Cóbreces mi pueblucu “…de Luaña a Bolao”.

De la playa de LUAÑA a la ensenada de BOLAO se puede  ir paseando por la costa. Es un maravilloso paseo que, en las tardes apacibles del verano, contribuye a relajar nuestro cuerpo y sosegar nuestra mente.  

 

De la subida al acantilado, después de pasar por delante de la casa de Chirri y El Refugio nos aparece a la izquierda la inmensidad del mar.

Con un poco de suerte, allá, mar adentro, se distinguen las siluetas imponentes de los barcos que, surcando las aguas del mar Cantábrico, entrecortan el lejano horizonte.

 

 

Del otro lado, a la derecha, la mies a los pies del pueblo de COBRECES. La Parroquia, el Convento de la Trapa, La Iglesia de San Félix, hoy Cementerio. Al fondo la ermita de Santa Ana, patrona del pueblo,  fundiéndose en la infinidad de los Picos de Europa aún nevados.


 

 

 

 

 

 

Sin darnos cuenta nos sorprendemos tarareando unas estrofas del himno de Cóbreces  “allí picos bordando el azul … y allá en las rocas ásperas bramando ronco el mar… soy montañés tralaralala…”

 

 

Ya llegando a dar vista a BOLAO, antes de comenzar el descenso desde Villacisneros, aparece,  al fondo, el pueblo de TOÑANES. La pradería multicolor nos hipnotiza.  Nuestros sentidos se llenan de olores entremezclados de aire marino y flores salvajes que bordean el serpenteante camino.  

 

 

 

 

A medida que descendemos, percibimos el ruido del Rio La Verde deslizándose, cantarín, por la presa del molino, hoy en ruinas, de Bolao junto al bramar de la mar estrellándose contra las rocas del acantilado. 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si hemos calculado bien nuestro paseo podremos admirar, sentados en las rocas entremezcladas de hierba, al borde del acantilado, una maravillosa puesta de sol, la Rebollera y la imagen del indio  en primer plano.

 

 

 

 

De tarde en tarde, al capricho de las mareas aparece en BOLAO, entre las rocas, una coqueta playa que pocos han tenido la ocasión de admirar.

 

La ensenada de BOLAO  por su incomparable  belleza nos sorprende, cada vez con  algo diferente, que quedará para siempre grabado en nuestro recuerdo y que en cualquiera de los casos  nos hará sentirnos transportados.

 

No me cansaré nunca de repetirlo. “La ensenada de BOLAO es un lugar de ensueño”

 

 

Cóbreces mi pueblucu « y… Pujayo »

¡Hola Segundina! Ya estoy aquí de nuevo para contarte algunas cosas. Hoy hace 5 largos años que decidiste de disfrutar de las grandes praderas apacibles de la eternidad.

Por aquí, ya lo has comprobado en tus incursiones furtivas, todo va piano, piano. Ni blanco ni negro, más bien un poco gris. Todos sufrimos un poco, cada uno a nuestra manera. Los jóvenes con sus dificultades cotidianas y los “viejos” con nuestros achaques, que cada año están  mas presentes.

Este verano, durante las vacaciones decidí de ir a Pujayo.

Ya hacia años ya que deseaba visitar de nuevo Pujayo. Sus calles, sus casas, la bolera,  la Iglesia y el cementerio, “Las Trillas”, “Valloveras, “Juntumín”.  Y la gente. Acogedores, un poco curiosos, se entiende. Aún quedan en Pujayo, hombres y mujeres de mi época.


Cuando hablo de mi época estoy hablando de los años 40.  Aunque nacido en Santander, me crié en Pujayo, en la casa de la abuela Feliciana. Mi padre D. José, tu marido, era por aquel entonces el Maestro de Pujayo.

Hacia muchos, muchos años, tantos que soy incapaz de contarlos, que no había venido a Pujayo. Y no habrá sido por ganas. Cada año de vacaciones en Cantabria programaba el viaje  pero siempre se retrasaba por una u otra razón. Este año ha sido el bueno.


