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Mordedura de género
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Guillermo Balbona | 09-01-2017 | 08:52

Train to busan

Corea del Sur. 2016. 118 m. (16). Terror.

Director: Yeon Sang-ho.

Intérpretes: Gong Yoo, Ma Dong-seok, Ahn So-hee, Kim Soo-an, Jung Yu-mi, Kim Eui-sungo.

Salas: Peñacastillo 

Mientras las despistadas y prepotentes cabezas pensantes de la gran industria de Hollywood olfatean el mercado chino, explotan los remakes, reinventan franquicias artificiales y se miran en el ombligo de la fábrica de superhéroes, es en Corea donde verdaderamente se hace el verdadero cine de género. Tras su paso por Cannes y las bendiciones de Sitges recala ahora en cartelera ‘Train to Busan’, una adrenalítica bocanada de zombis con aire de culto que muerde géneros y contagia su virus empático y ácido. Un tren, escenario metáforico y simbólico que atraviesa la historia del cine; un melodrama de fondo sobre la relación padre/ hija (el gran tema contemporáneo); y una crítica nada subliminal y combativa, entre el humor  negro y la agresivdad sobre el miedo al otro, el clasismo y la implicación solidaria o lo de mirar hacia otro lado. Pero esos pilares críticos, emocionales o reflexivos discurren como un magma por una historia inteligente que nunca se sale de la vía y que conoce perfectamente su trayecto: el entretenimiento, las leyes de género y la solidez a la hora de contar una historia fundamentada en ese juego de equilibrios entre lo anormal y lo cotidiano, lo convencional y racional y lo apocalíptico. ‘Train to Busan’ con caligrafía imponente, contundencia y ritmo, discurre oscilante pero firme, como un tren de alta velocidad, entre la fría distancia de ese padre y su hija y la masa coral de criaturas sanas y enfermas, contagiadas de egoísmo o del virus mortal en un juego de paralelismos y asociaciones de ideas tan eficaz como inteligente. La puesta en escena y el dominio del espacio del director Yeon Sang-ho, que hasta ahora sólo había frecuentado la animación como ‘The Fake’, se traducen en un magnífico diálogo entre el terror, la angustia, lo inevitable y la lucha por la supervivencia. Su toma de conciencia social es obvia y militante y todo el festival apocalipsis zombi es una bofetada en el rostro del sistema capitalista. Giros y sorpresas para presentar a un ejército de criaturas infernales pero organizadas que actúan como colectivo frente a humanos desorganizados incapaces de eludir lo personal. Acción, parodia cuando se necesita, precisión y delirio encajan con destreza y de manera implacable. Primeros planos , miradas detenidas entre el salvajismo zombi, tensión estirada hasta lo inimaginable y claustrofóbica cada vez que se intuye una salida. Espectáculo inoculado por un cine teñido de un imaginario perfecto y salpicado por una lúcida crónica sobre el miedo, la agresividad y el mal que parece ser el loco maquinista de un tren sin más estación que la de la supervivencia. Un cómic seco y celérico, feroz y crítico, donde el cine triunfa con su caníbal mordedura letal.

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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