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Hojas casi muertas
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Guillermo Balbona | 11-08-2015 | 09:07

Ciudades de papel
EE UU. 2015. 109 m. (7). Drama. Director: Jake Schreier. Intérpretes: Cara Delevingne, Nat Wolff, Halston Sage, Caitlin Carver. Cinesa y Peñacastillo

La  clave sigue siendo cómo contar el cuento. El joven enamorado de su vecina, las primeras sensaciones de pérdida, lo iniciático, el sexo, las revelaciones y desengaños. ‘Ciudades de papel’ es un intento de remover las cartografías primarias de unos adolescentes que han emprendido el camino definitivo hacia la urbe adulta. Con la voz del poeta Walt Whitman (‘Hojas de  hierba’) y la del capitán Ahab y la ballena como referentes, o más bien coartadas universales y literarias, el filme es un azucarillo diluido en un espacio ambiguo, ese ecosistema que juega con las fronteras entre donde empieza la comedia y concluye el drama. Hasta aquí la atmósfera de una historia que persigue en los detalles su originalidad pero sin lograr nunca cruzar con valentía las señales, los territorios y las medidas de ese mapa mágico y único que es contar una historia.

El romance de instituto, el primer amor, el descubrimiento del dolor, la idea salvaje de la libertad se enuncian con ingenua ilustración pero el filme de Jake Schreier se detiene siempre ante la posible transgresión y subversión, quizás por no romper con su fuente literaria de superventas adolescente. Por ello oscila todo entre la suave reflexión, la comedia cómplice grupal y la anécdota ligera, entre lo empalagoso y el humor grueso. Paradójicamente el cineasta de la también interesante pero fallida, ‘Un amigo para Frank’, se sitúa plácidamente en la zona de confort que su historia trata de violentar con el retrato de un espíritu libre. En lugar de arriesgar con una narración sutilmente poética el filme discurre con el mismo tono entre lo falsamente agradable y una melancolía de la que afloran los mejores momentos.

Como en ‘Bajo la misma estrella’, la novela para jóvenes y adultos de John Green, de chico conoce chica, podría haber sido un retrato sobre cómo fabricar el asombro pero la cosa se queda en relámpago virtual. Mejor Nat Wolff que Cara Delevingne, precisamente su carencia a la hora de transmitir fascinación es el déficit principal de Schreier. Es cierto que su labor es honesta, procura no descender a lo amanerado y afectado, pero a su vez el conservadurismo visual es su propia trampa. Puede caer simpática pero la historia nunca crece en su intento de aportar diferencia. La aventura juvenil combina en un frasco de cristal poco transparente la ligereza, el enigma y el vértigo pero al descorchar no hay marejada ni luz interior. Una especie de ‘Cinco secretos’ con carga trascendente pero que de tan alada nunca impregna ni contamina.

El barón rampante que se sube al árbol para ver/negar el mundo es aquí un viaje iniciático en busca de la amada, o sea del ideal romántico. Sin embargo ‘Ciudades de papel’ elude dar verdad al elogio de la diferencia, libre e inmenso, y s queda en la apariencia, en esa zona de confort tan conformista como vulgar. Entonces los versos de Whitman son un simple espejismo: «Yo soy aquel a quien atormenta el amoroso anhelo…»

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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