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Fecha: enero, 2017
Fragmentos de vida
Guillermo Balbona 31-01-2017 | 9:22 | 0

Lion

Australia. 2016. 120 m. (12). Drama.

Director: Garth Davis.

Intérpretes: Dev Patel, Nicole Kidman, Rooney Mara, David Wenham, Nawazuddin Siddiqui.

Salas: Cinesa y Peñacastillo

La comunión global es Google Earth. El nuevo mapa de los tesoros que funde las geografías, no así las fronteras ni los muros, cobra especial protagonismo en este trayecto fragmentado que oscila entre el retrato errante existencial y la ONG. Entre la excelencia del camino, Itaca al fondo, frente a la meta, y el melodrama varado en una esquina del mundo. En ‘Lion’, una película amable pese a las cargas de profundidad que contiene y que nunca acaban de explotar, se revela un continuo combate entre la superficialidad y la hondura, entre el telefilme bienintencionado y el mensaje desgarrador, entre la postal y ese viaje interior inmenso a prueba de satélites y exento de cámaras. También estructura y ajada por dos partes bien diferentes, esta crónica de niño perdido y adoptado y joven que busca reencontrarse, se debate entre el perfil del vacío y las pérdidas y lo convencional y casi lacrimógeno. También oscila entre ese honesto y sincero retrato moral de la pobreza en la India, en ese caso en los años ochenta, y el salto a la pose cuando la trama se centra en la Australia de la pasada década. El silencio y la mirada del niño encarnado de forma extraordinaria por Sunny Pawar otorgan verdad al filme. Después este se torna afectado, emocionalmente burdo en ocasiones y con un moralismo de discurso fácil y sin empatía en torno a la familia y la adopción. De Calcuta aMelbourne el filme, que a veces irrumpe con aires de ‘Slumdog Millionaire’ pero sin ese toque colorista y turístico, adopta en otras ocasiones la apariencia de gran melodrama manipulador. Por separado Dev Patel y Nicole Kidman dan solidez a la narración, especialmente ella capaz de sostener arriesgados primeros planos, pero cuando el guion exige juntarles no existe conmoción alguna. Por contra Rooney Mara –que repetirá a las órdenes del cineasta Garth Davis al encarnar a María Magdalena– deja huella de su cómplice relación con la cámara en un papel fugaz. Con la etiqueta de ‘basada en un hecho real’ (rubricado en los títulos de crédito finales con la aparición de las personas reales de estas vivencias) ‘Lion’ pasa con demasiada facilidad de la mirada de denuncia a un drama personal, del riesgo al telefilme, de la belleza a la rutina visual. Garth Davis, que se ha movido entre las series televisivas y la publicidad, debuta dubitativo. Esta producción australiana que se ha colado en los Oscar se eleva y crece cuando la mirada es la del cruce de vías hacia ninguna parte, y se desmaya con su vulgar búsqueda de la identidad entre tópicos y lugares comunes. De la odisea personal y auténtica a la navegación con ratón y GPS en busca del artificio que fundamente una estatuilla.

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Vigilar a los vigilantes
Guillermo Balbona 31-01-2017 | 9:05 | 0

XXX: Reactivado

EE UU. 2017. 107 m. (12). Acción.

Director: D.J. Caruso.

Intérpretes: Vin Diesel, Deepika Padukone, Donnie Yen, Samuel L. Jackson, Nina Dobrev, Ice Cube.

