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Las dos partes de una historia
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Redacción DM | 23-04-2016 | 11:35

El resumen de actualidad de esta semana.

Por Pilar González Ruiz

Todas las historias tienen, siempre, una cosa en común: las personas. Quienes las leen (ustedes) y quienes las cuentan (nosotros).   La relación entre una y otra parte baila por el filo adictivo del amor-odio constante, como las telenovelas que enganchan, como esos buenos idilios pasionales en los que un día adoras y otro desprecias sin bajar la intensidad.

 No tenemos claro si las máquinas que nos rodean terminarán siendo una amenaza que ocupe el espacio de una de las mitades, (esta),  como nos relataba esta semana Marta San Miguel en un profundo análisis de la llamada cuarta revolución industrial.

A los periodistas nos gustaría poder responderles como su carnicero de confianza, ese al que los clientes le piden carne “pero de la buena” antes de marcharse satisfechos con su compra. Ojalá pudiéramos darles todos los días buenas noticias, pero eso no sería periodismo, porque este oficio tan vilipendiado consiste en contar la realidad. Y la realidad no es amable.

 Por eso, narrar historias que terminan bien, como hizo Álvaro San Miguel con la de la cántabra desaparecida en el terrible terremoto de Ecuador, que sobrevivió a tal catástrofe, es una satisfacción. En otras ocasiones, desmembrar una información farragosa y facilitar la comprensión de sus recovecos se convierte en labor diaria. Ser útiles. Hacer de la comunicación una herramienta para el día a día.  Lo intentamos con el explicativo artículo de Gonzalo Sellers acerca de la Ley de Transparencia o las pistas sobre la odisea en que se convierte conseguir plaza en las aulas de 2 años.

 Cuando nos enfrentamos a la pantalla en blanco (podríamos decir folio por romanticismo tipo Hemingway, pero son pocos los que escriben a mano algo más que las notas aceleradas de las ruedas de prensa), nos obligamos a pensar en la mejor manera de enganchar al lector, el desarrollo más atractivo de un relato. Historias que, en ocasiones, se sostienen por sí mismas, especialmente si generan controversia; nos gusta la polémica. Esta semana hemos tenido dos ejemplos: uno cargado de misticismo; Corocotta y otro puramente realista; las críticas del doctor Piñal a la sanidad pública y a la gestión de Valdecilla, que ha sido uno de los temas más comentados y compartidos por los lectores.

 En este panorama tecnológico, en el que crecen los consumidores de lectura electrónica y música en streaming, de compras online y mensajes inmediatos,  los periodistas vivimos una “clickitis” aguda que nos tiene enganchados a la actualidad. Aunque a veces la noticia sea que no hay noticia; no hay gobierno, no hay convenio del Racing, ni sede para el Mupac. Los que nos movemos en la esfera digital a veces tenemos que obligarnos a poner el off, porque vivir es más que trabajar.

Para mantener esta relación variable y dependiente entre ustedes y nosotros, seguiremos asumiendo los errores y mejorando lo más rápido posible. Trataremos de hacer buen periodismo, tan necesario en el formato que sea,  inspirándonos en los genios atemporales, luchando contra molinos a base de palabras, leyendo más, apasionándonos a menudo  y con una buena canción de fondo.

Buen fin de semana.

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