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De gárgolas y gárgaras
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Guillermo Balbona | 24-06-2014 | 17:40

Yo, Frankenstein
EE.UU. 2014. 93 min. Fantástico. Director: Stuart Beattie. Intérpretes: Aaron Eckhart, Bill Nighy, Yvonne Strahovski, Jai Courtney, Miranda Otto, Kevin Grevioux, Steve Mouzakis, Aden Young, Deniz Akdeniz, Virgine Le Brun. Salas: Cinesa y Peñacastillo.

 

Aquí no se libra nadie. La criatura por excelencia surgida de la noche del romanticismo, con Byron al fondo, ha sido zarandeada con mayor o menor acierto y convulsión. Pero la presunta originalidad del último acercamiento al mítico monstruo daña la línea de flotación de su esencia. Entre el cómic mal entendido, una trascendencia sin ironía ni sátira y una sensación de pastiche carente de espíritu el filme deambula herido de muerte por su propio delirio. El cineasta Stuart Beattie abre su fallida y, a veces, irrisoria función con un obligado recuerdo para Mary Shelley pero la grandilocuencia, la falta de carácter y de sutileza convierten al filme en un zombi de corta y pega que pulula con mucha ceremonia, apariencia y alma de puzle. Entre modernos prometeos, mitología de manual, guiños a los ‘inmortales’, reiteraciones y mezclas de géneros varios,  ‘Yo, Frankenstein’ se asemeja a un anuncio de combustión endemoniada con mucho Lucifer de discoteca sulfúrica y gárgaras de ácido entre gárgolas marchosas. Y entre tanta confusión apocalíptica e infernal un buen actor como Aaron Eckhart confunde contención y máscara. No hay latido sufriente ni elogio de la marginalidad. Este monstruo, más prefabricado con parches que nunca, se postula como un superhéroe de acción entre criaturas aladas de fuego y batalla celestial, todo ello con escasa solvencia. El director de ‘Mañana, cuando la guerra empiece’ opta más por los efectos especiales, la levitación y el desmadre a partes iguales. Y aunque todo procura ser aderezado con una pátina de severidad muy sentenciosa, con frases para hacer temblar al mundo, este ‘Underworld’ superficial oscila entre la manipulación genética y la violencia de cinta de artes marciales. Sectas y comunidades autónomas del mal se sitúan y postulan en este litigio territorial festivo y festivalero, de novela gráfica y viñeta sin depurar, pero sin el mínimo atractivo para hallar un matiz que justifique tanta rabieta de modernidad empastada e impostada. Guionista reputado Stuart Beattie precisamente se equivoca a la hora de dar cuerpo a una historia dispersa que busca contentar a todo tipo de públicos con un cajón de sastre que parece el propio cuerpo de la criatura. En este caso un modelo inmortal con mucha cicatriz y escasa psicología. No hay delicadeza en la oscuridad y la supuesta espectacularidad es completamente afectada, de burdo maquillaje. Vence no el mal, sino la tosquedad de una aventura hecha de apropiaciones inapropiadas.

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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