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Fecha: April, 2017
Mediocridad sin freno
Guillermo Balbona 28-04-2017 | 11:26 | 0

A fondo

Francia. 2017.  90 min (TP). Comedia.

Director: Nicolas Banamou.

Música: Maxime Desprez, Michael Tordjman.

Fotografía: Antoine Marteau.

Intérpretes: Andre Dussollier, José García y Florence Foresti.

Género: Comedia. Salas: Peñacastillo.

En  el mercado de la taquilla podría postularse como la versión ikea de ‘Fast & Furious’. Una sátira de brocha gorda y formato familiar donde la velocidad se confunde con el tocino. Por un lado, ‘A fondo’ asoma con trazo brusco y caricaturesco, a modo de jocoso retrato de ese espíritu de la familia unida jamás será vencida. Por otro, recobra con sal gruesa ese humor que conjuga el personaje torpe, las azarosas situaciones paralelas y la acumulación de supuestos gags. Pero esta aventura de autovía de humor de peaje con vehículo de gama alta y gracietas con escaso combustible resulta crispada y cansina, pese a su escasa hora y media de nerviosa y ascendente búsqueda de un retorcido tour de force. Comedia de mirada costumbrista, en la que se buscan tres pies al gato de las tecnologías aplicadas a lo cotidiano y se plantea un cruce de miradas generacionales, está muy lejos del universo de mesura y genialidad de Jacques Tati y, en el otro extremo, no encuentra  el sentido de la afinidad para reconocerse en la hilarante hipérbole de un Louis de Funès. El cineasta Nicolas Benamou, entre la coreografía del autoloco y el microcosmos familiar como arma de destrucción masiva, sitúa una serie de anécdotas solapadas que, demasiadas veces, compiten en vulgaridad y en forzado ingenio. Con el motor de la imaginación gripado no basta con sentarse en el asiento de la simpatía. Agitando el ojo clínico cinematográfico es como si el espectador hubiese mezclado en su cabeza ‘Speed’  y ‘Pequeña Miss Sunshine’ con la saga –esta sí francesa– de ‘Taxi’, para meter en un mismo monovolumen  a una serie de personajes mal perfilados e irritantes obligados a decir boberías y a realizar estúpidas demostraciones físicas. Ni los chistes ni los rizos de acción contribuyen a compensar esta himno de carretera donde a la liberté, égalité y fraternité se suma la velocité chovinista de un filme con gitano español incluido. Con gasolina televisiva (del filme se desprenden varias situaciones que darían para alimentar una sitcom a lo Modern Family con ruedas) el cineasta de ‘Se nos fue de las manos’, en su cuarto largometraje, busca lo aparatoso y alocado como colchón de una desatada comedia. Una road movie, casi de escenario único, nunca encuentra el tono, ni el espíritu, ni la acidez necesaria para que el espectador se suba a una montaña rusa inteligente y chillona de autopista con policías tontorrones, niños listillos y adultos aniñados. Este paseando a miss family, pese a que parece asfaltar el camino hacia el esperpento, no funciona finalmente ni como sátira costumbrista ni como película de acción con radiografía social tras la carrocería deslumbrante de la velocidad y la carrera a ninguna parte.

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Oxigéname
Guillermo Balbona 28-04-2017 | 11:25 | 0

Amar

2017 105 min España

Director: Esteban Crespo. Música:Adolfo Núñez.

Fotografía: Ángel Amorós.

Reparto: María Pedraza,  Pol Monen,  Natalia Tena,  Antonio Valero,  Gustavo Salmerón.

Drama romántico. Salas: Peñacastillo.

