El Diario Montañes

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Juan Vico explora las emociones en torno a la creación artística en ‘El Claustro Rojo’
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Javier Menéndez Llamazares | 01-12-2014 | 09:43| 0

Entre el que lee y el que escribe

[Publicado en el suplemento Sotileza de El Diario Montañés el 28 de noviembre de 2014]

 

Autor: Juan Vico. Título: El Claustro Rojo. Género: Relato breve. Ed. Sloper, 2014. 132 pág., 18 €

En escasísimas ocasiones se abre el debate –tan necesario para la buena salud de las letras patrias– sobre los premios literarios. Con qué fin, cómo y por qué se entregan, o incluso para qué sirven son asuntos sobre los que pasamos de puntillas, como dando por hecho que, estando la situación como está, para qué menearlo.

Claro que también existen otro tipo de certámenes, lejos de los intereses de las grandes casas editoriales, del amiguismo y todos esos vicios esencialmente corruptos. No, también hay premios que sirven para reconciliar a los lectores con la escritura, con los editores honestos y con los autores de fuste, aunque no encajen con los clichés del mercado.

Uno de esos concurso es el ‘Premio Café 1916’, antiguo ‘Premio Café Mon’, que desde hace más de una década anima el escritor y activista literario Román Piña desde Mallorca. Un certamen que sirvió para que, por ejemplo, Agustín Fernández Mallo debutase en la narrativa, o para dar a conocer a Iván Reguera en la edición de 2013. El último premiado, ya con la denominación actual, ha sido Juan Vico, poeta y novelista, que sorprendiera el pasado año con la deslumbrante ‘El teatro de la luz’.

En ‘El claustro rojo’, Vico ofrece once relatos breves que suponen todo un compendio de las emociones humanas que surgen alrededor del milagro de la creación artística. De la envidia a la locura, por sus páginas pululan, en deliciosa confusión, nombres históricos junto a personajes de ficción, en un muestrario trepidante sobre los distintos modos de abordar el hecho artístico.

De entre todos los relatos, dos llaman especialmente la atención. El primero es ‘El claustro rojo’, la transcripción en forma de monólogo de la confesión de un fraile moribundo, que comparte con un religioso más joven su convencimiento de que la muerte de otro religioso, el genial pintor Hugo van der Goer no se debió a causas naturales, sino a la animadversión generada en otro morador del convento, el malicioso ‘Infirmarius’. En el relato, además dosificar con gran talento la presencia inquietante de la muerte, el autor acierta a mostrar las múltiples caras del éxito: no sólo la amable de aquel al que sonríe la fortuna, incluyendo los peligros de los delirios de grandeza, sino esa zona oscura y más desagradable del que contempla desde la sombra el reconocimiento ajeno, mientras conspira para destruirle. De no ser porque se ambienta en un monasterio del siglo XV, bien podría suceder en cualquier círculo literario contemporáneo.

En ‘Tuyo es el siete’ Vico cambia de registro pero no de temática: son de nuevo las pasiones humanas lo que explora y reconstruye. La narradora, una artista no demasiado conocida, pero introducida en los más selectos círculos del momento, rememora una sesión de espiritismo en la costa catalana en la que participaron varios artistas refugiados en Barcelona durante la primera guerra mundial. De entre todos los personajes, que son muchos, brilla especialmente el controvertido Arthur Cravan. Pero no por él mismo, sino por la visión que de él nos da la protagonista. Con un talento impagable, Vico decide que hable sobre el mismo no un admirador, sino una persona que inicialmente le desprecia, pero que no puede evitar acabar contemplándole. Toda una alegoría implícita sobre nuestra relación actual con la cultura del espectáculo.

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Gonzalo Garrido aborda en su segunda novela las complejas relaciones intergeneracionales
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Javier Menéndez Llamazares | 01-12-2014 | 09:49| 0

De padres e hijos

[Publicado en el suplemento Sotileza de El Diario Montañés el 21 de noviembre de 2014]

 

Título: El patio inglés. Autor: Gonzalo Garrido. Género: novela. Ed. Alrevés, 2014. 173 págs., 14 €.

En su blog, Gonzalo Garrido –el escritor, no el mítico DJ de la movida ochentera– ataca a lo que el llama ‘literatura hamburguesa’ con la misma virulencia con que los autores de generaciones pretéritas combatían la mentalidad ‘burguesa’; será el signo de los tiempos, o la afición por retorcer el lenguaje, pero incluso su blog se titula, paradójicamente, ‘Literatura basura’. Y resaltamos es antítesis porque no deja de sorprender que una bitácora con ese nombre se dedique a promocionar una obra del propio bloguero, ‘El patio inglés’.

