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Guateque nacional efervescente
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Guillermo Balbona | 26-10-2015 | 09:12

Mi gran  noche

EE UU. 2015. 100 m. (12).Comedia.

Director: Álex de la Iglesia.

Intérpretes: Raphael, Mario Casas, Pepón Nieto, Blanca Suárez, Carlos Areces, Carmen Machi, Santiago Segura, Hugo Silva.

Salas: Cinesa y Peñacastillo

 

 

Delirio y claridad conviven con extrañeza en el campo semántico de este guateque con Raphael al fondo. Desaforado y febril, unas veces, jocoso y efervescente casi siempre, ‘Mi gran noche’ es un juguete que se desborda y que muestra a borbotones su manual de instrucciones. Podría haber sido, y en ocasiones apunta en varias direcciones, una metáfora certera y vitriólica de una España de figurantes, figurines y figurones. Con su ficción televisiva, esa grabación festiva de Nochevieja que todos llevamos dentro, como el gran simulacro de las campanadas que celebran una gran catarsis colectiva, Alex de la Iglesia da un paso más allá de ‘La chispa de la vida’ y de ‘Muertos de risa’ y construye una simulación, una crónica del artificio a través de una fantasía televisiva coral de unos personajes atrapados en el tiempo que parecen vivir su noche de la marmota particular. Entre el parque temático y la botella descorchada sin burbujas dentro, ‘Mi gran noche’ tan pronto es un safari humano controlado como una jungla desmesurada y salvaje sobre las apariencias, las falacias y la gran impostura de lo oficial y dominante. Somos figurantes instalados en un decorado gigante, superficial y aparente, donde deciden por nosotros. El cineasta bilbaíno se debate entre el desorden cómico y el salvajismo y forma un karaoke que está a punto de explotarle en la cara aunque lo elude su facilidad para romper convenciones y bañarse en la comedia desenfrenada sin dejarse devorar por el caos. Hay más espuma que mancha, más salvas que disparos, más salsa que sangre en este banquete donde la comida de plástico, las copas vacías, los monstruos cotidianos y las mentiras se mezclan con gafes, delirios de grandeza, semen robado y juego de tronos entre la fama y el anonimato, el oportunismo y la picaresca. El ecosistema Alex de la Iglesia, marca de la casa, está muy presente y, unas veces de forma leve y otras con trazo grueso, deja asomar las costuras de la crisis. ‘Mi gran noche’ es un traje a medida lleno de parches, pastiches, descosidos y sueños rotos; supervivientes es quizás la palabra que más se escucha. El cineasta de ‘Perdita Durango’ pierde y gana por acumulación, desbocado y delirante, y desciende, y con él todos nosotros, por una ladera sin fin. De la Iglesia abre y cierra España en un Especial Nochevieja, entre la sátira y la transgresión, más ruidoso que provocador, que en sus mejores momentos se revela parodia lúcida, y en el lodo, la irreverencia es una mera sucesión de chistes solapados. Jubilosa y graciosa sin freno, ‘Mi gran noche’ contiene interpretaciones excelentes de Areces y Carmen Machi, pero también de Mario Casas y Blanca Suárez. Fiesta de caja tonta y tripi, con actores en estado de gracia y diálogos muchas veces afilados hasta el corte más preciso, es todo exceso y sobredosis presidida por esa autoparódica expresión de Raphael en estado puro, entre el ‘que sabe nadie’ y el ‘porro pom pom’ tan demoledor como aparente. Y en el exterior, una manifestación permanente y violenta recuerda el realismo sucio tras el histérico y caótico juego de iconos. Arden muchas cosas en este castillo de vanidades y vulgaridades. Con algo más de leña la hoguera hubiera dado para algo más que un fugaz calentón social. «Es-cán-da-lo, es un escandalo!».

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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