Javier, Finita y Paula también vinieron. Javier me contó que Mari Tere había nacido en Pujayo. Yo no lo sabía. A pesar del temporal que se declaró justo cuando llegamos, lo pasamos “chachi pirúli”

Que emoción me invadió al acercarnos. Subiendo por la “busta”. Al pasar por el “calero” y por encima de la vía del tren me vinieron a la memoria aquellos paseos que nos dábamos hasta Bárcena de Pie de Concha, a veces a través del túnel del tren. Me recordé de aquella vez que, subiendo desde Bárcena con mi padre, a la altura del calero nos quedamos petrificados. En medio del camino un lobo, que a mi me pareció enorme, nos plantó cara, amenazador. Mi padre abrió el paraguas dos o tres veces y el animal desapareció monte arriba. ¡Que miedo pasé!

El pueblo está un poco cambiado, más moderno, pero lo esencial sigue estando allí.

Allí está todavía  la casa de “tía Amparo”,  la bolera, la casa da “Tucu” muy cambiada eso si. Ya no hay aquella enorme socarrena donde se guardaban los carros. La casa de “Pepituca”…

Pepita, “Pepituca” nació el mismo día que yo, el 10 de marzo de 1941, año del incendio de Santander. De críos estábamos muy unidos. ¡Cuánto me hubiera gustado verla!  Me entristece mucho su estado de salud. Quiero, desde aquí, aunque ella no pueda saberlo, darle un abrazo muy, pero que muy fuerte.


Allí está, casi como yo la veo en mis años de crio, la casa de la abuela Feliciana. Tampoco está tan cambiada. Mas rejuvenecida, eso si. La puerta sigue siendo de dos hojas, como casi todas las de las casas de Pujayo. La distribución interior ha cambiado un poco. Ya no hay entrada a la cuadra donde se refugiaba la Estrella durante el invierno. El pajar al que nos subíamos a pisar la hierba, detrás, ya no existe tampoco. A mi me pareció que nada había cambiado, mis recuerdos la situaron en aquellos años tan felices que viví en Pujayo contigo.


Por un momento me vi bajando a toda velocidad, delante de una “vazna”  de ramas de avellano,  por aquellas “píndias” laderas de “Juntumín”. Tú, desde el camino, me gritabas ¡Ten cuidado que te vas a matar!

El tiempo no nos acompañó y decidimos no subir a Valloveras. Yo me recuerdo del inmenso castaño en medio del “prao” y de la “empacadora de madera” en el mes de agosto. ¡Cuántos recuerdos!


Charo y su familia nos recibieron con cariño. Estuve un rato en la cocina, me imaginé el  largo “fogón”. Me vinieron al recuerdo  aquellos momentos felices en los que, sentados alrededor del fuego, nos regalábamos con tu “torta de borona” y un buen vaso de leche de la Estrella.

Pudimos charlar un rato con la hermana de “Taquin” y algunos vecinos. Casi todos se acuerdan de ti. Me faltó tiempo para ver mucha mas gente. El año que viene seguro que volveré. Ya te contaré.

¡Hasta siempre, madre!

Cóbreces mi pueblucu El himno 2

Que CóBRECES tiene un himno lo sabe todo el mundo, o casi. La letra fue escrita por un trapense  del monasterio de Viaceli bajo el impulso del Padre Patricio . Había prometido comunicar la música. Un buen amigo se ha prestado a componerla, al oído, y aquí esta. Ya solo queda armarse de valor y comenzar a cantar con todas las fuerzas.! Que  el Himno de CóBRECES resuene por todas partes! 

Aun quedan muchas y muchos en el pueblo que no lo han olvidado.

 

La letra:

 

 

La música:

 

! A cantar !

 

 

 

 

Cóbreces mi pueblucu “… a Segundina”

Segundina, desde la última vez que te escribí ha habido algunos acontecimientos que quiero contarte.

