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'Balconear' el cine
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Guillermo Balbona | 23-09-2015 | 16:05

Francisco (El Padre Jorge)
Argentina. 2015. 95 m. Drama. Director: Beda Docampo Feijoo. Intérpretes: Darío Grandinetti, Silvia Abascal, Carlos Hipólito, Emilio Gutiérrez Caba, Leticia Bredice, Marta Belaustegui.Salas: Cinesa y Peñacastillo

A l inicio de este biopic melifluo, desaprovechado, oportunista y superficial se escucha una de las reflexiones-discursos de Bergoglio, el Papa Francisco (título original de filme argentino españolizado) en el que refiere una de las esencias de su pensamiento: la necesidad no de asomarse a la vida, sino la de adentrarse en ella : «No balconeen la vida, métanse en ella», decía. Pues bien el cineasta gallego Beda Docampo y su equipo precisamente esquivan el consejo y firman una película cuya única opción es la de asomarse, curiosear sin implicación participativa en la biografía del padre Jorge y su Buenos Aires querido en una especie de tango sin música y mucha letra.

El director de ‘Quiéreme’ sólo encuentra su particular salvación, y con ella nuestra mirada, en la interpretación excelente, como casi todas, de Darío Grandinetti al encarnar al hoy mediático pontífice. Con un impulso periodístico sonrojante, la investigación de una periodista que empieza a sentirse fascinada por la figura del padre Jorge, el filme adopta una famélica pose, facilona y aséptica, que ni siquiera encuentra un aliado narrativo en su simulada vocación de hagiografía ni en la empatía que supuestamente despierta la figura de Francisco. Entre tópicos y anécdotas, a la cinta se le va el santo al cielo y no hay levitación cinematográfica que pueda comulgar con las ruedas de molino que impone su pátina resbalizada. La concepción de este retrato sólo tiene de inmaculado su diáfana intención de ser parada obligada para el espectador católico que se sienta obligado por el mandamiento cinéfilo de este simplista perfil. Exento de matices, eludiendo las aristas y las espinas, el filme es una biografía de manual para el buen viajero que sigue la ascensión del cura de barrio a la cúpula del Vaticano.

Las dos tramas paralelas, esos encuentros entre la periodista y su drama personal y el padre Jorge, para justificar el progresivo desvelamiento del Papa y su bondad infinita, solo contribuyen a la vulgarización de la cinta que se salva de sus pecados gracias al trabajo del actor y a la entrega de Silvia Abascal. Sin drama, con un argumento arrodillado que solo avanza a modo de salmo mediante los pensamientos en voz alta o visualizados en viñetas biográficas deslavazadas, la falta de fe en el cine es evidente. Precisamente los pasajes documentales intercalados en ocasiones, especialmente al final de la película, transmiten más verdad que el resto del filme empeñado en la glorificación. Huele a incienso pero no hay atisbo de hondura en las imágenes ni en lo que se cuenta. Todo es representación. Un álbum de vida de santos que podría repartirse en las catequesis pero que solo utiliza al cine como soporte, nunca por su excelencia para narrar la vida.

En Francisco la cámara nos cuenta la vida ajena, sino que es mera excusa visual para escuchar escritos, diálogos y voces en los que otros hablan de la figura papal o los ecos de su propia voz. Entre tanto paseo sin alma ni mirada crítica, Docampo convierte su filme en un papamóvil. Pero encorsetada y apresurada la película apenas sortea su intención de canonizar en vida al personaje, con lo que solo Grandinetti y el recuerdo de Borges aportan verdad porteña a este canto general de oración sin versos.
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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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