img
Anquelotti y Ancelotti, unidos por una pizarra
img
esplendorenlahierba | 14-06-2013 | 08:28

El padre del Alcorconazo ya tiene curro cinco meses después de su despido en Granada. Llega libre al Numancia. Contratación a coste cero. En Soria se frotan las manos. Llega un técnico mediático. Es Anquelotti. No Ancelotti. A este le esperan en el Bernabéu tras previo paso por caja. El PSG puso precio a la libertad del italiano. Se habla de 7,5 millones. El club blanco pondrá cuatro y el resto correrá por cuenta del técnico. A la tercera será la vencida. Florentino intentó sin suerte su fichaje en 2005 y 2009.

Miren que hay entrenadores en el mundo, pero últimamente el Real Madrid ha tenido que pagar por ellos. Pasó con Schuster  (480.000 euros al Getafe). Luego con Pellegrini (4 millones al Villarreal) y hace tres años con Mourinho (8 kilitos de nada al Inter. En Italia se aseguró que fue el doble). Por Carlos Queiroz y Fabio Capello hubo más suerte. El portugués, segundo de Ferguson, tuvo que interrumpir las vacaciones de su jefe en Niza en junio de 2003 para suplicarle que le liberara del contrato que tenía firmado hasta 2005 con el United. Sir Álex accedió finalmente y Florentino se ahorró unos milloncejos en la contratación del luso que pasó con más pena que gloria como sustituto de Del Bosque.

En 2006, a Ramón Calderón le salvó el descenso de la Juventus a la Serie C del Calcio. Su baza electoral fue Fabio Capello. Al italiano le restaba un año de contrato con la Vecchia Signora, pero los acontecimientos se precipitaron con el escándalo en que se vio envuelto el club blanquinegro al que le supo de cine la dimisión de Capello, que entonces, tuvo vía libre para fichar por el Real Madrid.

Pero volvamos a nuestro Anquelotti. A Anquela no le gusta que le llamen así. La culpa del apodo la tuvo una pizarra y al ingenio de un futbolista. El Alcorcón se detuvo en un restaurante durante un desplazamiento liguero. La televisión estaba puesta. Un reportaje del Milan de Ancelotti amenizó la cena de los alfareros. De repente salió el italiano junto a una pizarra. “Es igual que la del míster” se pudo escuchar en el salón. Pero una voz, la de Íñigo López, fue a más: “Ancelotti es como Anquela” dijo el central. El jienense quedó bautizado como Ancelotti para los suyos en el vestuario. Desde el 24 de octubre de 2009 todo el mundo le conoce con ese cariñoso apodo.

No sabremos si el italiano vendrá a Madrid acompañado de un psicólogo. En el Milan y Chelsea le ayudó Bruno Demichelis. Un antiguo karateca olímpico que liberaba las tensiones de los futbolistas en La Mind Room. Un lugar donde los jugadores combatían  el estres, problemas emocionales o la motivación. Nuestro Anquelotti tiene su peculiar plan psicológico. La pizarra pasó a mejor vida. “A los futbolistas no les digo nada especial. No utilizo pizarras, ni dibujos, ni flechas para codificar los partidos. Les cuento historietas graciosas para que salgan al campo sin complejos”, resumió un año después del Alcorconazo.

Echa noche echó mano de un cuento para motivar a los suyos. Bueno puso algo de su cosecha. “Somos la cenicienta, pero vamos a estar en el mismo baile que el príncipe e igual le guiñamos el ojo, lo enamoramos y lo traemos a nuestro terreno. Debemos disfrutar porque a los 12 volvemos a casa en una calabaza”, les dijo. Antes del partido, apareció tatareando el “Hoy puede ser un gran día” de Serrat en el vestuario. De Ancelotti se dice que le encanta la música y los karaokes.

Ancelotti y Anquelotti comparten dibujo. Si la pizarra del italiano era la misma que la del jienense es también por la distribución de sus jugadores en el verde. El 4-2-3-1 y el 4-4-2 son las apuestas preferidas de ambos. Tener el balón, llevar la iniciativa y buscar los espacios son sus máximas. El italiano, un hombre que transmite tranquilidad. El jienense, un hombre que toca la fibra a los suyos buscando implicación. “Vivi muchos lunes al sol duran te una larga etapa. Es muy duro para el entrenador.  En el fútbol hay que arriesgar y eso es lo que quiero que asuman mis jugadores cuando saltan a un terreno de juego. Hay que ser valientes”, defiende.

Dos tipos que dan juego. Fuera del campo, Ancelotti y Anquelotti se muestran dialogantes y cercanos. Del primero hay una anécdota  curiosa en su etapa en el Chelsea. Durante un partido entre juveniles en Stamford Bridge fue recriminado por una seguidora blue por sentarse en  su localidad. “Entiendo el enfado de la señora. Va con el cargo”, dijo. Al ahora técnico del Numancia le conocemos de sobra.

Pero lo que está claro es que los compañeros que cubren la información diaria del Madrid van a tener enfrente una persona con sentido del humor. “Mi primer hobby es el fútbol y el segundo, disfrutar de los placeres de la vida”, manifestó. O cuando preguntado por si Mourinho le había pasado vídeos del Barça en el duelo ante el PSG, soltó con ironía: “Todavía estoy esperando a que me los pase”.  Seguro que dará titulares, pero con otro talante y bien distinto al ahora llamado Happy  One.

La Copa ya tiene un aliciente. Ancelotti y Anquelotti van a estar separados por 231 kilómetros, pero la distancia podrá reducirse en unos metros e incluso podrían saludarse unos segundos. El Numancia iniciará antes su participación en el torneo del K.O. El morbo estará a buen seguro en el sorteo en el que entre en liza el Real Madrid. Miren que si hay un duelo Ancelotti-Anquelotti.  La sombra del Alcorconazo planeará sobre el nido blanco. Antes deberán cumplirse tres requisitos. Primero. Que el PSG fiche a Laudrup y que el Madrid pague por el italiano. Puede ser el próximo lunes. Segundo. Que el Numancia pase las primeras cribas en la Copa. Tercero. Que las bolitas emparejen a madrileños y sorianos a la primera de cambio o a la segunda, tercera… pero que se dé por favor. Sólo habrá un ausente: Íñigo López. Puede que esté jugando en otras latitudes y no se podrá oír su voz cuando los dos técnicos se saluden en los prolegómenos del partido. Como hizo el central aquella noche en un restaurante cuando gritó: ¡Ancelotti es como Anquela!