Salas: Cinesa y Peñacastillo

Es probablemente uno de los estereotipos más prefabricados del último cine. La fórmula es tan sencilla y primaria como vulgar, pero no hay gato por liebre. Fanfarrón, tatuado hasta las cejas, ejerce junto a unos cuantos colegas de Robin Hood de la globalización. ‘xXx reactivado’, como un yogur caducado, funde satélites asesinos, músculos menos en el cerebro, anatomía femenina expuesta con generosidad, gente guapa, pijos metidos a espías y acción de videojuego pasada por la licuadora de las leyes de la animación. Como si el Coyote y ‘Arizona baby’ hubiesen sido los invitados de lujo de un alocado ‘Fast and Furious’. El epicentro de este juguete es Vin Diesel, quien de la mano del también actor  D.J. Caruso, director de ‘Disturbia’, ha decidido meter a su personaje y franquicia en un juego paródico con todo el combustible incendiario posible. La trama, si es que cabe hablar aquí con cierta rigurosidad de canon, se desenvuelve entre saltos, acrobacia y piruetas  imposibles, chutes de adrenalina descontrolada y frases de supuesto ADN irónico que lanzan dardos sobre la frontera difusa entre buenos y malos. La hipervigilancia, la información es poder, la tecnología sofisticada y unos cuantos tontorrones metidos a inteligentes hacen el resto. Pero la acción, entendida como un continuo truco de extravagancias y situaciones límite de reality televisivo, es la reina de la función y la verdadera marca de la casa. La pseudodiversión que desprende nace de valorar hasta qué límite es capaz Diesel de exprimir a su personaje para desafiar a ese ridículo armario que encarna como un Anacleto, agente secreto de sí mismo.  Este Triple X macarra, chulesco y extremo, se mueve entre diálogos y todo es tan extremo e incoherente que es imposible que no regrese otro año con idénticas ínfulas y más barroco en su vacío efectista. El reactivado calvito se dedica a construir una cinta que pasa por artesanal pero que está forrada de pasta y de impostura. El director de ‘La conspiración del pánico’ se pone al servicio de su majestad golpe bajo y lengua suelta, y el filme toma el rumbo disparatado y el ritmo delirante de un James Bond friki y tuneado. En esta noria y montaña rusa de persecuciones y paradas para tomar un refresco en alguna fiesta, entre ibicenca y caribeña, la ‘peli’ se permite incluir desde un doble cameo del futbolista Neymar hasta una ruleta rusa con granadas, que es algo así como si los protagonista de ‘El cazador’ hubiesen entrado en un casino de la Costa Azul. Viril fantasmada que juega a vigilar a los vigilantes desde el cielo de la vulgaridad, en una ruidosa sucesión de enemigos invisibles que juegan a destruir el mundo. Y, mientras, la cinta pone en marcha la cuenta atrás de una explosión de espectáculo adquirido en una tienda de artículos de broma. En serio.

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Lo ves, no lo ves
Guillermo Balbona 31-01-2017 | 9:04 | 0

Múltiple 

EE UU. 2016. 116 m. (16). ‘Thriller’.

Director: M. Night Shyamalan. Intérpretes: James McAvoy, Anya Taylor-Joy, Betty Buckley, Brad William Henke, Sterling K. Brown, Haley Lu Richardson.

