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En atletismo, como en todo, soñar es gratis

2012 July 26
por Fernando Miñana

El maratoniano Martín Fiz, que es perro viejo y conoce bien este deporte, lleva tiempo diciendo que si Kevin López se cuela en la final lo ve subido al podio. Martintxo dijo esto mucho antes de que el sevillano, ‘pies calientes’ que le llama Luismi Martín Berlanas, batiera el récord de España de los 800 que tenía Antonio Reina. Las medallas, queramos o no, serán siempre, para el gran público, para la gente que no sabe (ni tiene por qué) apreciar el matiz de cada individualidad, los parámetros para evaluar un deporte.

España no está en su mejor momento. En los anteriores Juegos volvió de Pekín con las manos vacías y un atleta de 38 años, Chuso García Bragado (cuarto en los 50 km marcha), como el mejor de todos. En los últimos Mundiales no fue mucho mejor. Natalia Rodríguez pescó una medalla de bronce y poco más. Los atletas se defienden, y con razón, argumentando que no estuvieron mal. Pero explícaselo al carnicero, que sabe que te gusta el atletismo y te martillea con la dichosa preguntita: “Qué, vaya desastre los atletas en las Olimpiadas esas (le llama así a Europeos, Mundiales o Juegos Olímpicos, sin distinción), ¿no?”. Ponte a contarle, mientras va cortando los filetes, que fulanito estuvo cerca de su marca, que las eliminatorias de 800 son una lotería o que los discóbolos son muy buenos, pero que los hay mejores.

Por eso creo que lo importante es que un atleta logre ilusionar a la gente. Luego, salvo que haga el ridículo o baje los brazos antes de tiempo, lo habrá intentado y su resultado será mejor o peor. Y eso viene al hilo de las últimas actuaciones de los españoles. Han encendido la esperanza de los aficionados, que ya daban por hecho de que, en Londres, ni una. Y es posible que el atletismo español no pesque ni una en Londres, pero nunca se sabe.

No hay ningún español en el podio virtual de los rankings mundiales del año. Pero el deporte, por suerte, aunque en el atletismo se aproxime mucho, no son matemáticas. Y uno, como es gratis y está harto de pensar en la prima de riesgo, en el paro y demás, se ilusiona a la mínima. Con el récord nacional de Kevin López (pocos atletas hay en España más espectaculares que él), que competirá en los 800 junto a dos amigos que también son excelentes: Reina y Marco. Con el de Berta Castells en martillo de hace unos días, una lanzadora que debutó como olímpica en Atenas y que, ocho años después, sigue mejorando sus registros, que son el techo de esta disciplina en España. O con Ruth Beitia, siempre fiable, siempre puntual, que el miércoles, en su segunda casa, en La Albericia, saltó dos metros y se equipara a las favoritas. Le quedan pocas semanas como saltadora de altura y merece, junto con su entrenador, Ramón Torralbo, una despedida a su altura, valga el juego.

Y ahí estarán otra vez los discóbolos, Pestano y Casañas, por si alguno falla. Pero solo por si alguno falla, que luego se olvida y la ausencia de medalla es un desastre. Y dos chicos, del 87 y del 90, Álvaro Rodríguez y David Bustos, a quienes sería una tropelía pedirles algo, pero que demuestran que hay relevo en la prueba que a todos gusta, los 1.500. Como en las chicas, donde se funden dos generaciones, la de Natalia Rodríguez, quien ya ha dicho que va a Londres a por una medalla, y Nuria Fernández con la de Isabel Macías, mediofondista tenaz y paciente, que no busca atajos.

O ese jovencísimo talento llamado Eusebio Cáceres. Un saltador de longitud de quien mucha gente dice que antes o después “la liará”. Hace unos días saltó 8,31 con un viento a favor ligeramente superior (+2.1) al permitido. Y las marchadoras, anónimas durante meses, que salen al centro de la escena durante los Juegos. Y luego está Bragado, que da igual lo que haga. Entra en sus sextos Juegos en forma y eso ya merece quitarse el bombín.

Seguro que hay quien echa en falta algún nombre. No es un descuido. A mí me ilusionan estos.