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Flipar y flipar
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Guillermo Balbona | 23-03-2015 | 17:26

Puro vicio
EE UU. 2014. 148 m. (18). Policiaca. Director: Paul Thomas Anderson. Intérpretes:  Joaquín Phoenix, Owen Wilson y Benicio del Toro. Salas: Cinesa

En su cine siempre late una desmesura fundacional, marca de la casa. Como si el ritmo cardíaco de sus personajes y el pozo sensorial de sus historias estuvieran sometidas a otro tempo. Tras la magistral ‘The master’, Paul Thomas Anderson busca un retorcido terreno en el que procura lanzarse al pasatiempo de los descarrilamientos y firma en ‘Puro vicio’ un juego de mesa peligroso, siempre al borde de las fronteras entre el exceso, la impostura y la locura con controles de avituallamiento.

El filme tiene mucho de carrera de fondo y si uno no acepta al principio que se enfrenta a muchas y diferentes etapas, a puertos y escaladas, a anodinos metros y a sorpresas delirantes difícilmente podrá llegar a meta. El cineasta de la maravillosa ‘Magnolia’ propone un mosaico de personajes, anécdotas y situaciones que tan pronto son mera frivolidad rupturista como golpes de genialidad. No se trata solo de la combinación de géneros, recurso posmoderno  ya manido en otros cineastas, ni siquiera la caligrafía trasversal, sino esa mirada libre que Anderson posa sobre sus criaturas y traslada con una extraña naturalidad. Con un reparto de fieles, actores fetiche y sorprendente eficacia coral, ‘Puro vicio’ oscila entre lo surreal y el subrayado de estilo, la psicodelia y el bebedizo de los setenta, el investigador privado y el flipe en colores.

La película, como casi todo su cine, no puede dejar margen para términos medios. O irrita y te deja cansino o te apabulla y te arrastra hacia un vértigo de metáforas, estados y monstruos exteriores e interiores. Hay sátira y desgarradura, melodrama y loca academia humana. Con la novela ‘Vicio propio’ de fondo, solo apta para puristas de Thomas Pynchon, la película de Anderson es un tiovivo con Joaquin Phoenix haciendo de caballito, mientras todos giramos entre la contracultura, la pérdida de identidad, el delirio y la sobredosis.

El sueño americano, la California setentera, todo con un humor paródico, de pastilla y marihuana. A veces hay cordura metamorfoseada y otras ocasiones locura con apariencia de coherencia narrativa. Nadie pude negar la originalidad, el deslumbrante material entre el desparpajo y el ingenio. Negación del sueño americano, retrato ácrata, intento de traslación de una caligrafía literaria peculiar a otra visual, o compleja y barroca simpleza. Al cabo, un alucinógeno de momentos letales y colisiones mentales. Parodia y homenaje con banda sonora de lujo y un actor a modo de gurú que nos invita a una fiesta de la que nunca sabremos si llegamos a entrar o hemos salido definitivament

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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