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Paella mixta de estado desatado
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Guillermo Balbona | 21-07-2015 | 07:30

Rey gitano
España. 2015. 116 m. (16). Comedia. Director: Juanma Bajo Ulloa. Intérpretes: Karra Elejalde, Manuel Manquiña, Arturo Valls, María León, Rosa María Sarda. Salas: Cinesa y Peñacastillo.

K arra Elejalde y Manuel Manquiña, dos por uno. Ponen la química, el fuego, la salsa, el aderezo y el escaso arroz de esta paella mixta autonómica, entre la farsa y el esperpento. Un baile regional de coreografía cañí, trama real, de realeza que no realista, y mucha sal gorda.

Juanma Bajo Ulloa posee mucho talento pero lo vuelve a desperdiciar en este regreso que se pretende cañero y explosivo y se queda en difusa y lúdica ventosidad. El sabor de esta gastronómica road movie de satánicas majestades, fuerzas del desorden, tramas y subtramas delirantes en un enredo enredado, demuestra que el excelente texto a sorbos que supuestamente la sostiene hubiera merecido una historia de verdad.

El cineasta de ‘Airbag’ regresa al cruce de caminos donde dejó su dinamita y detonador (salvo el paréntesis de la fallida ‘Frágil’) y se monta esta bomba de patria y Españas varias entre reunión de colegas y pandilla basura. ‘Rey gitano’, menos provocadora de lo que enuncia y más jocoso divertimento frugal que fina cocina para paladares exquisitos, se marca a fuego rápido, pero sin aliento ni aroma suficientes, una sátira que juega al despropósito. Al cineasta de ‘Alas de mariposa’ le sobra ruido y le falta fuerza, muestra inagotable desmesura pero sus ocurrencias, algunas muy divertidas, están diluidas y carecen de consistencia. Los juegos con las palabras, la parodia del sueño de la bandera en el autobús, la paella sangrienta, el banquete real constituyen magníficas paradas en un camino con muchos obstáculos en ese periplo que comienza en la ‘rioja avilesa’, cita la ‘basílica biliar’, y concluye en la costa cosmopolita de chiringuito políglota. A todos les duele España, así que deciden sanar la historia y lo irreconciliable, lo ibérico y los ocho apellidos españoles.

Viaje espídico de Estado desatado, bomba fétida, corrupción y desastre, con frases hechas retorcidas hasta parecer nuevas en una menestra de verduleras y salvapatrias. Un Berlanga sin lo berlanguiano, que dispara mucho y en todas las direcciones, pero cuya escopeta nacional de cartuchos delirantes pocas veces encuentra el objetivo ideal. Atrevimiento e insolencia pero menos. Sal gorda, caricaturas grotescas y probable indigestión. Para el verano y con algo de sangría puede colar, siempre con aire acondionado, si funciona, y una cierta brisa entre tanto olor a quemado.

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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