Supimos que algunas de las obras de tu marido, nuestro padre, estaban expuestas en un centro que hay en Polanco, en la casa- residencia de José María Pereda. Fue durante muchos años un lugar de formación para futuras maestras y creo que también enfermeras.

Hoy alberga el Centro de Recursos Interpretación y Estudios de la Escuela. Este centro recupera, conserva y expone objetos relacionados con la historia de la escuela. Tienen de todo: libros, tinteros, libretas, enciclopedias, pupitres, encerados, láminas de todas clases y mapas. Está muy bonito y escrupulosamente conservado.

Cuando fuimos por primera vez ya tenían, en dos vitrinas, dos cajas del “sistema de enseñanza Calvi”.

Hoy tu marido, el maestro Don José, ya tiene allí un “rinconucu” en la sala de la exposición permanente.

Hemos puesto la sierra que había en la escuela, clavada en la ventana, en la que él hacia sus muñecos para el Nacimiento y en la que nos enseñaba los trabajos manuales. ¿Qué no te acuerdas? ¡Venga, venga! Estaba hecha con dos muelles de somier y cuatro tablas. ¡Echa un vistazo a la foto!

Yo “birlé” tres muñecos articulados, en el salón, antes de que los frailes lo quemaran todo. ¡Que pena! ¡Cuántas cosas se fueron en humo! Los muñecos ya están también expuestos.

Me hubiera gustado recuperar la maqueta de “La Parroquia” ¿te acuerdas? ¡Vaya obra de arte! Y también una de las huchas del ángel que se ponían a la entrada del Nacimiento. Soy incapaz de echarles mano, seguro que se fueron a la hoguera.

Los responsables del Centro han localizado un mapa mural de España política en Reinosa y en cuanto puedan lo integrarán también.

Yo ando detrás de aquel mapa chiquitucu que una vecina de Toñanes expuso en la capilla del colegio de las monjas. ¡Si mujer!, te emocionaste mucho al verlo y yo te hice una foto junto a él.

Ya me gustaría, ya, encontrar alguna foto de le sierra con algún crio trabajando en ella, pero ¡que si quieres! A propósito si tú sabes algo, échame una mano.

Tenía ganas de contarte todo esto, aunque estoy seguro que ya lo sabias.

¡Ah! Se me olvidaba, el día 9 de Noviembre 2010 hubo una enorme tormenta en el mar, Becky, le pusieron de nombre. Las olas subieron hasta el terreno donde estaba el camping, se llevaron parte de la duna y arrancaron de cuajo el puente sobre el rio Cubón, ¿sabes? ese que sirve para pasar a Trasierra y que estaba anclado en cemento. Del otro, el de madera, nunca más se supo. ¡Desapareció!

La mar se llevó la arena de una buena parte de la playa, frente a los bares. Era impresionante. Me recordó aquella otra marea tan fuerte que llamaron “La marea del siglo”

Segundina hoy hace 4 años que nos dejaste. Ya sabes que todos tus hijos, tus nietos y tus bisnietos, incluso los que no te conocieron, se acuerdan siempre de “la abuelita Mari.”

Yo sé que sigues velando por nosotros. Por momentos, percibo tu presencia.

Hasta pronto, madre.

Cóbreces mi pueblucu « La Rebollera »

En Bolao , a la izquierda de la desembocadura del rio La Verde, abajo en el roquedal, en dirección de la playa de Cóbreces, casi a pico de Villacisneros está “la Rebollera”. A marea alta solíamos encerrarnos allí para pescar.

¡Valla rincón bueno para percebes! Había que ver como nos “pavoneábamos” de nuestras capturas en aquella época en que todo no estaba prohibido y aún se podía disfrutar, de vez en cuando, de los productos de nuestras costas.

Allá arriba en los “praos” me pareció ver a Martin “lanzando” desde el borde del acantilado. La mar estaba subiendo. Paco, “el Alegre” observa el estado de la mar. Yo que sé la de veces que había hecho el viaje en la moto, desde Quintana.

