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Selfie animal
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Guillermo Balbona | 16-03-2016 | 08:28

Kung fu panda 3

EE UU. 2016. 95 m. (TP). Animación.

Directores: Jennifer Yuh y Alessandro Carloni.

Guión: Jonathan Aibel, Glenn Berger

Música: John Powell, Hans Zimmer

Salas: Cinesa y Peñacastillo

 

Hay escenas de iniciación, canto vital, loas a la familia unida y mucha acción. También una interesante combinación de animación actual con la tradicional. Y un festival de explosión de color muy llamativo pero menos arriesgado de lo que parece. A ‘Kung Fu Panda’, tras el éxito de las anteriores entregas, le ha llegado el turno en su tercera cita de hacerse un selfie. Y lo hace apelando al Chi, ya saben, según la teoría taoísta, uno de los tres tesoros que subyacen en la naturaleza humana: la energía de la vida, esa fuerza vital esencial que anima todas las formas de vida del universo. Y nada mejor para ello que un oso panda desdoblado, un padre y un hijo reencontrados, o un replicante de expresiones, emociones, torpezas y necesidades de abrazos. Entre las artes marciales, la ternura y el bocado de moraleja discurre una tercera entrega enérgica pero reiterativa que no aporta significativos pasos de lo que ya queda claro será una larga andadura para esta animalada animada. A falta de ambición, qué mejor que regodearse en la corrección. Y ahí no hay nada discutible. Escenas divertidas como la explicación de estrategias ante una cuadrilla de pequeños glotones, los amagos de coreografía musical y los gags que envuelven toda la fase de aprendizaje son factores a favor de ese dejarse llevar por el flujo de la saga. El guión, que siembra un trayecto fértil e imparable entre lo sobrenatural y la paternidad biológica, quizás demandaba más riesgo e imaginación. Para achuchar a la criatura hubiese sido necesaria una mayor intensidad formal y un ritmo más equilibrado. El filme es desigual y parece más preocupado en mirarse el ombligo del éxito acumulado, y en mantenerse fiel a los valores y apelaciones de identidad que le han caracterizado desde el principio, caso del autoconocimiento y la constancia. No obstante, no es un producto nada desdeñable como entretenimiento pues está dotado con numerosas escenas cómicas irónicas y algunas escenas de lucha atractivas aunque demasiado alargadas. Hay más toque zen que armonía creativa, más ataques visuales que ingenio. Conscientes de que el niño actual devora imágenes como el panda su bambú, la apuesta de esta tercera senda vital y comercial radica en solapar e insuflar un caudal de apabullantes escenas sin pausa hasta la canción coral marca de la casa. A los colores reconocibles y al subrayado de fondos orientales se ha sumado una agridulce mezcla de elementos oscuros y guiños pictóricos. Todo rezuma aire previsible pero invita a dejarse mecer a ritmo de aforismo chi y mullidos golpes que despierten la bestia tierna que llevamos dentro.
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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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