. Pero la acumulación solapada de elementos en una especie de sopa noir, realismo urbano y trasfondo de enredo económico cae en la dispersión, la confusión y la superficialidad. Hay una pátina negra, de género, bien armada en los factores estéticos y narrativos al uso, pero ‘Plan de fuga’ es un atracón imperfecto de tópicos fundamentados en la indefinición de lo que se quiere contar realmente. Al filme de Iñaki Dorronsoro, su segunda película tras una nada desdeñable ópera prima, ‘La distancia’, le pierde esa diluida desazón de no saber muy bien qué hacer con un guión que toca muchos palos y no se queda en ninguno; y le salvan sus actores por una excelente dirección de intérpretes, muchos de los cuales, pese a lo irregular de la historia, consiguen superar los agujeros negros. Inspectores, confidentes, infiltrados y tramas turbias conviven en una marea negra donde la supervivencia, el desamor –las subtramas de pareja son las que más chirrían- y el juego de poder y dominación entrelazan a las criaturas de esta mezcla de thriller que ni consigue ser social, hacia donde apunta en ocasiones, ni noir del todo pese a su declarado amor por el género, desde la envolvente banda sonora de Pascal Gaigne a la fotografía de Sergi Vilanova. Sobrepasada de metraje y dando varios bandazos, ‘Plan de fuga’ nunca conecta su atmósfera con el ritmo y el discurso de los hechos. Los personajes parecen huérfanos que tan pronto adquieren consistencia como desaparecen en esa continua disrupción de mafias visibles e invisibles que recorren los meandros de una trama imposible. Con sus respetables devociones y su guiños particulares Dorronsoro está muy cerca del cine fórmula, entre lo trillado y las trampas. Alain Hernández, muy sobrio, y Javier Gutiérrez, imponente como siempre, se comen el filme. Muy lejos de ese thriller social que ha dado sus buenos frutos en el cine español más reciente, de ‘Cien años de perdón’ a ‘Tarde para la ira’, la cinta desaprovecha algunos escenarios, rueda otros con el piloto automático puesto, e incluso transiciones como de la Madrid a Bilbao resultan gratuitas y globalizadas y no imprimen ninguna ilustración personal a la ficción. El juego de amistades peligrosas, fraternales y traiciones que subyace a cada paso apenas deja un poso emocional en su intento de servir de argamasa a todas las historias cruzadas. Demasiada figura de cera y mucho fondo acartonado impiden que la película vuele con esas alas aparentemente resistentes pero cortadas por un incoherente pastiche de miradas gastadas y mal asimiladas. Pésima y pesada digestión para tal atracón de imperfecciones, eso sí, muy negras.

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híbrido heterodoxo
Guillermo Balbona 02-05-2017 | 9:38 | 0

Guardianes de la galaxia. vol2

Estados Unidos. 2017. 137 min (TP). Ciencia Ficción.

Director: James Gunn.

Intérpretes: Chris Pratt,  Zoe Saldana,  Dave Bautista y Bradley Cooper.

Salas: Cinesa y Peñacastillo.

 

En este lado del espacio hay muchas familias desestructuradas y periféricas. Marginados y outsiders, integrados, los menos, y muchos apocalípticos. Lo de la saga estaba claro desde el momento en que, de forma clara y justa, la historia de esta pandilla basura con vocación accidental de arreglar el mundo logró instalarse en el imaginario del espectador, también del exigente. Al inicio de esta nada desdeñable aunque más irregular segunda entrega de los ‘Guardianes de la galaxia’, una conversación banal y sin intención esconde sin embargo la definición de esta aventura: su identidad como híbrido poco ortodoxo. Juguetona, irónica, en este caso ya casi autoparódica, se apropia con gracia de destellos galácticos y fantásticos ajenos, escarba en las minas del género y se reinventa como si no se diese importancia. Entre la caricatura controlada, la picaresca, el lado cachondo y un agitado combinado de nostalgia terrícola, búsqueda del padre y música como personaje, este volumen 2 suena a tope con varias pistas y tonos. James Gunn, su cineasta, se postula marginal y a veces ácrata y firma un delirante cosmos cómico con un planeta llamado ego con el rostro de Kurt Russell; una metáfora humanista y celestial que podría servir de base a alguna nueva formación política en cualquier democracia del cielo político y una equilibrada oferta de aventura, acción, batalla cosmogónica y extraterrestre y parada de monstruos del espacio. Este grano en el culo de la Marvel está lleno de pus creativo. Desde su arranque –un baile a modo de preludio mientras la madre de todas las batallas transcurre al fondo como decorado– deja claro que al director y los suyos no les interesa la hoja de ruta oficial del sello original, y sí buscar un camino propio en el que caben tanto alegorías telúricas como conflictos fraternales exprimidos hasta lo más grave o la risotada. La cultura popular, las referencias de culto, el guiño, los cameos y una coreografía jubilosa y vitalista imprimen solidez a la apuesta. Aquí cabe tanto una ilustración que podría haber formado parte de una portada descartada de un disco de Emerson, Lake & Palmer, como un panegírico sobre David Hasselhoff  y su coche fantástico. Salvo algunos ligeros baches de ritmo –no siempre el insistente soporte paternofilial funciona- lo cierto es que la segunda incursión de estos simpáticos guardianes, con ánimo veces de multarse a sí mismos, mantiene el tipo funcional de su aparición. Entre cierto malditismo cachondo festivo y lo de irrespetuosa menos consigo misma (esa es la parte mala) la segunda del serial solo se pone oficialista y ortodoxa cuando concede demasiada presencia a esas interminables batallas épicas que forman parte del canon de género y de taquilla. El resto es una deliciosa locura entre Sam Cooke y Cat Stevens, entre sacrilegios, postureo de serie B, modelos kitsch y un desfile de nostalgia de los setenta y ochenta hasta componer una sinfonía del entretenimiento demasiado pegada a su entrega madre pero fiel al espíritu con el que nació: un universo paralelo de superhéroes a su pesar que arrastran sus traumas y su informalidad con elegante saber estar e ingenuidad. Entre la psicodelia y una reunión de desclasados anónimos.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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