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La destrucción o el amor
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Guillermo Balbona | 27-03-2016 | 09:07

Batman v. Superman: El amanecer de la Justicia

EE UU. 2016. 151 m. (12). Fantástica.

Director: Zack Snyder.

Intérpretes: Henry Cavill, Ben Affleck, Jesse Eisenberg, Amy Adams, Laurence Fishburne, Jeremy Irons, Holly Hunter, Diane Lane, Gal Gadot.

Salas: Cinesa, Peñacastillo y Autocine

Tanta furia, tanto ruido para confluir en una sentencia: «Tú eres mi mundo». Tras el artificio, el globo hinchado y los fuegos artificiales un resquicio de verdad salva el vértigo del efectismo. ‘Batman v. Superman: El amanecer de la Justicia’ se redime con el amor. Confusa más que agitada, esta colisión de héroes desorientados se asemeja a una fiesta de carnaval. Nadie parece lo que es. Las capas y trajes se muestran tan solapados e intercambiables como los propios pliegues de un filme tan ruidoso y avasallador como vacío. Todo es wagneriano: la música de Hans Zimmer, por supuesto, pero también el tono apocalíptico, el discurso mega globalizador y la insulsa acumulación de mensajes graves y trascendentes. Este amanecer se cree tan serio que hasta puede provocar media sonrisa. En su interior no compite la ficción sino las marcas, sus criaturas y franquicias, las excusas endebles para poner todo patas arriba durante dos horas y media que sirven de coartada a Zack Snyder, cineasta de ‘300’, para firmar esta fanfarria insustancial elevada a la enésima potencia. Tras un preámbulo muy, muy largo, donde justicieros y verdugos confunden intenciones y ambiciones, se desata la tormenta tan perfecta como previsible: todo el arsenal de rayos y centellas aderezado con lo último en efectos, desde el despliegue digital a la sucesión de ejercicios espectaculares al por mayor. Gotham y Metrópolis muestran sus armas de ciudad para convertirnos en sus inquilinos y vecinos adeptos. En este amanecer de la justicia, entre gestos totalitarios y discursos neofascistas cabe y vale todo. Hay atmósfera de delirio y una exagerada montaña de subtextos y argumentos menores que se cruzan hasta lo cansino. No se busca la claridad porque la confusión es el verdadero sustento que alimenta esta hiperactividad de superhéroes postulándose para salvar su identidad antes que al mundo. Un reparto muy cuidado y el brillante diseño de producción no bastan para construir una ópera afectada en la que se superponen las demoliciones, los miedos de la infancia, las peleas interminables y las piruetas con un denominador común: el sensacionalismo visual que simula las miserias del guión. Un barullo sobreactuado al que el director de ‘El hombre de acero’ le ha cogido gusto y se regodea en la parafernalia efectista y circense y, claro está, en la taquilla. Quienes encarnan la salvación y la maldad pocos matices añaden al aturullado desfile. Jesse Eisenberg es un Luthor discutible y la mayor parte de las ocasiones tan cargante como el propio corazón artificial que bombea el celuloide de este robotizado despilfarro, barroco y narcotizante. De igual modo Affleck y Cavill certifican con sus interpretaciones la falta de pulso emocional que destila este blockbuster crispado, que se revela perdido en sus excesos. Habrá precuelas y secuelas, reboots y zumo de sagas. Quizás entre tanta disfraz el amor encuentre su sitio para poner un poco de orden emocional en la caótica y tumultuosa acumulación de daños colaterales.
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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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