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Con luz propia
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Guillermo Balbona | 01-10-2015 | 16:56

Luz de gas (luz que agoniza)
1944 Estados Unidos Director: George Cukor. Reparto: Charles Boyer, Ingrid Bergman, Joseph Cotten, Dame May Whitty, Angela Lansbury, Barbara Everest. Género: Drama. Intriga Salas: Bonifaz. Filmoteca de Cantabria. Proyecciones esta semana y Cine Clib

Como en toda historia de luces y sombras, de enigma y ambigüedad marcada por su excelencia, la empatía nace de su sentido de la atmósfera, de la seductora miscelánea de elegancia y opresión. En ‘Luz de gas’ –bautizada como ‘Luz que agoniza’ para evitar confusiones con la versión rodada cuatro años antes por  Thorold Dickinson– el vínculo que desprende la pantalla revela un estado permanente de lo inquietante donde conviven misterio y sombra de muerte. Basado en una obra teatral de Patrick Hamilton, George Cukor hizo olvidar la anterior adaptación mediante la suma de su talento, su exitosa dirección de actores, en este caso la excelencia de Charles Boyer,  Ingrid Bergman –quien ganó con él su primer Oscar– y Joseph Cotten, al frente, subrayando esa elegante forma de afrontar y narrar los hechos, más la mezcla entre la precisión y el gusto por el detalle.

El fondo de la Inglaterra victoriana, el supense, con no pocas afinidades con el mundo visual de  Alfred Hitchcok, y la influencia del expresionismo alemán de Fritz Lang y Murnau, invitan a una travesía por las luces y sombras de la ficción y los claroscuros humanos. La mansión, sus estancias y ruidos, y los decorados forman parte viva de la personalidad de la película y dan fisicidad a la historia como ya sucediera tres años antes con la magistral ‘Rebeca’ del mago británico en su desembarco en Hollywood.

El sentido de la amenaza, la claustrofobia creciente, el diálogo entre la cordura y la locura aportan esa sensación de pesadilla que, por otra parte, desnuda una historia de amor, una pasión huidiza y un juego continuo entre  la estrategia emocional y la fragilidad.

El drama psicológico en manos de Cukor se transforma en otra cosa: un castillo de naipes que va desmoronándose, un mapa de apariencias y temores, de pulsos reales e imposibles, de dualidad y simbolismo negro y oscuro. Quizás la película tiene uno de sus pilares en la mezcla de géneros, un recurso ahora tan manido como utilizado con escasa solidez. Arquetipos y roles intercambiando sus obviedades y misterios en un círculo de clímax en torno a la mujer y su papel social, las incertidumbres del corazón, la extrañeza, el miedo al otro.El cineasta de esa obra maestra que es ‘Historias de Filadelfia’ gran director de actrices, explora ese territorio femenino y contrapone turbiedad y delicadeza, razón y seducción, en la que el misterio del amor y el mal conviven en esa felicidad pasajera que va dando paso a un terror psicológico, el mismo que produce el vértigo de la ignorancia ante la mu
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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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