Sé que voy a quererte sin preguntas/ sé que vas a quererme sin respuestas», escribió Mario Benedetti. Un hermoso y sostenido primer plano, en el que dos rostros adolescentes piden respirarse, abre ‘Amar’. Esta ópera prima, que parte del riesgo y se mueve peligrosamente entre la indecisión convencional y el exceso, es el retrato de un primer gran amor, probablemente el único posible, que se construye entre interrogantes. El ‘soy tú’ preside este encuentro apasionado de dos criaturas cuyos espacios emocionales se expresan como vasos comunicantes en comunión y en colisión. El cineasta Esteban Crespo desarrolla lo que ya apuntó en sus cortometrajes profusamente premiados: una coreografía de encuentros de pareja con aire terminal como si cada cita fuese la última de lo vivido o la primera de lo por vivir. Desde esa inmersión inicial hasta los juegos sexuales, los límites impuestos o elegidos, o el entorno que poco aporta, todo en ‘Amar’ es un tenso abrazo huidizo, amor de barrio que se instala entre la asfixia y las máscaras de oxígeno, entre el espacio propio y el ajeno. A veces Crespo subraya demasiado su vocación de estilo y otras logra abonar un excelente territorio visual donde las elipsis, el fuera de campo, los detalles y el simbolismo (caso de la metáfora de los relojes) siembran un terreno minado, ya de por sí, por la nada complaciente historia de una pasión que, como tal, nunca puede posarse, solo explotar. En sus mejores momentos ‘Amar’ insinúa, trasciende lo obvio y afronta con talento esa delicada frontera entre abrazar y respirar entre pronombres, entre la pasión y la desgarradura. Gana el director del cortometraje ‘Aquel no era yo’ cuando es más Truffaut que Zulawski; cuando los amantes crean un ecosistema de vida en su intimidad entre interrogantes; y pierde cuando se empeña en ilustrar con hipérboles la desesperación como en la escena que discurre en el edificio oficial. La gran dirección de actores y un trabajo excelente de la pareja protagonista permiten elevar este amor juvenil con el trasfondo urbano de una Valencia exenta de tópicos. Todo es inmaduro e intenso, explosivo y, veces, también ridículo, pero cuando el filme es consciente de ese combate entre lo liviano y lo trascendente se eleva apoyado por unos actores magníficos. Un proyecto iniciático y dos cortos anteriores del cineasta se funden en este retrato que gana en la intimidad, se torna difuso en lo social y crece, aunque irregular, sobre los atractivos abrazos de una respiración que tan pronto salva como ahoga la supervivencia del amor.

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Más juicio que historia
Guillermo Balbona 21-04-2017 | 9:01 | 0

Negación

Reino Unido. 2016.  110 min (TP). Drama.

Director: Mick Jackson.

Intérpretes: Rachel Weisz,  Tom Wilkinson,  Timothy Spall,  Andrew Scott y  Caren Pistorius.

Salas: Cinesa y Peñacastillo.

En tiempos de estridencia, ruido y vueltas de tuerca, entre el eufemismo y la reverberación de la mentira, bueno es toparse con un filme sobrio y exento de esa espectacularidad que busca tapar los agujeros negros y la falta de talento. ‘Negación’, un pulso judicial con tensión y desfile de grandes interpretaciones, supera la estética de telefilme mediante una estrategia narrativa basada en un suspense histórico, en una encendida empatía y una elegante puesta en escena sin artificios ni decoración superflua. Mick Jackson que, a excepción de ‘El guardaespaldas’ y ‘Fuego sobre Bagdad’, ha desarrollado una trayectoria vinculada a la televisión, firma un drama judicial con caligrafía a veces claustrofóbica, otras convencional, pero sin caer en esa representación plana tan frecuente en los formatos ad hoc de películas de juicios, casi siempre herméticas. El duelo y la rivalidad en torno a quienes documentan el Holocausto y los negacionistas sistemáticos del horror del exterminio judío practicado por Hitler  en los hornos crematorios, es el fundamento que vertebra este juego dialéctico, más jurídico que histórico, en un intercambio de golpes bajos, estratégicas cruzadas, egos y competición entre bufetes, historiadores, falsificaciones y falacias, con el dolor al fondo. La ética, la pasión, lo visceral, la ley y la razón son los fragmentos y los totales de este catálogo de ideas y argumentos  expuesto también de manera fragmentaria procurando alternar el discurso académico, la fidelidad de los datos contrapuestos y algunas gotas de ecos emocionales. El escritor e historiador inglés David Irving , con escasa reputación, logró sin embargo provocar más que ruido al demandar ante la judicatura inglesa a la historiadora americana y judía Deborah Lipstadt por haber desacreditado sus libros sobre Hitler con difamaciones. La paradoja radica en que la demandada tenía que demostrar su inocencia de calumnia. El filme que se detiene a menudo, pero sin propagandas innecesarias sobre el odio antisemita, juega su mejor baza en el tono, en el trazo de suspense que impregna el discurrir de los gestos, atmósferas y detalles. Conocido el desenlance y la obviedad del genocidio, ‘Negación’ hace hincapié con atractiva intensidad en la forma en que los agentes judiciales mueven su ficha en la sombra o en el escaparate mediático. Un caso real, una escritura sostenida sin altibajos y  un duelo de toga y sinrazón, de lucidez y profesionalidad, de sentimientos y personalidad escenificado en los trabajos de  Timothy Spall y Tom Wilkinson. La película deja que los supervivientes de la Shoah sean una sombra emocional permanente e ilustra con contenida mirada una visita al campo de Auschwitz. El dramaturgo británico David Hare, autor del guion, evita los caminos enredados y de forma esquemática y eficaz nos obliga a enfrentarnos al espejo de la realidad. En el presente de la posverdad y otras mentiras disfrazadas este thriller judicial se antoja una transparente bofetada en la cara de la policía del pensamiento.

