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El 'cholismo', el mejor antídoto para combatir la 'madriditis' y 'barcelonitis'
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esplendorenlahierba | 31-01-2014 | 13:36

Si usted va a la Seguridad Social no espere que su médico de cabecera le recete ningún medicamento para combatir la ‘madriditis’ o ‘barcelonitis’. Si es que la padece de veras. Da igual que sea primavera, verano, otoño e invierno. Es una enfermedad de riesgo para culés y merengues. Va por estaciones. Unas veces la padecen más intensamente unos, y en otras épocas del año, los otros. Esta vez, el ‘caso Neymar’ ha sido la bacteria causante para que brote la epidemia.

Y otra vez, el famoso entorno. Otro legado que nos dejó Johan Cruyff. Uno para defender a capa y espada la pureza del barcelonismo. Esta vez, para sacar el ventilador. En vez de hacer autocrítica y tratar de aclarar la verdad, periodismo de bufanda. El mal de esta profesión donde se confunde el servilismo con el deber de informar El otro, desde la capital, que ha visto una buena oportunidad para enredar y tocar las narices. Algo que hubiera ocurrido desde el otro lado si se hubiese terciado la ocasión. Es el pan nuestro de cada día en el puente aéreo. No soy quien para decir lo que tiene que hacer cada uno, pero tengo mi opinión, Muy libre y la quiero dar.

Me resulta increíble que desde Barcelona no se haga autocrítica. Todavía soy un romántico. El deber del periodista es informar. Al ‘soci’ se le ha mentido vilmente durante todo el verano. Toda la maquinaria azulgrana se jactó de haber quitado al Real Madrid el fichaje de Neymar por unos irrisorios 57,1 millones de euros, mientras que los merengues se gastaron una morterada por Bale. Incluso, el recién llegado ‘Tata’ Martino entró en el juego. Ahora sería interesante que diera su versión tras conocer el precio real del brasileño. Mejor que no diga nada. Estaría ante un buen compromiso. El invierno y la demanda de Jordi Cases nos trajo la aclaración de Bartomeu, sucesor de Rosell, que el fichaje se iba a los 88,2, o sea, que el Barça se gastó 2,8 menos que el Madrid por el galés (aunque en Inglaterra se insiste en que su precio es de 101 millones). Este dirigente va a dar el mismo juego que Vicente Boluda, recambio en la presidencia madridista, tras la dimisión en enero de 2009 de Ramón Calderón.

El famoso entorno, en vez de pedir explicaciones a los rectores azulgranas, buscó una cortina de humo en un primer momento. Hubo hasta coincidencia: justificar la operación con la posible inversión que el Madrid pudo haber realizado para haber acometido la contratación del brasileño. Vamos, que la culpa de todo el desaguisado la tuvo Florentino Pérez por no haber llenado de más ceros el talonario. Ahora vienen con que si el Madrid impuso el secreto del fichaje de Bale. Y el Barça, y sus dirigentes, de rositas. Nada de pedir responsabilidades. Sí, justificar que el proceso de la demanda se aceleró tras una conexión Aznar- Gallardón-Ruz, que suena más a guion cinematográfico. Y en el ambiente, varias incógnitas. Y más leña al fuego.

Una. Si, realmente fue Cases, por su voluntad propia, retirar la demanda o recibió presiones del Barça para hacerlo.

Dos. Qué explicación dar tras reconocer el padre del futbolista que recibió dinero por adelantado antes de tiempo con lo que quedaría al desnudo el ‘seny’ culé. A Rosell se le llenó la boca al decir que el Barça siempre iba de cara en los fichajes y que trataba primero con el club y no con el jugador en cuestión, tal y como hacían otros (en referencia clara al Madrid). La FIFA tiene argumentos de sobra para meterle un buen paquete al Barça. No creo que lo haga. Se rajará seguro.

Tres. Que el Santos no estaba al tanto de las gestiones del Barça con el jugador en noviembre de 2011 (tres años antes de que acabara su contrato), algo que sí mantiene el delantero. Cuatro, que el grupo Sonda, que poseía el 40 por ciento de los derechos del jugador, denuncia que el Barça le ofreció 6 millones más para taparles la boca. En vez de aclarar estos puntos, ataque de ‘madriditis’. Aunque prefieren hablar de ‘barcelonitis’ desde la capital. Aquí no se ha querido perder la ocasión en sus críticas, pero más en el fondo que las formas. Cuestión de criterios. La ‘barcelonitis’ se ha instalado los últimos años en Madrid. Por los éxitos del ‘Pep Dream’, pero no precisamente por el ‘caso Neymar’.

Mientras que se agudiza la ‘madriditis’ y ‘barcelonitis’ aflora el ‘cholismo’. El mejor antítodo para acabar con esas dos enfermedades. Febrero será un mes vital en las aspiraciones futuras de los tres. Quién sabe si el ‘caso Neymar’ pueda desestabilizar al Barça. El Atlético lo tiene chungo, pues aunque cumpla con su trabajo debe esperar a que fallen sus dos rivales de campananillas. Uno podrá hacerlo, pero los dos, sería de Guinness. Mientras que llega el desenlace, el ‘cholismo’ es un aire fresco a la nueva crispación azulgrana-merengue. La filosofía de Simeone se extiende y llega a su momento más álgido. Tras un titubeante inicio de año, más por juego y sensaciones que por resultados, el Atlético no afloja. Mantiene intactas sus probabilidades de éxito en las tres competiciones. Su gesta de San Mamés, que ha pasado de puntillas por la guerra mediática del puente aéreo, pone al Atlético de nuevo en la pomada. El Cholo se frota las manos. Los suyos, bien tapaditos, observan los ‘palos’ que se dan los otros por el otro lado. Un desgaste extra futbolístico que puede beneficiar a los intereses colchoneros. Lo peor, la lesión de Filipe Luis. En Barcelona se las prometen felices por la eliminatoria Atlético-Real Madrid. Pero que se anden con ojo. La Real no es ‘moco de pavo’ y dentro de tres dos semanas, su duelo ante el City en la Champions será a priori más exigente que el Schalke 04 y Milan para blancos y rojiblancos, respectivamente.

Unas semifinales coperas apasionantes. En la madrileña, me inclino por el Atlético (60-40 por ciento). El Madrid ha mejorado defensivamente, pero los rojiblancos son los actuales campeones del torneo, se manejan como nadie en las eliminatorias, le han cogido el truco al eterno rival en el Bernabéu, la vuelta es en el Calderón, no han bajado un diapasón en su intensidad en el juego y tienen como filosofía al ‘cholismo’. A diferencia que en ‘Can Barça’, en el Manzanares, ahora no hay ‘madriditis’. Y que en Barcelona no vean su duelo con la Real como un paseo. Los Griezmann, Vela, Xabi Prieto y compañía van a provocar que salga la mejor versión de los azulgranas si quieren llegar a la final.