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Pequeña pero matona
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Guillermo Balbona | 17-08-2015 | 08:18

Ant-man

EE UU. 2015. 117 m. (7). Ciencia-Ficción. Director: Peyton Reed. Intérpretes: Paul Rudd, Michael Douglas, Evangeline Lilly, Jordi Mollà, Judy Greer. Cinesa y Peñacastillo


En su aire de no darse importancia reside su mejor baza. Es un fantástico con empaque pero sobre todo con un sentido del humor sano y coherente. Un filme aseado que nunca pierde su sitio, que ironiza con los estereotipos y apela al entretenimiento. Como si a ‘Los vengadores’ les hubiese salido una oveja negra, torpe pero eficaz, esta vuelta de tuerca a aquel magistral ‘increíble hombre menguante’ se mueve con encanto gracias un reparto y una historia bien sincronizados.

Peyton Reed, cineasta de ‘Separados’ y ‘Dí que sí’, además de frecuentar el campo televisivo, tiene la comedia en la cabeza y no se separa de ella ni un milímetro a la hora de trazar la aventura muy azarosa de este hombre hormiga, pequeño pero matón, dispuesto a desbaratar el entramado de espionaje industrial y amenaza apocalíptica que esconde el argumento tras sus resortes casi cómicos. Al contrario que en la mayor parte de la adaptaciones de la Marvel a la pantalla aquí se respira cierta serenidad y no hay ansiedad por acumular ni por correr hacia ningún sitio.

Las escenas de la preparación y conversión del protagonista en hormiga contienen momentos de gran lucidez y hallazgos atractivos entre la acción, el ritmo y el sentido de la comedia. A ello contribuye la llevadera ingenuidad que aplica Paul Rudd, también guionista, a su personaje. Como ya sucediera con la excelente ‘Guardianes de la galaxia’, aquí lo lúdico y juguetón se impone y pese a la ligereza, el filme avanza gracias a su carga bien simulada de inocencia. Podría haber sido mucho más. Buscar la parábola política, la transgresión, la provocación desde la pequeñez de su invencible hombre hormiga, pero ‘Ant-man parece acomodarse en esa zona de confort llamada película simpática. Haciendo chistes sobre la hipérbole constante a la que nos someten los superhéroes, ‘Ant-man’ se contagia de la pequeñez de su mundo y no da el salto definitivo que la hubiera convertido en una cinta atrevida. Permanece agazapada y uno deseaba que se soltara la melena para romper el género desde dentro. Por ello el filme se queda en una tierra de nadie peligrosa, que puede condenarlo al olvido. El tramo citado de la iniciación, como el primer viaje del protagonista  en su estado minimalista frente a un mundo inmensamente grande, depara momentos insuperables. Y lo mismo sucede en ese clímax final cuando el combate entre acción y comedia prolonga el desenlace con inteligente destreza. Pero todo se detiene en momentos.

‘Ant-man’ busca con demasiada asiduidad el conservadurismo formal, teme ser devorado por los puristas del cómic y el salto inmortal no se produce. Es como si Michael Douglas, con su  subrayado, hiciera de comisario político y viniera a poner orden vigilante a la posible rebeldía formal. Los ratos entretenidos están garantizados, pero su prometedora mezcla de originalidad y encanto puede correr el riesgo de  anclarse en el sueño kafkiano y redentor de un bromista.
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Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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