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Una historia entre rejas
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Guillermo Balbona | 05-06-2015 | 08:04

Son of a gun
Australia. 2014. 108 m. (18). ‘Thriller’. Director: Julius Avery. Intépretes: Ewan McGregor, Brenton Thwaites, Alicia Vikander, Matt Nable, Damon Herriman. Salas: Peñacastillo

Es tan correcta como previsible. Con vocación de anteponer la narración sólida al riesgo este thriller navega entre dos aguas y se mantiene a flote gracias a un excelente reparto. ‘Son of a gun’ arranca como un drama carcelario y se pasa después al lado oscuro de las vidas perdedoras, las traiciones y redenciones. El debutante Julius Avery, tras una carrera prometedora en el campo del cortometraje, trata a sus criaturas con mano artesana y realiza una filme sin fisuras pero mil veces visto, al que le falta ese gancho personal que unas veces llamamos impacto y otras conmoción. Cinta que huele a traslación de Hollywood a Australia la historia se mueve entre la intriga, el juego de atracos entre cacos listos y mafias tontas, o al revés, y una acelerada historia de amor con la que calzar al personaje que trata de saltarse los renglones del guión.

Ewan McGregor encabeza la nómina de intérpretes dispuestos a ceder protagonismo cuando la acción lo requiere. A Avery se le ve cómodo y seguro pero la historia no se mueve ni un ápice de las reglas no escritas del género y de esos argumentos manidos con la evasión como norma y también coartada.

El filme está habitado por los tics para lo bueno y para lo malo. Su corrección, su equipaje convencional no le deja respirar y ‘Son of a gun’ busca salidas en algún detalle encajado con pinzas. Esos relatos de amistad y traición, amor y desesperanza que han atado y entrelazado vínculos y despedidas, entre el fatalismo y la huida hacia adelante, son sombras pasajeras en el filme australiano, filmografía con producciones en alza como ‘The Babadook’ o el regreso de Miller con ‘Mad Max’. Tensa y prometedora en su tramo carcelario y más bien plana y rutinaria cuando el filme sale de las rejas y se asoma a las tramas cruzadas de los buscavidas, la ausencia de matices y de detalles suculentos marcan la posible personalidad más allá de la caligrafía con buena letra y de saberse el abecedario entero del género.

Brenton Thwaittes y Alicia Vikander torean con algo más que honestidad los arquetipos y estereotipos que rodean a sus respectivos personajes en su deseo de emprender nuevas vidas. El vínculo emocional y paternalista entre el atracador con leyenda y el joven inteligente que busca redimirse por el peor camino no funciona nunca y el filme se resiente. El Avery director salva de la quema al Avery guionista. Hay una mano profesional resabiada en el segundo y una eficaz mirada en el primero. Entre tanto giro, no menos previsible, se escurre la historia y solo la solvencia de McGregor impide el hundimiento. Que nadie crea que estamos ante una especie de ‘Un profeta’ porque las concesiones comerciales convierten el verismo de prisión y el supuesto drama social de fondo en carne de tópico.

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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