“Paquito el Alegre” llevaba Bolao en el corazón.

Abajo, en las lastras, Toño, ya de vuelta de pulpes, en un último toque, levanta uno enorme. Los rabos suben por la “pulpera” casi hasta la mano. ¡Este no se queda aquí hoy, que diantres!

Desde arriba alguien le grita: ¡Ten “cudiao” que ya está subiendo y la mar pega fuerte!

¡Ni caso! Toño está decidido a llevarse el fenómeno a casa ¡pues no faltaba más!

Las “levas”, cada vez mas fuertes, le sacuden fuerte en el pecho y en la cara. Calado hasta los huesos les hace frente, una y otra vez, dispuesto a hacerse con el cefalópodo.

Poco a poco, imperturbable, va bajando la mano a lo largo de la pulpera, acariciando apenas, los tentáculos entrelazados. Las olas siguen “dándole caña”, pero aguanta.

Súbitamente, en un movimiento vertiginoso, le atrapa por la “cojoná.” Da un salto atrás, a la lastra y comienza a golpear el bicho.

¡Que me quiten lo bailao!

Dos kilos y medio asegura que pesó, y se lo creemos.

Cóbreces mi pueblucu “Maestro e inventor “

Don José Calderón García era Maestro Nacional.

Nació Don José, el 20 de Abril de 1915 en el bonito pueblo de San Pedro de Soba. Era hijo de Don Nemesio Calderón, también Maestro Nacional y de Doña Feliciana García.

Don José se crió en Novales, Alfoz de Lloredo, donde su padre ejerció como maestro durante algunos años.

Estuvo interno en el Seminario Pontificio de Comillas. Era miembro de la Asociación ECOS (Ex Alumnos Comilleses Organización Seglar)


Se casó en Santander con Doña María Segunda Fernández y Fernández, bella enfermera del Sanatorio de Pedrosa, oriunda de RUILOBA.

Don José ejerció como maestro, después de la guerra, en PUJAYO, Bárcena de Pié de Concha. Más tarde, fue nombrado en EL TEJO donde permaneció entre 1946 y 1950.

Su afán fue siempre conseguir la escuela de Novales donde había ejercido su padre Nemesio y donde se había criado. En el año 1951 obtuvo el nombramiento en Cóbreces, a tiro de piedra de Novales, también en el ayuntamiento de Alfoz de Lloredo. Es en Cóbreces que se estableció definitivamente.

Su pasión era la pesca: a caña, a chamarucas, a hurtadillas o con el “butrón”. Si la ría de LA RABIA pudiera hablar cuantas cosas podría contarnos de Don José. Conocía todos los recovecos donde se escondían los “mubles”, las almejas, las anguilas…

¡Y que decir de COBRECES! Cabrachos, bandiates, jarguetas, julias, rara vez un congrio; alguna que otra “nécora”. La lista es interminable. ¿”pulpes”? No, no, los “pulpes” eran la especialidad de Julina, de Rufinucu, de Martín, de Nías y tantos otros… Se le podía ver frecuentemente, “Las perneras “remangás”, luciendo las pantorrillas”, en lo mas avanzado de las lastras de la playa de Luaña , marea baja o alta, con la caña de pescar del cañaveral del huerto, que Dña. Mary cultivaba junto a la Parroquia, o bien en BOLAO, “lanzando” desde arriba del acantilado con el carrete de madera de su invención.

¡Como lo oyes! Carrete de pescar de madera y de su invención, porque ¡que quede bien claro! que Don José Calderón García además de maestro era INVENTOR.


En octubre/noviembre de 1958 patentó en el INVENES un mapa eléctrico para uso escolar sistema de enseñanza Calvi” vendido en todas las librerías y casas de juguetes de la Región y más tarde por toda España.

En Febrero de 1958 patentó un mural eléctrico para uso escolar.

