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Fecha: octubre, 2017
Asalto al carrito de los postres
Diego Ruiz 21-10-2017 | 5:41 | 0

Quisiera que algún jurista amigo me dijera qué condena puede caerme por asaltar uno de esos carritos de postres que tienen, al servicio del público en general, algunos restaurantes de postín de nuestra región. Y, además, que me explicara sí es mejor cometer el delito con arma blanca, recortada macarra al estilo del inolvidable ‘Vaquilla’ o, simplemente, secuestrar ese provocador cajón con ruedas, sin pedir rescate alguno. Y a mi médico, celoso vigilante de los niveles de colesterol, qué cantidad de dulce puedo meterme en el cuerpo de una sola sentada, o panzada se entiende.
Hace unos días le pregunté a la jefa de sala de uno de estos restaurantes donde se pasea el provocador carrito sí podía asaltar a cara descubierta la caja mágica de sus postres y me dijo que, sin duda, iba a contar con la ayuda de otros delincuentes de la misma calaña y glotonería que yo.
Seguramente, el abogado al que pido consejo, mi galeno y el jefe del Cuerpo Superior de Policía me recomendarán que me siente en el comedor y pida una ración, o dos, y que la pague religiosamente como todo ciudadano de orden. Pero ellos no saben de mis debilidades. Como muchos otros, tomo religiosamente la pastilla para el colesterol cada noche y el salchichón ya no sé ni qué aspecto tiene. El queso se quedó en mi memoria hace tiempo y el último cubata creo que lo bebí cuando se estrenó Memorias de África. Lo que a mí me pasa frente al carrito de los postres es que tengo dos momentos que siempre me hacen sudar y salibar al mismo tiempo. El primero es el de las dudas. Qué elegiré: si la tarta de chocolate, si el tocino de cielo, si el ponche segoviano, si la torrija de sobao… El segundo momento es el del arrepentimiento. Y no por lo del colesterol, sino porque siempre tengo la impresión de que la elección pudo haber sido mejor. Que en vez de la tatín, me hubiera ido mejor con la de piña o el flan por un suponer. Letrado, porfi, dígame usted.

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Cantabria arrasa
Diego Ruiz 08-10-2017 | 6:33 | 0

Lo de Cantabria está de moda. Arrasa por doquier. Las anchoas que tanto publicita nuestro presidente Revilla, los sobaos de un desayuno cada vez más popular, el bonito y los bocartes de los puertos de Santoña, Laredo, San Vicente, Colindres… Y el orujo y los vinos de la Costa y de Liébana. Pero, sobre todo, si hay algo cada día más en boga en todo el país, son nuestras ricas rabas del aperitivo. Vayan dos ejemplos: Palencia, día 2 de septiembre, en plenas fiestas del patrón de la localidad, San Antolín. Ese día hay, entre otras actividades, teatro, desfile de peñas, una corrida de toros, fuegos artificiales y el concierto en el Parque del Salón del grupo Sweet California. Las calles están llenas de gente y todas llevan directamente a la Plaza Mayor. Allí, en un establecimiento que lleva el mismo nombre, hay triple fila para pedir unas cañas y el aperitivo. Y en la terraza, sentarse, es tarea imposible. Justo en el centro del bar hay colocado un cartel en el que se lee: «Hay rabas al estilo del restaurante La Radio, de Santander». El que llega a la capital castellana del pueblo de Santander o de la ciudad de Torrelavega y se encuentra con tal información, no puede más que flipar. Las rabas que desde hace muchos años sirve Mariano Mora en su taberna de la calle General Dávila han pasado El Escudo y se comen en La Meseta. Ni que decir tiene que cosas como esta le hacen ilusión a uno, sobre todo si ese tipo de rabas son con las que un servidor trata de disfrutar obligatoriamente varias veces al año.
Pero hete aquí que días más tarde, por el grupo de whatsApp de la Peña Bocarte, a la cual tengo el honor de pertenecer, mi amigo Chanín me manda la foto de un cartel de un bar en Lugo, de nombre Vermutea, en el que se ofrece un vermut preparado al que se acompaña de «rabas al estilo de Santander, anchoas de Santoña, mejillones en salsa picante y gran variedad de conservas».
A qué mola encontrarse estas ofertas cuando uno está de viaje fuera de la tierruca.

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Sobre el autor Diego Ruiz
Santander 1960. Universidad de Cantabria. Sección de Deportes, Cantabria en la Mesa y, a veces, algo de toros. En la redacción de EL DIARIO MONTAÑÉS desde 1984 pasando por casi todas las secciones.

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