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El soniquete de la crisis
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Guillermo Balbona | 25-01-2016 | 08:19

La gran apuesta

EE UU. 2015. 123 m. (12).

Drama.

Director: Adam McKay.

Intérpretes: Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling, Brad Pitt, John Magaro, Marisa Tomei.

Salas: Cinesa y Peñacastillo. 


 

Cuidado con las carteras. Gana la banca. En realidad la banca siempre gana. ¿A qué suena la crisis? ‘La gran apuesta’ es en apariencia un bucle desaforado de ruido y furia sobre el estallido y colapso en 2007 del sistema financiero. Pero en este falso documental con mucha madera narrativa dentro, o bien ficción reventada y reinventada por un latido documental interior, subyace el sonido de una sinfonía desafinada de dinero y mentira, de estafa y falacia interpretada con mordaz claridad de ironía y estilo. Es un filme incómodo (ese abuso de los protagonistas mirando a cámara con frecuencia), hipnótico, envolvente, concienzudamente reiterativo y machacón, cansino e implacable, que agita el lenguaje económico como un metrónomo que nunca se va a detener. Tras la maquinaria engrasada y trucada de la banca, sus mecanismos endógenos y sus códigos cifrados, asoma una legión de cadáveres (todos nosotros) que asisten indefensos a la cabalgata despiadada de la crisis y sus ejecutores aparentemente invisibles. La cinta construye su propia burbuja, el código de barras de un lenguaje de difícil acceso tras el cual enseñan su patita la crueldad y la mentira del sistema financiero. Estamos ante una comedia dramática enérgica, irónica y atrevida. Bajo su lavativa de hipotecas subprime, emisiones de CDO, bonos basura, ráting…se revela un monopoly gigantesco de detritus y estafa donde surgen los agujeros negros, el vértigo y el abismo generado por un territorio sin escrúpulos. Adam McKay apenas se mueve fuera de un ecosistema acotado por despachos, mesas y edificios financieros, roto por mosaicos pop de música e imágenes (como una crónica fugaz, ajena a la cocina del desastre) y en lo verbal por un incesante aparato de terminología y jerga insistente, a modo de ruido letal. El vocabulario de la catástrofe es la mecha de una mentira global que el cineasta de ‘El reportero’ describe a través de un montaje espectacular y un ejercicio visual con ingredientes precisos donde grandes intérpretes se mueven por un espacio que mezcla el Scorsese de ‘Casino’ y deja aullar a los lobos de Wall Street cuando sus mandíbulas sangran las vísceras ajenas. Pese a la ficción, más cerca de ‘Inside job’ que de ‘Margin call’, el filme a veces desde el absurdo, otras desde la risa congelada, desenreda la trama con feroz mirada para señalar a quienes fueron los protagonistas y cómplices de una pirámide hipócrita monumental destinada a invertir en el caos. Tomando como referente un best seller de Michael Lewis, el filme muestra un paisaje de trajes y hienas encorbatadas que arrasan en su salvaje territorio con un único propósito: mirar para otro lado mientras se avecina el desierto. Con precisión en su verborrea destructiva el filme revela los entresijos de su bomba de relojería monetaria y deja que escuchemos el soniquete de los decimales encriptados, las cifras como animales daniños y la sensación irremediable, con la sonrisa floja, de haber sido golpeados hasta quedar noqueados y ridículos. Es la economía, estúpido, la economía. Un filme árido que deja un vergel de lúcidas preguntas.

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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