En Septiembre de 1958 patentó un nuevo mural eléctrico para uso escolar. Mucho más perfeccionado y más completo. En este mismo año viajó a Paris y ofreció sus servicios para confeccionar un plano eléctrico capaz de informar a los viajeros del trayecto de las diferentes líneas del “Metro”. No seria difícil que los actuales planos instalados en las estaciones tengan su origen en las maquetas presentadas por Don José.

En los últimos años de su vida trabajó intensamente en le búsqueda del movimiento continuo. Así en Diciembre del año 1981 patentó un motor eléctrico a base de imanes en torno a un rotor. Este motor fue mejorado en Marzo de 1982. Sin otra cosa que la sabia disposición de los imanes se conseguía la producción de energía eléctrica.

En Octubre de 1984 solicitó la patente de un juguete didáctico en forma de disco dividido en secciones, destinado a aprender, leer y escribir números y realizar operaciones desde párvulos hasta tercero y cuarto curso. La publicación de la solicitud lleva la fecha de 1 de Abril de 1985.

Don José Calderón García falleció en Cóbreces el 6 de Enero de 1985.

Toda su obra no ha sido vana. Dos museos exhiben algunas de sus invenciones:

El Museo Pedagógico de la UNIVERSIDAD DE HUELVA.

mrsant@dedu.uhu.es

MUSEO ESCOLAR DE CANTABRIA. Centro de Recursos, Interpretación y Estudios de la Escuela en Polanco, Barrio de la Iglesia.

www.muesca.es

Todas sus patentes pueden ser consultadas en el INVENES, Oficina Española de Patentes y Marcas del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio.

La historia le rinde hoy un merecido homenaje.

Cóbreces mi pueblucu « HUGO »

Hoy día 5 de Agosto del 2010 cumple HUGO un año. ¡Felicidades!

Hugo Calderón Elouard, hijo de Sergio y de Sonia ha sido durante todo el año la satisfacción y la alegría de sus padres !naturalmente! pero también de sus abuelos paternos, de su abuela materna, de sus tíos y tías, de sus numerosos primos y primas y… ¡como no! de sus tíos abuelos.

Hugo es la rama destinada a hacer perdurar el apellido Calderón.

¡Ni lo dudes! Desde chiquitín ya ha mostrado sus múltiples cualidades:

¡Sin comentarios! Sus atributos masculinos auguran una descendencia sana y numerosa.


Como a su padre, le va de miedo el traje de buceador.


Como su tío abuelo y sus primos y primas, se entrena para tocar las castañuelas. Será, bien seguro, un digno miembro del grupo de danzas de los picayos de Cóbreces.

Cuando el equipo de España consiguió el titulo de “campeón del mundo” allí estaba Hugo “hincha” entre los hinchas.


De su bisabuela paterna, Segundina y de su madre, Sonia, ha heredado el discernimiento y la entereza.

Su abuela materna, Margari y su abuela paterna, Finita, le enseñarán la sabiduría y la tolerancia.

Con su abuelo paterno, Javier, aprenderá el respeto de la naturaleza, el cultivo de la tierra y el amor al trabajo.

No cabe duda que, con el tiempo, heredará las cualidades de artesano y por qué no “inventor” de su bisabuelo “Don José”

¡De acuerdo! ¡De acuerdo! solo tiene un año, pero la verdad es, que el crio promete.

En todo caso ¡FELICIDADES HUGO!

Cóbreces mi pueblucu « sueños »

Hoy he madrugado bastante. El día se anuncia bien repleto.

¡Venga, hijo!, que tienes que llevar dos celemines de maíz al molino, la harina ya esta bien menguada y esta semana quiero hacer “borona” y “pulientas”. El maíz está abajo, debajo de la escalera, o en la puerta del gallinero, ya lo verás tú mismo.

Comienza a puntear el sol por el monte, la capilla de Santa Ana a contra luz.

He cogido la “Guzi” de papá. No le he dicho nada. Seguro que al regreso habrá “bronca” pero es que el Molino esta un poco lejos. De todas maneras bajando por la “gesa” solo tengo que atravesar la “general”, frente a la tienda de la Viuda. El resto del trayecto zigzaguea por las camberas de la mies. Dejando atrás el cotero y después de pasar por el Santucu, en un “periquete” me planto allá abajo en el acantilado.

