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Los odiosos ocho
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Guillermo Balbona | 19-01-2016 | 13:22

Centrifugado Tarantino
EE UU. 2015. 167 m. (12). Western. Director: Quentin Tarantino. Intérpretes: Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Jennifer Jason Leigh, Demian Bichir, Tim Roth, Michael Madsen, Channing Tatum.rg. Salas: Cinesa y Peñacastillo


Si una noche de invierno un viajero’.  El título de Italo Calvino bien podría atravesar la columna vertebral de este ‘diez negritos’ particular, lavativa y centrifugado del cineasta de ‘Reservoir dogs’. La última ‘tarantinada’ es un western de parada y fonda en el que el cineasta, como si se tratase de Lord Byron la noche que se parió a Frankenstein, convoca a sus amigos y referentes y se inventa una historia frente al fuego entre el mosaico, la intriga y el suspense.

Con Tarantino siempre existe la sensación de que el director se lo pasa mejor que el espectador. Es innegable el entusiasmo y la efervescencia de su cine. En este caso verborrea, despliegue formal y apenas una idea exprimida –eso sí, al máximo– alimentan este lúdico artefacto que unas veces se torna divertimento gore y otras disección jocosa sobre los géneros y su tratamiento híbrido, una de las marcas de la casa. Al margen de las peripecias previas que ha sufrido el filme, desde un reventón hacker masivo a la amenaza no cumplida del cineasta sobre si no estrenar el filme en las pantallas, las dudas se centran en su metraje condenadamente desmesurado. ‘Los odiosos ocho’ apenas presenta algún punto de fuga sobre su cine y se limita a barajar los naipes estilizados de sus dos últimos filmes, ‘Malditos bastardos’ y ‘Django desencadenado’.

El banquete que ofrece esta sangrienta matanza entre cuentas pendientes, venganzas y muertes suena a exceso de tal modo que a los incondicionales les producirá éxtasis y a los detractores urticaria. La Guerra de Secesión, el esclavismo, la violencia, por supuesto, todo ello con un paisaje único, unas montañas nevadas, y un escenario único, una cabaña. Una especie de aquelarre teatral o de guiñol donde confluyen personajes caricaturizados, un retrato de mujer muy intenso y una ruleta rusa de vida y muerte, entre conversaciones interminables y subtramas, a modo de cuento estructurado en capítulos.

Retórica, más verbal que visual, diálogos encadenados a través de la reiteración machacona y el delirio absurdo como figura principal. Cuando quiere acude al virtuosismo de planos, en otras a la ralentización de la imagen y a la búsqueda de gags para no olvidar que la comedia sobreexcitada y con anabolizantes preside la historia (baste el ejemplo de la puerta de la cabaña y su jodido cierre, como una metáfora del  relato y sus muchos pliegues). Por si fuera poco el microcosmos tarantino se acentúa con la camada de su reparto y guiños como ser fiel a los suyos o crear apéndices entre intérpretes, por ejemplo ese Tim Roth transplantado de Christoph Waltz.  Agatha Chistie, Poe y Tobe Hooper juntos y revueltos en un teatralizado, sucio, desbordante, vomitivo, claustrofóbico y torrencial caudal de perfección banal.
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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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