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Fecha: April 3, 2017
Reino documental
Guillermo Balbona 03-04-2017 | 8:38 | 0

Cantábrico: los dominios del oso pardo

España. 2017. (TP). Documental.

Director, fotografía y guion: Joaquín Gutiérrez Acha.

Música: Pablo Martín Caminero.

Género: Documental. Cinesa y Peñacastillo.

Un sapo se pone farruco, hincha su cuerpo y planta cara a una culebra. Hay plantas carnívoras, sí, también. Y vemos desovar, cazar y morir. Asoman estrategias de acoso y derribo, rituales de amor y sexo y combates por el espacio mucho más sutiles que los debates parlamentarios. ‘Cantábrico’ es genérico para todo. Es la naturaleza y el documental en estado puro. No hay trampantojo a la vista pero tampoco la engorda. El efectismo lo pone la grandeza de la vida animal en su mayoría. Y el paso de las estaciones es el recurso que vertebra la narración con la voz en off. Es, por supuesto, un filme atractivo pero conservador. No hay riesgos. El hombre es una anécdota y aparece en apenas unos fotogramas como un intruso accidental (junto a las abejas o en alguna tarea en el campo). Los mayores protagonistas son los lobos y los osos que marcan territorios y revelan sus sentidos para proteger a los suyos. El director y naturalista Joaquín Gutiérrez Acha, como en ‘Guadalquivir’ (antes ya se adentró en el lince ibérico y en la lucha contra el fuego) traza un hermoso álbum que no necesita más preciosismo y esteticismo que el que desprenden las imágenes de los animales en exposición ni más caducidad que la curiosidad de cada uno. En este sentido, la potencia visual, la elocuencia de lo salvaje y la intensidad de lo invisible, la miniatura de la larva y los insectos o el instinto de supervivencia dejan muchas notas imprescindibles a pie de fotograma. Es más un documental escaparate, que funciona por acumulación, incluso algo reiterativo, que una creación informativa o narrativa. Por ejemplo su arranque con el guiño al Paleolítico, la prehistoria y las raíces se antoja un tanto caprichoso para luego pasar con brusquedad al reino animal a través de una voz en off a veces cansina y retórica, muchas veces irónica pero prescindible. El deja vu está más bien en lo que se busca remarcar que en las imágenes. Y la fuerza de la naturaleza se impone a los subrayados de la voz. Dado que hay más exhibición que didactismo no sería una prueba superflua visionar ‘Cantábrico’ sin más sonido que el que brota del entorno, del ecosistema y de la propia especie retratada. En los momentos en que se opta por esta mirada más pura el documental gana en revelaciones. Entre imágenes con cámara de lata velocidad, time-lapse y drones se equilibra y enmudece todo cuando la cámara se detiene, por ejemplo, en los mirlos que cruzan una cascada o captura ese thriller salvaje con suspense de la manada de lobos acechando a un ciervo. La fauna y sus códigos se alían con la exquisita fotografía para plasmar los mejores momentos de este mosaico hermoso, siempre interesante, para devolver nuestra mirada contaminada a terrenos minimalistas o panorámicas donde uno puede recrearse tanto en la grandeza de lo pequeño como en el sutil detalle de una escena expansiva y aparentemente inabarcable. ¿Hay aportación especial a un género que remite sin duda a ‘El hombre y la tierra’ o a los documentales de La 2? La respuesta reside en el protagonismo de la belleza que aplaca cualquier debate. El filme es una ventana abierta y mirar a través de ella es el mayor triunfo.

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Guillermo Balbona 03-04-2017 | 8:37 | 0

Ghost in the shell

EE UU. 2017. 120 m. (16). Ciencia Ficción.

Director: Rupert Sanders.

Intérpretes: Scarlett Johansson,  Michael Pitt,  Juliette Binoche,  Michael Wincott,  Pilou Asbæk y Takeshi Kitano.

Salas: Cinesa y Peñacastillo.

Su paradoja reside en que es un filme tan distópico como actual. El debate sobre los límites entre lo cibernético y lo humano, entre las funciones de los robots y de las personas y la reflexión sobre el verdadero poder de las máquinas subyace en ‘Ghost in the Shell’. Por otra parte, esta adaptación de un popular manga de ciencia ficción sobre un híbrido cyborg-humano femenino apunta maneras de cine de autor pero Rupert Sanders parece anteponer otras urgencias mainstream a una visualización que merecía un poso tras su espectacularización; abandonar la zona de confort digital en la que se instala quizá también por respeto a sus mayores. A medio camino entre ‘Nikita’, ‘El quinto elemento’ y ‘Blade Runner’, el cineasta de ‘Blancanieves y la leyenda del cazador’ resbala por la superficie de este aparatoso y algo reiterativo artefacto futurista que nunca logra eludir los tópicos. ‘Ghost in the shell’ (El alma de la máquina) muestra sus intenciones y maneras en un excelente arranque, tanto en ritmo como en sentido esteticista, amén de elevarse a través de un reparto sorprendente donde a la estrella Scarlett Johansson, suma el toque de exquisitez europea con Juliette Binoche y se marca un simpático guiño homenaje con la presencia del gran Takeshi Kitano. Hay que recordar que en lo del huevo y la gallina cibernética y fantástica primero fue el manga de Masamune Shirow, y después dejó su marca indeleble, en doble adaptación en formato anime, Mamoru Oshii, una de ellas considerada un pilar de la narrativa cinematográfica ‘cyberpunk’. Al margen de una serie televisiva en el camino, el salto mortal a Hollywood en imagen real parece haber arrastrado a la pantalla su propio simbolismo: el cuerpo sintético y el cerebro humano, es decir, el artificio y la verdad colisionando en imágenes. La frialdad emocional y el supuesto relámpago digital de algunos hallazgos de ambientación, acción y atmósfera nunca logran convivir en armónica conjugación. Todo es aparente, resultón, pero carente de garra. Sí resulta curiosa esta militancia de la actriz Scarlett Johansson en el terreno digital y en la cultura del cuerpo ( ‘Her’, ‘Lucy’ y ’Under the Skin’). La melancolía, la reflexión, incluso la vocación insinuada de convertir la fuente de la que emana ‘Ghost…’ en un filme noir son destellos favorables de la personalidad a la que apuntaba esta traslación mediática. Luego el drama al fondo fundado en la conciencia y la memoria del personaje (el futurista Frankenstein) –ese espíritu tras el metal–, y las reflexiones filosóficas se diluyen en el ciberespacio del blockbuster. Sus brillantes efectos especiales deslumbran la visión en lo oscuro que proponía ahondar en su poética de la identidad.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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