En la orilla del rio “La verde” está el molino de Bolao.


La “Guzi” salta como un cabrito por la cambera escarnecida por el agua y el paso de los carros de vacas.

Me salvé, ya de regreso con la harina fresca, no hubo bronca.

“Traiste” la harina, ¡bien, bien! Sabes, monín pedias ir a buscar el pan y también me hace falta un litro de blanco y otro de mistela de la Fonda.

Vale, vale.

¡Oye! de paso coges un kilo de azúcar y sal en el Bache. Dile a Paco que lo apunte en la libreta.

Ya decía yo que el día iba a ser de “agárrate.”

Después de bajar la cuesta de la Parroquia, una visita a la panadería de Fidel en San Roque. ¡Que bien huele a pan recién cocido ¡ y que calorcito hace en la panadería. Fidel, como siempre, ¡venga a tomarme el pelo!

Al volver, pensé que seria divertido bajar hasta Quintana y subir al Pino por la cuesta de Antoñán, historia de enganchar algún limón desde la tapia.

Volví a atravesar la carretera para beber un trago de agua bien fresca en el Pilón de cruce, ¡si hombre! el abrevadero redondo que está en el recoveco de la pared de la finca de los frailes, frente al camino que pasa por delante de de la casa del zapatero y que va hasta el cementerio. ¡Cachis! con el cruce. Oigo a mi madre decirme “ten cuidado en el cruce que es peligroso”. ¡Mira bien antes de atravesar!

Hoy de limones nada, estaban muy adentro.

Ya en el Pino, Paquín el de la Fonda, me tiró de la solera, un litro de blanco bien medido y otro de mistela.

Me paré en “El Bache” para coger el azúcar y la sal. Me quedé un rato contemplando las vacas mientras bebían en el abrevadero, abajo, en el lavadero público que llaman “la fuentuca”. Ya saciadas comenzaron a subir, parsimoniosamente, por el empedrado en dirección de la cuadra, Tinón delante, con la ahijada al hombro. Yo continué tranquilamente, sin prisa, pellizcando el pan. Buenas ganas me daban de echar un trago de mistela, buenas, pero me retuve.

Al pasar por delante de “Casa Otero” en la parroquia sonaba el “Ángelus.” Son las doce, me dije…apúrate un poco.

En ese momento, Colita, mi gatita tigresa, saltó a la cama y como cada mañana, empezó a “miagar” pidiendo de comer. Me desperté y comprendí que estaba soñando.

Cerré los ojos y me dije, ¡Que rabia! podía haber sido real.

Cóbreces mi pueblucu “Picias Juveniles”.

Hoy es víspera de la Peña. Los cohetes anunciando la fiesta comienzan a oírse por la carretera de la playa.

Curiosamente, en Cóbreces, la víspera de “La Peña” no hay verbena, ¡vete a saber por qué!

La noche cae sobre Cóbreces. Mozos y mozas se preparan a una actividad un poco extraña. Hoy la van a “liar gorda”.

Van a recorrer el pueblo, furtivamente, silenciosamente en un original “teje-maneje”. Ya me gustaría, ya, saber de quien es esta iniciativa. Tal vez alguno se manifieste.

Las malas lenguas dirán que son unos “gandules” y unos “ despotraos” sin ninguna vergüenza. La verdad es que, bien pensado, la idea no es tan mala como parece.

En el transcurso de la noche, macetas, jardineras y otros florecimientos de casi todos los vecinos van a cambiar de propietario. Del barrio Rivero al barrio de los Corrales. De Somavía al Castro. Del Pino a Quintana. De Castañeda a Sandomil, sin olvidar Toñanejos, La Cotera, Antoñán y otros.