Salas: Cinesa y Peñacastillo

Discurre en un alféizar imposible entre dos mundos. El azar y el destino. Las redes y la privacidad. El ejercicio de estilo y la depuración formal. La pesadilla y el absurdo. Lo que se intuye y lo que se oculta. M. Night Shyamalan, como un Lovecraft orfebre ha regresado para abrir y cerrar puertas  y se revela juguetón y desafiante. Pero no lo hace, como el magistral escritor, sobre dimensiones fantásticas y planos solapados de la realidad, sino desde el interior del cerebro de cada uno de nosotros. ‘Múltiple’ es una falaz clase de psiquiatría convertida en un envolvente trayecto sin retorno al miedo a nosotros mismos. Un personaje que son muchos, encarnado por el excelente y siempre en el alero James McAvoy, y otras cuatro actrices, le bastan al cineasta de ‘El bosque’ para contar un cuento de sótano y ostracismo, de pasados oscuros y de integración y marginación. Y lo hace con una película en apariencia austera, muy inteligente, contenida, que juega con el espectador –tan pronto le arrastra como le deja abandonado–, mientras genera una atmósfera sutil a través de elipsis y sugerencias. Ahora lo ves, ahora no lo ves, parece deshojar el cineasta de ‘El protegido’ que, tras sucesivos fracasos y decepciones, vuelve a demostrar su capacidad para la destreza visual, su lucidez y facilidad para moverse entre los pliegues de la realidad y la ficción, tan camaleónico como su protagonista. En su concepción ‘Múltiple’ es un thriller de secuestro y terror, de angustia y falta de respuestas. Y es ahí en los interrogantes, en las puertas entreabiertas, en las voces, en la indecisión donde se mueven las diversas personalidades del cineasta que ya dejó una metáfora visionaria de nuestro tiempo en la injustamente infravalorada ‘El incidente’. El encaje delicado pero perfecto de los flashback que revelan el pasado de uno de los personajes y la variedad de trucos sin que todo parezca una manipulación de trilero elevan la estilización de un filme psicótico que juega con la intriga, también cierta sátira negra sobre cómo esta sociedad encasilla, margina y desestructura. En su manejo grandioso del suspense, obviando o restando información, es clara la influencia del Hitchcock de ‘Psicosis’. El director y guionista de origen indio, siempre arriesgado, abre su filme a tumba abierta y ya no hay marcha atrás. Pero que nadie espere un desfile de efectismos y sustos, macabras revelaciones, recreaciones explícitas. ‘Múltiple’ es un retablo de sugerencias en el que se da la vuelta al subgénero de jóvenes metidos en líos y donde lo claustrofóbico, lo invisible, lo sugerente y lo inquietante toman el mando y marcan los tempos, la caligrafía y los límites. Después cada uno decide hasta dónde quiere llegar sobre su imaginación y la dimensión de sus  propios miedos. Es un Shyamalan más lúdico e irónico, pero aún más exigente. Su original arranque y un asesinato simbólico certifican su pulso visual. Al margen de una autocita final, lo cierto es que ‘Múltiple’ crece en esa apelación constante a hurgar en las heridas de nuestra soledad y temores atávicos. Lástima que una vez más la imposición del doblaje haya generado otra personalidad distinta a las concebidas por su autor.

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Fe en la contemplación
Guillermo Balbona 31-01-2017 | 9:02 | 0

Silencio

2016 159 min. Coproducción.

Director: Martin Scorsese.

Fotografía: Rodrigo Prieto

Reparto: Andrew Garfield, Adam Driver, Liam Neeson, Ciarán Hinds, Issei Ogata, Shin’ya Tsukamoto, Ryô Kase, Sabu.

Género: Drama. Salas: Cinesa y Peñacastillo

Hay mucho sermón tras la contemplación y una agotadora sensación de que fe y belleza, oración y sufrimiento, silencio y distanciamiento dramático no acaban nunca de cuajar. Entre cavilaciones y miradas desde el fondo de una gruta, lo físico y la metafísica colisionan en este filme hermoso muchas veces, excesivamente frío y distante casi siempre que, paradójicamente, destila sus momentos más místicos en el cautiverio y en la tortura más que en los pasajes que potencian la dialéctica piadosa o en la búsqueda y la llamada de Dios. Martin Scorsese, tras la brutal e implacable demostración de estilo que dejó, como un reguero de cine explosivo, en ‘El lobo de Wal Street’ y entre idas y venidas por incursiones televisivas y documentales, ha desempolvado un proyecto muy personal e íntimo, entre la vocación y la devoción, lo piadoso y lo inquieto. ‘Silencio’ tiene un halo de pureza tan discutible como atractivo pero en contra de lo que pudiera parecer, en el agnosticismo y el laicismo, en la espiritualidad artística y humana de Bergman cabe más oración y profunda trascendentalidad que en muchos pasajes de ‘Silencio’. En ‘Como en un espejo’ había más hondura que en este rezo contemplativo del martirio al que asistimos de la mano del director ‘La última tentación de Cristo’. Incluso si la redención es el ADN del cine de Scorsese, en la mayor parte de su cine más físico hay una traslación emocional y potencial más intensa de la fe en lo humano. En Jack la Motta, el boxeador de ‘Toro salvaje’, se transparenta mejor el valor de una fe pura que en este retrato de los jesuitas portugueses que viajan a Japón en busca de un misionero. Adaptación de la novela de Shusaku Endo, Scorsese se atreve con un viaje interminable al fondo de la fe donde desesperación, reflexión e incomprensión visualizan más sentimiento y pasión que en los arrebatos de este drama religioso exento de intensidad dramática, lastrado por algunas equivocaciones de reparto. Cuando este cineasta inmenso parece preguntarse por las posibilidades del cine, sus imágenes adquieren más verdad que en los interrogantes de su épica espiritual. Por momentos el personaje de Liam Neeson asoma como un trasunto del coronel Kurtz de Conrad y Coppola. Al cabo todo es apocalípticamente humano. Belleza y fe en comunión y en colisión. El sufrimiento que conlleva la duda y el silencio de Dios que genera sufrimiento, la apostasía y el martirio, la crueldad y la intolerancia, asoman en esta obra quizás demasiado propensa a adoptar un tono ceremonial que desciende con frecuencia a lo reiterativo. Todo es inevitablemente solemne y cargado de grandeza. Pulcra, austera, ambiciosa, sin concesiones, posee latidos de los grandes cineastas nipones que suenan entre los pliegues evangélicos de un cine que nunca, sin embargo, deja que el tacto de la mirada se adentre en la llaga de la resistencia: de la fe en el cine y de un cine sobre la fe.

