A petición de uno de mis fieles lectores, Arecio Smith, voy a escribir sobre los paleros, que no son los míticos que juegan a las palas en la Primera del Sardinero. Ahora que han pasado los años lo tomamos a risa, pero no, cúantos de vosotros habeís estado atemorizados por esa gentucilla que se lucraba del pánico de los demás. Yo puedo afirmar que nunca me “dieron el palo” pero si a todos los que iban conmigo, o yo con ellos, vaya.
Gente mala hay en todos los lados. Una chapa por aqui, medio talego por allá…Te dejaban desplumado en cero coma. Al salir de casa tenías que hacer la distribución económica de tus 600 pesetas: 200 pesetas para el porrón del vino de coco, 100 pesetas para un par de machacaos, 50 pesetas de chucherias, 150 pesetas en el taxis compartido y los últimos veinte duros para el macarra de turno que te venía religiosamente cada fin de semana.
La clave era evitar los puntos negros de la “zona” santanderina, la cuesta del Cairo, la cuesta del Coven y la cuesta del Río. Parece que hay una correlación entre cuestas y paleros. Si evitabas estos lugares estabas a salvo, pero claro te exponias a quedarte más solo que la una comiendo una bolsa de pipas. Por lo general los apaleados tenían agallas.
-Joder, estaba tranquilamente en las escaleras del Anibal y ha venido el Pelusa ( mítico palero) y me ha dejado tieso.
-Jo macho, que mala suerte no?
-Bueno, si ya nos hemos hecho hasta colegas. Ahora me pide menos, tiene más consideración conmigo.

Eran los años dorados de los macarras, empezaba a tener auge el movimiento. Cuando te pegaban casi por respirar. Salias de casa con todas las papeletas para que te pegaran esa noche, y por qué? ( Pregunta sin respuesta)
Tampoco me pegaron nunca, debo de tener una flor en el culo, pero si que un día viví un amago de paliza. Eran las 11 de la noche y yo ya me iba para casa bajando por la cuesta del Japan (otra cuesta). De la que iba a doblar la esquina con Bonifaz una tipa me interrumpe el paso. Era grande, dos veces yo por lo menos, con lo nerviosa que me puse sólo puedo recordar su coleta y su coletero rojo. Ella con su mirada alcoholizada me observó mientras buscaba a alguien, a su novio. Suspiré, a su novio no lo conocía de nada, era otro del calibre de ella. Entonces cuando ya estaban los dos frente a mí me empiezan a mirar de arriba a abajo. Yo intentando localizar a alguien conocido, los de Las Llamas siempre se aglomeraban en la esquina de enfrente, pero nada hacía sospechar que me fueran a dar una paliza, y tampoco me iba a poner a gritar como una loca.
-Qué te parece mi novio? Te parece guapo? Me pregunta la macarra con aires chulescos.
Toma pregunta trampa!! La has cagao igualmente digas lo que digas. Si dices que es guapo, obviamente el tipo era más feo que pegarle a un padre, te acusan de querer ligar con el susodicho muñeco de feria. Te has ganado un buen tiron de pelos y dos mamporros. Si por el contrario dices que el novio es feo, en un ataque de sinceridad, pues también te sorteaban los bofetones porque lo consideraban un insulto.
Logré salir airosa de la situación, si bien no recuerdo cual fue mi repuesta. Supongo que me quedé en un: “me he dejado las gafas en casa y no puedo opinar objetivamente, pero el chaval parece majo, que es lo importante”. Tampoco era dificil engañarlos. Discurrir no discurrian mucho.
Si quieres comentar tus experiencias, años despues, no te cortes y deja un comentario.
Temas por encargo, dime de qué quieres que escriba.
Blanca Garay





