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Con Chicote no habría guiso
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Guillermo Balbona | 28-05-2014 | 08:20

Amor en su punto
España/Irlanda/Francia. 2013. 87 m. Director: Teresa de Pelegrí, Dominic Harari. Intérpretes: Richard Coyle, Leonor Watling, Ginés García Millán, Simon Delaney, Lorcan Cranitchs. Salas: Cinesa y Peñacastillo.

Se parece a uno de esos menús degustación que funden lo tradicional con lo deconstruido y cuyo atractivo solo reside en la presentación. Hay quien alimenta con amor y hay pasiones que engordan. Pero esta comedia irlandesa de crisis sentimental, sexo vegetariano y deseo poco carnal, todo vuelta y vuelta, busca su condimento sin éxito desde que exhibe sus ingredientes y nunca alcanza la identidad de su sabor. Con tanto tópico en el plato y en la cama, el guiso sentimental resulta muy poco apetitoso. Lo de la media naranja, aquí sazonado con algo de salsa rosa y una gotas de picante, carece de brío y la digestión emocional es insustancial. Su estructura de carta clásica, diseñada con pretensiones de nueva cocina nunca logra susperar las recetas al uso ni los quiebros donde cuecen los misteriosos mejunjes de la atracción y la repulsión. Leonor Watling es la única que consigue que el paladar cinematográfico note los bordes del cielo de la boca. A la actriz y cantante da igual lo que le pongas en el plato, incluido este sinsorgo aperitivo sobre chico conoce chica. Inmensa como casi siempre va por delante del resto del reparto y aporta el perejil y la textura para dejar un rastro humano y de verdad donde todo rezuma artificio. Cuando la actriz toma el mando, salta el aceite, vibra la freidora y la materia prima, endeble y de baja calidad, encuentra otro gusto y reinventa las situaciones. El resto o se quema antes de llegar a la mesa, o está tan pasado/pesado que pide llamar a las puertas de otro restaurante de género con guión menos masticado. Teresa de Pelegrí y Dominc Harari, autores de  una sosa aunque interesante opera prima, ‘Seres queridos’, buscan ese juego urbano, sentimentalmente a la moda de la cocina como metáfora vital y referente mediático, y añaden una disección de los compromisos de una pareja, incluido un postre que se concibe amargo y que sale dulzón y previsible. Hay un subgénero desde hace casi diez años que mezcla cocina y cine entre fogones y, salvo raras excepciones, apela al cucharón sensible y al menú manido y recalentado. Gastronomía y diferencia cultural constituyen el delantal. La corrección y la puesta en escena sin excesos evita el desastre, pero el gourmet apenas tiene sitio en este banquete tan estudiado como poco dado a la sorpresa. Conscientes de que no habrá festín, ajeno a aquel ‘Bon apetit’ de Pinillos, el filme se deja lo esencial y nutritivo en el mantel como migas de una celebración ausente.

Sobre el autor Guillermo Balbona
Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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