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Al final del patetismo
Guillermo Balbona 24-01-2017 | 3:19 | 0

Los del túnel

España. 2017. 95 m. (12). Comedia.

Director: Pepón Montero.

Intérpretes: Arturo Valls, Natalia de Molina, Neus Asensi, Manolo Solo, Teresa Gimpera, Emma Caballero, Raúl Cimas.

Salas: Peñacastillo y Cinesa

Busca escapar de los estereotipos de la comedia coral costumbrista y se acerca a la tragicomedia. La película llega a atisbar la luz y en algún momento ofrece zonas de deslumbramiento pero no dejan de ser fogonazos esporádicos e insuficientes. Aun así esta historia de supervivientes, de héroes accidentales que logran salvarse tras haber estado quince días atrapados en un túnel, tiene algo de rareza. Personajes, patéticos en su mayoría, que se mueven entre el oportunismo, la fachada social y la hipocresía, o la doble vida, componen esta galería presentada con ribetes de humor negro y melodrama, que a veces deriva al esperpento y otras a lo bufo y grotesco. Es por eso que domina la sonrisa amarga sobre el efecto cómico de gags y diálogos. ‘Los del túnel’ que reúne a una decena de variopintas figuras, casi todas personas con discapacidades emocionales, trata de elevarse pero se estanca y acabar por  presentarse más como el episodio piloto de una sitcom donde cada capítulo permitiría conocer los entresijos de sus respectivas personalidades. El filme del debutante Pepón Montero une azarosamente a personajes con un eslabón común: todos tratan de aparentar, de ser lo que no son, de administrar su patetismo dentro de una sociedad que no admite las diferencias. La marginación, la muerte, la empatía, la exclusión, la marginación son los materiales de esta comedia estrujada que tan pronto se desenvuelve con gracia en lo paródico como se mantiene de forma irregular en el terreno siempre delicado de la farsa. Es una película a contracorriente, y ese es su mayor mérito, pero se muestra endeble la hora de la puesta en escena y es excesivo el peso que tiene Arturo Valls (productor) en el desarrollo de la trama. Hay, no obstante, un pulso entre cierto costumbrismo trasnochado y un guiño neorrealista salpicado por algunas notas de Azcona. El reparto cumple su cometido con eficacia (excelente Nuria Mencía) en un filme que sale adelante a borbotones, entre situaciones demasiado estiradas como la de la estancia en el hospital y un jocoso flash back que reconstruye el pasaje del túnel tras el siniestro. Criaturas enterradas en vida que persiguen sus salidas aunque sea a costa de la dignidad. El cineasta y su guionista de cabecera (la cosa se remonta a ‘Camera café’), Juan Maidagán, no siempre logran convertir la fragilidad en la que se mueven los personajes en agudo estado de las cosas. En muchas ocasiones , la idea original se enquista y la película acaba pareciéndose a ese disco de los Pecos que suena cansina e irremediablemente en un bucle demasiado familiar, que pierde poco a poco el sello diferencial que presagiaba.

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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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