De la playa de LUAÑA a la ensenada de BOLAO se puede ir paseando por la costa. Es un maravilloso paseo que, en las tardes apacibles del verano, contribuye a relajar nuestro cuerpo y sosegar nuestra mente.
De la subida al acantilado, después de pasar por delante de la casa de Chirri y El Refugio nos aparece a la izquierda la inmensidad del mar.
Con un poco de suerte, allá, mar adentro, se distinguen las siluetas imponentes de los barcos que, surcando las aguas del mar Cantábrico, entrecortan el lejano horizonte.
Del otro lado, a la derecha, la mies a los pies del pueblo de COBRECES. La Parroquia, el Convento de la Trapa, La Iglesia de San Félix, hoy Cementerio. Al fondo la ermita de Santa Ana, patrona del pueblo, fundiéndose en la infinidad de los Picos de Europa aún nevados.
Sin darnos cuenta nos sorprendemos tarareando unas estrofas del himno de Cóbreces “allí picos bordando el azul … y allá en las rocas ásperas bramando ronco el mar… soy montañés tralaralala…”
Ya llegando a dar vista a BOLAO, antes de comenzar el descenso desde Villacisneros, aparece, al fondo, el pueblo de TOÑANES. La pradería multicolor nos hipnotiza. Nuestros sentidos se llenan de olores entremezclados de aire marino y flores salvajes que bordean el serpenteante camino.
A medida que descendemos, percibimos el ruido del Rio La Verde deslizándose, cantarín, por la presa del molino, hoy en ruinas, de Bolao junto al bramar de la mar estrellándose contra las rocas del acantilado.
Si hemos calculado bien nuestro paseo podremos admirar, sentados en las rocas entremezcladas de hierba, al borde del acantilado, una maravillosa puesta de sol, la Rebollera y la imagen del indio en primer plano.
De tarde en tarde, al capricho de las mareas aparece en BOLAO, entre las rocas, una coqueta playa que pocos han tenido la ocasión de admirar.
La ensenada de BOLAO por su incomparable belleza nos sorprende, cada vez con algo diferente, que quedará para siempre grabado en nuestro recuerdo y que en cualquiera de los casos nos hará sentirnos transportados.
No me cansaré nunca de repetirlo. “La ensenada de BOLAO es un lugar de ensueño”
