 

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Frío infierno
Guillermo Balbona 21-04-2017 | 8:53 | 0

Nieve negra

Argentina. 2017.  90 min (16).

Director: Martín Hodara.

Guión: Horada y Leonel D’Agostino.

Intérpretes: Ricardo Darín, Leonardo Sbaraglia,  Laia Costa,  Dolores Fonzi y  Federico Luppi. Coproducción Argentina-España.

Género; Thriller.

Salas: Cinesa

Arde el dolor caliente del pasado posándose sobre las cosas. Objetos, papeles escondidos, una casa. Pero también, y sobre todo, deudas, secretos, legados emocionales. En ‘Nieve negra’ todo está destinado para que la pira se encienda marcha atrás, pero el drama latente, el interior y el superficial, se queda en un frío infierno. El endeble guión, su inestable sustento, las redundancias innecesarias, el abuso de flashbacks desintegra esta mezcla de thriller psicológico y latido de sombras, sólo sostenido por unos intérpretes fantásticos que defienden con brío perfiles muy planos. Tragedia familiar muy afectada y subrayada, la cinta argentina desaprovecha la ecuación entre paisaje y conflicto en la que sitúa Martín Hodara su primera película como director en solitario tras su colaboración con Ricardo Darín en ‘La señal’. El pulso entre dos hermanos que se repelen y atraen en función de los acontecimientos que evocan, o tratan de disfrazar, es el eje convulso de una trama que busca la complicidad del simbolismo de la naturaleza con más ilustración que hondura: los lobos, el aislamiento, esa violencia profunda y de raíz, lo rural, lo opresivo y acotado de una vida salvaje. Con una excelente fotografía y la coartada de un paisaje como el de la Patagonia el juego de espejos que propone el cineasta entre pasado y presente, entre los hechos acontecidos más de treinta años atrás y el precio del tiempo, resulta muy forzado y con tempos muy desiguales. Tarda mucho Hodara en agitar la materia prima de la rivalidad, de la condena y la redención. Cuando la hace la esencia del dama resulta ya cansina, agotada. El cineasta abusa de las constantes miradas fragmentadas del pasado que diluyen las posibles emociones y desgastan los enigmas. Es verdad que al inicio hay transiciones integradas con elegancia, travellings y miradas que funden el ayer con el hoy entre espacios, estancias, escenarios y actos paralelos, complementarios o simétricos. Pero hasta ahí. El resto es una previsible acumulación de señales, gestos y actitudes que desmienten las tensiones y que solo encuentran cierta argamasa y coherencia en la entrega de Sbaraglia, Darín (pese a encarnar al personaje con más posibilidades pero menos recorrido) y Laia Costa. El veneno licuado por el tiempo que se inocula entre los fotogramas es enunciado pero nunca sentido. Conciencia y culpa asoman al fondo. Pero no hay intensidad y tampoco ayuda la aceleración forzada del tramo final que estrangula el clima y la gravedad trágica e intimista a la que los hechos apuntaban. Una pesadilla de poderosa enmarcación visual que pierde su esencia en un débil y frágil ecosistema criminal.

