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'El Racing is back'
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esplendorenlahierba | 17-01-2014 | 10:22

En EE.UU se ha dicho en estos días: “Spain is back”. Y en España, el que ha vuelto es el Racing. El centenario equipo montañés. La verdad es que nunca se fue, pero los avatares de la vida le han  llevado al pozo de la Segunda B. Por errores desde los despachos. Por hacer el indio. Muchos le dieron por muerto hace unos meses. Estuvo al borde de la desaparición. Justo en el año de su 100 cumpleaños. Caprichoso el destino. Nunca entenderé cómo fue posible caer en manos especulativas en dos ocasiones. Una pena que ningún empresario ‘made in Cantabria’ se hubiese hecho con su control y evitar su condición de juguete caprichoso para otros que vinieron de fuera.

En el pozo de la Segunda B nadie daba un euro por él. Una muerte lenta y agónica le vaticinan, pero ‘Los hombres de Paco’ (Fernández) no se resisten a su suerte y se han ganado a la gente. No por su torpeza, disparatadas situaciones ni por sus gags cómicos, como en la mítica serie de Antena 3. Lo han hecho a base de un coraje, una profesionalidad, una integridad y a su pasión por seguir sintiéndose futbolistas. En un lado han dejado sus frustraciones, sus penurias, Han sacado su talento, enterrado en la categoría de bronce del fútbol español, y han convertido al gran Racing en ‘matagigantes’, en el animador del torneo del K.O. Han pasado por la piedra a Sevilla y Almería unos futbolistas que están dignificando la profesión. Nos hemos tirado meses por hacer campaña para el ‘Balón de Oro’. Las ‘dos Españas’. La del ‘pantumaca’ y la de ‘la central lechera’. El fútbol es grande, gracias a ellos. Ni ‘Pulga’ ni ‘Bicho’. Por los colosos del Racing. Tomen nota. Son estos: Mario, Dani Sotres, Sergio Pérez, Javi Barrio, Francis, Iñaki, Orfila, Oriol, Juanpe, Saúl, Andreu, Javi Soria, Borja Granero, Rubén Durán, Ander, Koné, Mariano, Miguélez y Ayina. Y a ellos hay que unir a Fede. Con 16 añitos debutó en Almería. Otro futuro producto de la ‘factoría montañesa’.  

Llevan cuatro meses sin cobrar. Están siendo ninguneados por un presidente, Harry, que está jugando sucio. Ha incumplido su promesa. “El 31 de diciembre estaréis al día”, les dijo. Palabras que se llevó el viento. Mediado enero, todo sigue igual. Muchos habrían podido desertar. Razones y justificaciones no les faltarían, pero, en vez de hacerlo han sacado un orgullo y se han reivindicado. Han vuelto a sacar lustre a sus borceguíes. Importó poco meterse una pila de kilómetros para eliminar a los dos Primeras. En el equipaje de vuelta, otro billete para seguir como protagonistas en el torneo del K.O.

Un Racing, que más de un racinguista, ha bautizado como ‘el de los cojones’. Que ha conquistado el corazón de más de un futbolero que tiene otros colores, pero que se ha hecho racinguista por unas horas, por unos días, y que lo seguirán siendo dos semanas, o más, si sigue dando sorbos al aburrido y carcamal modelo de la Copa del  Rey. Este Racing, que como hubo otro, se ganó a la admiración de los ‘españolitos de a pie’ en la década de los 70. ‘El de los bigotes’. Santamaría; De la Fuente, Chinchón, Espíldora, Sistiaga, García; Sebas, Pedro Amado, Barba, Arrieta y Aitor Aguirre hicieron historia en la temporada 1972-73 con el equipo en Segunda se metieron en el bolsillo a propios y extraños. De la mano de Maguregui, que instauró la ‘táctica del murciélago’.  se dejaron crecer el mostacho, Un guiño a su racha victoriosa. Durante tres meses se les crecieron hasta que el 16 de noviembre del 72 pasaron por la barbería del Vallehermoso tras caer 2-0 ante el Rayo.

Dos años antes, mi bautismo tuvo lugar en el viejo Sardinero. ‘Santander, Mar de Castilla’, como se decía por entonces, fue mi primera visita a un campo de fútbol. Desde ese día,  el Racing conquistó mi corazón. Mientras que mi madre, mis dos hermanas y mis dos hermanos (luego vendría un quinto), se quedaron en la playa, mi padre, me cogió de la mano, y cambiamos de estar sentados en la toalla a hacerlo en la mítica grada del santuario racinguista. Me llamó la atención las columnas que sostenían los fondos. Ese día, el Langreo era el rival del Racing. No jugó Santillana, futura cabeza del fútbol en blanco y negro, pero sí lo hicieron Aguilar y Corral. Los tres acabarían de blancos al final del curso tras previo pago de 23 millones de pesetas de entonces. El Racing, vivero de míticos futbolistas, necesitaba dinero con urgencia por una deuda contraída. Con Santillana, coincidí más de una vez en un garaje de la calle Doctor Fourquet. En el castizo barrio de Lavapiés. En el número 21, una coqueta corrala, fue mi primera casa. Unos metros más arriba, rebasada la calle Argumosa, mi padre guardaba allí su 600. Santillana, su Renault 8. El delantero vivió en sus primeros años en la capital en la calle Santa Isabel, en la pensión que tenía el cuadro merengue para sus jugadores que venían de provincias.

Luego, ya de más mayor, tuve la fortuna de conocer a otros racinguistas: Arteche, Marcos Alonso, Quique Setién. “Ni Schuster, Maradona o Pelé, Quique Setién”, se gritaba con pasión desde las gradas del Sardinero. O a Radchenko, gran noche la suya en el 5-0 al ‘Dream Team’. Tuve la inmensa fortuna de vivirla en directo. Como siete años después, estar en el ascenso tras vencer al Atlético (1.-0). Gol de Moratón y el ‘We are the Champions’ como música de fondo. Esa tarde pude hablar con otro racinguista, y cántabro de ‘pro’. Seve Ballesteros. Antes, hice migas con Munitis, Esteban Torre, Ceballos, Luis Fernández, ‘Petete’ Correa, Zalazar… y el gran Nando Yosu. Me pondré siempre de pie al oír su nombre. Hubo otro que nunca llegó a vestir los colores blanquiverdes: el talentoso Iván de la Peña.

Me resisto a que el Racing nos deje, se esfume, desaparezca. Por sus bigotes, por sus cojones… Su camiseta, su escudo centenario debe acompañarnos. Su corazón no debe dejar de latir. Sus machadas en la Copa deben servirle para coger fuerzas para el final del curso. No nos engañemos, su ‘ser o no ser’ pasa porque la bolita entre y se cristalice su ascenso a Segunda. Y que el ¡Racing, Racing! ¡ra, ra, ra! no deje de escucharse.