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No es una velada cualquiera
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Guillermo Balbona | 16-07-2015 | 10:03

La cena de los idiotas
1998 77 min. Francia Director: Francis Veber Reparto: Thierry Lhermitte, Jacques Villeret, Francis Huster, Daniel Prévost, Alexandra Vandernoot, Catherine. Comedia  Sala: Bonifaz. Filmoteca de Cantabria. Jueves 16 y viernes 17

Su teatralidad original no resta frescura a este enredo fundamentado en una receta directa pero nada simple, reivindicar y provocar la risa y conseguirlo. Ahora que la comedia está colonizada por replicantes dosis de escatología y vulgaridad y por  continuas ceremonias festivas donde solo parecen habérselo pasado bien los protagonistas, bienvenida sea la revisión de una comedia fina, inteligente y equilibrada en su coreografía de palabra, gesto y argumento. Una comedia de actores, excelentes por otra parte, y una imaginación lúcida que hace hincapié en la crueldad, entre la sátira y la velada ingeniosa.

La obra teatral de Francis Veber, ‘Le diner de cons’, estrenada con mucho éxito en 1993, vivió su traslación a la pantalla a través del propio autor. El engranaje casi perfecto del boca/oído permitió engrasar la expectación creciente en torno a una historia que tenía el espejo de ‘La jaula de las locas’ en el que mirarse, también llevada dos veces al cine, y que se prolongaría con menos fuerza en ‘Salir del armario’. Frente a insípidas naderías basada en ocurrencias fugaces, ‘La cena de los idiotas’ apuesta por la dignidad de la comicidad, el humor cómplice como retrato de nuestras miserias y grandezas y un diálogo fructífero entre el gag y los perfiles de los personajes.

El cineasta de ‘¡Que te calles!’ apela a la tradición, se ciñe al texto original sin aplicar subtramas ni hacer crecer artificialmente la película, y pese a ese lado chillón, de elogio de la hipérbole tan adherido a la comedia francesa, se revela rotunda en su caligrafía. Entre el cinismo, cierto humor negro y la burla bien entendida, el filme combina con eficacia la gestualidad, lo físico con la verborrea. Una historia dinámica, a veces vivaz, pero lastrada por un tramo final que busca el sentimentalismo y pierde energía y capacidad de sorpresa. Los gags telefónicos, la aportación de las interpretaciones, la entrega de todos los elementos que componen esta pieza de cámara contribuyen a potenciar la mezcla de locura, desinhibición, brillantez e irreverencia, salvo la moraleja añadida. Las meteduras de pata como eje de una acción cómica que no desciende a la broma cruda.

Las actuaciones impiden que la comedia se derrame. Lo ameno como rizo para enredar y enredarse. No hay la sutileza de la comedia clásica americana ni la desmesura coral latina, pero se agradece ese terri

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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