Al despertarse por la mañana del día de la Peña, cada vecino va a recibir la sorpresa de ver en lugar y plaza de sus macetas y tiestos de flores aquellas de algún otro habitante del pueblo. Las de “mengano en casa de fulano” y el contrario

¡Pero que “borregos” estos “jodios” chavales! ¡ “La órdiga”! Habrase visto… no”tien” otra cosa que hacer que venir a “jeringar” a “tol mundu” ¡Que” morrás” les daba yo si les hecho mano!

¡Había que ver la mocedad, de madrugada! Un poco cansados, cierto, pero ufanos del trabajo realizado y dispuestos a emprender la marcha hasta Virgen de La Peña, como quien no ha roto un plato.

La mala uva aumenta considerablemente a medida que se dan cuenta de la pertenencia de todos aquellos florales aparecidos por arte de “birle-birloque” en el jardín de la casa.

Por regla general, los chavales intercambian las macetas entre vecinos que, por una u otra razón, no hacen “buenas migas”. Y aquí está la buena cara del asunto.

Para recuperar sus propiedades florales los “parroquianos” van a tener que encontrarse. Yo estoy seguro que, en más de una ocasión, las rencillas vecinales desaparecen como por encanto. Si este es el caso ¡Bravo los chavales!

¡Venga, venga! Que no es “pa tanto” ¡Cosas de críos mujer! Cambiemos los tiestos y ¡a la Peña!

Tu todo lo ves muy fácil pero te aseguro que “estoy hasta el moño” de tanto “pasmarón” Hasta parece que este año han desplazado los tendales al Pino. ¡Habrase visto!

Seguro que aun quedan en Cóbreces, en el Cotero, en Somavía y por qué no en Ruente, un buen montón de aquellos mozos y mozas, intrépidos autores, del intercambio floral.

¿Cómo? ¿También en Villacañas? ¿Y en Suiza?

¡Anda!, ¡anda! ¡Déjate de guasas!

Cóbreces, mi pueblucu «Adiós Ramona»

Ramona, ¡decidiste cruzar del otro lado! Que tristeza me invadió cuando supe de tu marcha.

Ramona ¿que sería hoy de las múltiples actividades emprendidas por los mozos de Cóbreces, allá en nuestra juventud, sin tu calurosa presencia?

¿Como hubiéramos podido, Ramonita, montar aquellos cuadros plásticos sobre las 14 estaciones del “vía Crucis”, en el gran salón del Instituto Quirós, ante una inmensa mayoría del pueblo si tu no nos hubieras sostenido y ayudado en los ensayos, la preparación y la confección los trajes y los decorados?

Allí te veo, aún, bregando y remontándonos la moral de aquella manera que tú sabías hacerlo.

¿Y la cabalgata de Reyes? Allí estabas tú, Ramonita dando el máximo para que saliera a la perfección, preparando, delicadamente, en los más pequeños detalles, trajes y adornos. Los turbantes, con fundas de almohada. Las capas, con viejas colchas o mantas altas en color…y el resto: coronas, cetros, barbas. Ponías un especial cuidado hasta en los más ínfimos detalles. Concha, tu hermana y las Nenas, te ayudaban, sin rechistar. Naturalmente el resultado era siempre fantástico.

Ramonita, ¿te acuerdas cuando decidimos preparar, en secreto, el 1er. grupo de danzas del pueblo? Tú, que estabas al corriente, decidiste celosamente guardar silencio para que el pueblo recibiera la sorpresa el día de Santa Ana.

¿Quién hubiera engalanado “La Virgen” mejor que tu sabias hacerlo. ¿Quién se hubiera ocupado, con el mismo celo, de organizar las fiestas parroquiales, las procesiones, los entierros?

Ramona, Ramonita, el pueblo de Cóbreces te debe ¡tanto!

He oído decir que “solo mueren aquellos que caen en el olvido.”

El pueblo de Cóbreces no puede y no debe olvidar a Ramona Díaz, porque gente como tu ha hecho grande nuestro pueblo.

¡Descasa en paz, Ramonita!

El Diario Montañes

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