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Adulta ligereza
Guillermo Balbona 21-04-2017 | 8:51 | 0

Un golpe con estilo

EE UU. 2017.  96 min (7).

Director: Zach Braff.

Guion: Theodore Melfi.

Música: Rob Simonsen.Intérpretes: Michael Caine,  Morgan Freeman, Alan Arkin,  Joey King,  Matt Dillon,  Ann-Margret.

Género: Comedia. Salas: Peñacastillo.

Comedia ligera, muy ligera, entre el homenaje, la devoción y la ocurrencia, que tiene más de lúdico desfile geriátrico que de acumulación de talento. No se puede negar la simpatía innata, que no originalidad, a este artefacto con trío de estrellas estrelladas jugando a policías y ladrones. Aunque frivoliza su crítica social, da en el clavo a la hora de exponer de manera primaria los engaños, trampas y resortes abusivos del sistema, el económico, financiero, empresarial y bancario, que se suele ir de rositas mientras deja un reguero de cadáveres a su paso. Mucha clase hay reunida en el reparto de este desfile de la mal llamada tercera edad que construye una comedia amable entre guiños, diálogos poco afilados y esa sensación de que los intérpretes se lo han pasado mejor que los espectadores. Es verdad que ‘Un golpe de estilo’, tercera comedia del también actor Zach Braff, ironiza a la hora de mirar de frente a la vejez, la decadencia, lo terminal y lo socialmente enfermizo pero nunca compensa ni logra equilibrar su sucesión de chistes malos. Michael Caine, Morgan Freeman y Alan Arkin, juntos pero no revueltos, lo que hubiera dado más gracia al enredo, garantizaban a priori hora y media de algo con mayúsculas. Pero ni director ni guionista llegaron a esa lección. Desaprovechado el material y cerca del desastre, sólo se salvan alguna pizca de hilaridad, un desenlace que parece intentar corregir la nadería anterior, como si perteneciera a otra película, y alguna excepción que permite abandonar el asilo de tópicos y estereotipos que sustenta esta facilona fábula de quijotes anticapitalistas a la que le falta fuerza para asemejarse al cine de Capra y a la que le sobra su afectada complicidad con cualquiera de esos telefilmes de sobremesa. Una cinta graciosa con fecha de caducidad incorporada –y esto no es un chiste- que deja a un lado la premisa con la que nació: ese retrato de gente cabreada y que tanto necesita expresarse. El cineasta de ‘Algo en común’ pensado quizás más en el contento generalizado y en cierta taquilla se olvida de la acidez de fondo y convierte a los tres jubilados con escaso futuro en una historieta simpática, que avanza a golpe de gracietas. La dignidad la ponen tres actores /leyendas a los que les basta algún gesto y el saber estar para dotar de cierto empaque e impostura a la inexistente dirección. La adulta ligereza, casi coreográfica, que se filtra entre la azucarada parodia, es lo mejor de un filme que pide a gritos ser zarandeado por un ejercicio de madurez cómica. Tres actores mayores, grandes, muy grandes, logran cierta zona de confort nostálgica cuando abandona el curso del río que no lleva a ninguna parte y optan por asentarse en los meandros de la comedia que ellos mismos generan con su química. Estos son, aunque recetados con mesura, los verdaderos golpes de estilo de esta perezosa comedia que naufraga cuando quiere ir de género y adulta y respira cuando deja que sus tripulantes piloten esta historia de amistad compartida que se opone al fracaso social y al desamparo. Una traviesa aventura de chavalotes que merecía otro mapa del tesoro.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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