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Puñetazo turbio en la boca de la realidad
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Guillermo Balbona | 31-10-2016 | 09:01

Que Dios nos perdone
España. 2016. 125 m. (18). ‘Thriller’.

Director: Rodrigo Sorogoyen.

Intérpretes: Antonio de la Torre, Roberto Álamo, Mónica López, Luis Zahera, Rocío Muñoz-Cobo, José Luis García Pérez.

Salas: Cinesa y Peñacastillo

A través de una envoltura de serial killer letal, castizo y de proximidad, ‘Que Dios nos perdone’ traza una radiografía social desde la periferia con tacto y serena contundencia. Es una mirada desde los alrededores hacia el centro, a través de callejones y escaleras, cierto feísmo y esa intrahistora silenciosa de la crisis, tan simbólica como contundente. Este ‘Seven’ español hace equilibrios entre una atmósfera social envolvente y una moral de personajes en estado de sitio. Rodrigo Sorogoyen, cineasta de la estimable ‘Stockholm’ se regodea en un guion, escrito junto a Isabel Peña, de vueltas de tuerca que gira sobre la densa niebla de unos personajes que se mueven en la marginalidad sin poder ocultar su propia inadaptación y turbiedad. Es un filme sobre la muerte a través de la figura más simbólica de la vida: la madre. Truculento en ocasiones (algunas imágenes explícitas son gratuitas) ‘Que Dios nos perdone’ es, sobre todo, un catálogo de soberbias interpretaciones que encabeza un inmenso Roberto Álamo. Un thriller físico porque su acción es interior que suda y exuda dolor, tormento y crueldad. En realidad la superficie, la excusa, la crónica aparente es la persecución obsesiva de un asesino de ancianas (un caso triste y cercano tuvo lugar en Santander). Pero donde la mirada de Sorogoyen abre su foco es en el desasosiego y la desgarradura social que discurre como un magma bajo la piel de estas criaturas y entre los costados de escenarios y lugares. Lo importante es lo que se escucha de fondo, lo que se oye como un eco y ese clima moral asfixiante, sinuoso, volcánico y violento. La historia se sitúa en el verano caluroso del Madrid de 2011, entre la visita del Papa a España y los primeros síntomas de lo que se reflejaría en el 15-M. Los personajes, en su mayoría, compiten en ver cuál es más desagradable, dentro de un espacio abocado a la desesperanza. El filme, aunque más crudo y sujeto al concepto de pesadilla se suma a este otoño de crónicas sociales, en modo thriller, del cine español junto a ‘Tarde para la ira’ y ‘El hombre de las mil caras’. Hay energía y pulso en la cámara del cineasta, muy pegado a la calle, desasogante y con una mirada política que se clava en las entrañas de esa hipocresía instalada en lo oficial, religioso e institucional (las órdenes, presiones y decisiones de los mandos policiales de la ficción son en este sentido reveladoras). La crisis de valores, el hiperrealismo, la decadencia moral asoman desde una alcantarilla, desde la mirilla del policía que espía a la mujer de la limpieza, desde los miedos y traumas filtrados por conversaciones de bar hasta un final donde no cabe la redención. Retrato ético de un clima social pero también, pese a algunos altibajos de ritmo, un tiempo amargo de detritus físicos y morales expuestos entre la intensidad y la sobriedad.

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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