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Un soplo al corazón del pasado
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Guillermo Balbona | 15-01-2016 | 06:25

45 años

2015 Reino Unido

Director: Andrew Haigh.

Reparto: Charlotte Rampling, Tom Courtenay, Geraldine James, Dolly Wells, David Sibley, Sam Alexander.

Drama.

Salas: Groucho.

 

El celaje otoñal se posa sobre cada fotograma de este drama contenido y 
pausado. Las lágrimas, el desgarro y las sombras son aquí interiores, se 
presienten y anuncian, pero nunca dejan de estar presentes de alguna 
manera. El pasado se postula como una amenaza permanente que pone a la 
vida en cuarentena. El relato desconocido, oculto, casi secreto, que 
acecha a un matrimonio justo en vísperas de celebrar  su medio siglo de 
convivencia es un excelente ejercicio de economía narrativa sostenible. 
Obra de cámara, en muchos momentos salpicada por el paisaje como 
sinfonía de fugacidad e inevitabilidad, ‘45 años’ se apoya en el sobrio 
trabajo de Charlotte Rampling, la actriz de la mítica ‘Portero de 
noche’, que elude los lugares comunes y construye un personaje matizado, 
que deja entrever el dolor asimilado, la parcialidad del amor recibido, 
el miedo a descorrer todas las cortinas de las habitaciones propias y 
ajenas. Con los pálpitos medidos, este soplo al corazón es puro 
contratiempo cardíaco, cine a contracorriente. Frente a la desmesura, el 
opio de lo frenético y la turbamulta solapada de demostraciones 
abusonas, ‘45 años’ impone mesura, equilibrio bergmaniano, discreción 
emocional, silencios lacerantes como un bisturí invisible que disecciona 
el centro de las heridas. Hay gestos, muchos, que no aspavientos, en 
este sutil camino de descubrimientos sobre el alambre espinoso del 
tiempo. Una obra sencilla, lo que no está reñido con su hondura; 
conmovedora, sin necesidad de zarandear, y teñida de un ocre que a veces 
es renuncia y otras un pasaje al fondo de un túnel sin posibilidad de 
salida. Con concomitancias al Haneke de ‘Amor’, y a los retratos de 
matrimonio de Bergman, ‘45 años’ es pura intimidad, un duelo de miradas 
y silencios sobre lo que se puede decir y lo que nunca debió callarse. 
El cineasta de ‘Weekend’ no se enreda en lo oscuro. Con el camino 
expedito y diáfano para sus intérpretes, grandioso también Tom 
Courtenay, deja que la tristeza, el tragaluz de la memoria y los miedos 
discurran como fluidos de un disturbio mayor sobre el rostro de la 
rutina. Un filme grave, doloroso, que se abre y se cierra con planos 
delicados, tan habitados por elipsis como el resto de este trayecto 
sembrado de escondites, buhardillas y arcones donde se mezcla la 
desolación, el vacío, la fragilidad y el sentido de pérdida que abre una 
vía de agua en la convivencia. Esta orfebrería introspectiva, sinuosa, 
serena en lo formal pero terrible en el fondo, se desprende de la 
pantalla, se instala en los bordes de la mirada y convierte los afectos 
en un interminable naufragio.

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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