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depuración de un estilo
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Guillermo Balbona | 21-04-2017 | 10:09

La chica desconocida

Bélgica. 2016. 113 m. (7). Drama.

Directores: Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne

Intérpretes: Adèle Haenel, Jérémie Renier, Olivier Gourmet, Thomas Doret, Fabrizio Rongione, Christelle Cornil.

Salas: Groucho

La sencillez como espejo, cóncavo y convexo, de lo social. Una puesta en escena depurada y un sutil bisturí con el que atraviesan le médula espinal de las pequeñas cosas, esas en apariencia sin importancia pero casi siempre trascendentales. Más esenciales pero quizás menos suyos, los hermanos Dardenne han regresado con una sutil capa agria sobre la culpa, el dolor y la crítica social a través de la mirada de un personaje femenino que acapara imagen y atención. Los cineastas belgas de ‘El niño de la bicicleta’ continúan con su martillo implacable, fieles a un estilo, aquí depurado hasta exprimir la gota más sustancial de su mirada sobre el mundo. Su personaje, el que vertebra la historia de ‘La chica desconocida’, es una joven y prometedora doctora que protagoniza una historia pequeña pero sentida, enraizada en un realismo que tiene como asideros la cuestión moral, el compromiso, o la falta de él, y las implicaciones profesionales. Adèle Haenel, una actriz que es pura máscara inerte, es el eje que absorbe cualquier sombra de conmoción y filtra todo conflicto como una mezcla de duda, gesto mínimo, temblor ético e intriga existencial. Menos inspirados que en otras de sus radiografías magistrales –‘ El hijo’, ‘El niño’, ‘Rosetta’– la película juega a ser menor para dar más relevancia a ese microcosmos mayor que subyace en el ir y venir de consultas y atenciones médicas de la protagonista. Un disturbio exterior y ajeno, como en casi todos sus filmes, pero que implica y envuelve al personaje marcará el devenir de una historia que de manera subliminal, colateral o directa, aborda cuestiones como la marginación, la exclusión, la prostitución, la ética… En este falso minimalismo de  ‘La chica desconocida’ asoma el drama de los refugiados e inmigrantes, que vuelve a ser reflejo de la coherencia y la fidelidad a una mirada y a una postura formal que muestran siempre sus directores. Su retrato subraya de nuevo ese pulso, latido y atmósfera cinematográfica del estado de las cosas en la sociedad europea. Es un filme más hondo de lo que parece pues se postula como un trampantojo emocional. La culpa y la conciencia, la ética y la moral pública discurren en este juego criminal que mantiene intacta la identidad de la víctima y que sirve para coser un mosaico global sobre la privacidad, la integridad, la dignidad y ese vacío existencial que cruza la vida de los personajes. Toda su película conlleva una invitación perversa: como si asistiéramos al crecimiento de una pequeña herida que gangrena el pus de un drama latente instalado en las criaturas pero también en la mirada del espectador.

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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