La segunda novela de este autor llega con la resaca de ‘Las flores de Baudelaire’, una meritoria trama negra negrísima ambientada en su Bilbao natal, pero en la época de sus abuelos. Para esta nueva entrega, Garrido cambia de tiempo pero no de lugar; nos traslada al Bilbao de los años ochenta, y arranca de forma impactante, con el suicidio de un joven de clase bien, estudiante de derecho, que salta al vacío desde la ventana de su casa, que da a ese ‘patio inglés’ que sirve para titular la novela. Un patio inglés es un recurso arquitectónico que se utiliza para buscar luz y ventilación, construyéndolo semienterrado.

Precisamente eso pretende, literariamente, Garrido: airear y arrojar luz sobre uno de los momentos más turbulentos de nuestra historia reciente, el conflicto vasco durante el fin de siglo; pero no sólo hay filogénesis sino también ontogénesis; y es que Garrido combina dos monólogos que avanzan cronológicamente y en sentido opuesto, por un lado el relato del padre del joven durante su convalecencia –reconstruyendo el pasado sobre la marcha–, y por otro su diario, que construye la trama hasta que cobra sentido. Ambos, evidentemente, confluirán en una resolución sorpresiva, que tal vez constituya lo más meritorio del libro, junto al cuidado por los detalles estilísticos que el autor ha empleado para diferenciar dos discursos cuyas divergencias comienzan en lo formal –el lenguaje de los ochenta está reconstruido con bastante fidelidad, e incluso con cierta gracia, y las diferencias entre el joven estudiante de Deusto y su padre menos cultivado aparecen claramente marcadas–, pero que obviamente van mucho más allá, en un momento en que la falla generacional resultaba abismal.

Hay, como no, una trama amorosa, pero lo que la novela aborda con más éxito es la inexplicable –y envidiable– rebeldía juvenil, el coche entre tradición y modernidad que se sufrió en esa época, la puesta al día que necesitaron las relaciones familiares y, por supuesto, esa actitud ente indolente y arrebatadora que corresponde a la edad juvenil.

Los aledaños de la trama, presentados con rigor y verosimilitud, son en realidad un atrezo intrascendente; poco importan los GAL o el entorno bilbaíno, cuando estamos ante una historia universal, que podría haberse dado en cualquier otra ciudad del momento. Ese acierto de Garrido es tal vez lo que facilita una lectura ágil y casi cómplice, en la que el lector llega a obviar los tics pequeño-burgueses de los protagonistas y a comprender, o incluso compartir, las inseguridades y dudas de un joven que se adentra en este mundo de cultura ‘hamburguesa’.

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Kepa Murua explora su universo emocional en ‘Ven, abrázame’
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Javier Menéndez Llamazares | 01-12-2014 | 10:11| 0

La verdadera biografía

[Publicado en el suplemento Sotileza de El Diario Montañés el 14 de noviembre de 2014]

Título: Ven, abrázame. Autor: Kepa Murua. Género: Poesía. Ed. Amargord, 2014. 241 pág. 14 €.

Que a Kepa Murua le gusta la música no es ningún secreto; muchas son las referencias que desliza en sus libros, y quien le ha conocido en persona sabe que no sólo tiene predilección por el reggae y los ritmos caribeños, sino que además poco le cuesta arrancarse a bailar. Claro que la música Murua la lleva por dentro; casi se diría que este ‘Ven, abrázame’ más que un libro de poemas fuera una colección de letras de boleros, en los que las más dulces pasiones amorosas unas veces se disuelven en los reveses de la realidad, y otras envenenan dulcemente al poeta, que una y otra vez busca repetir los mágicos momentos del deseo y el conocimiento mutuo. Como si pensara en hacer poesía para ser cantada, Murua emprende el que tal vez sea uno de los retos más complicados para cualquier creador: escribir sobre el amor sin llegar a la afectación. Claro que, en este caso, el poeta más que hablar del amor orbita sobre él, y repasa todo lo que rodea al arrebato sentimental, tamizando la propia existencia con los múltiples ángulos desde los que puede abordarse: desde la complicidad al desengaño, del erotismo al amor por el propio trabajo.

A eso mismo, a la poesía y su relación con ella, alude en diversos pasajes el poeta: «Una biografía que mezclara / poesía y novela / canción y destino», «como la vida ocupa la poesía / y ésta no lo sabe», son algunas de las reflexiones metaliterarias que se ofrecen en el libro, junto a una serie de guiños casi imperceptibles, pequeños juegos literarios que van desde el homenaje al intertexto, y que suponen el verdadero valor de este poemario.

En lo formal, Murua ha dividido el libro en dos grandes bloques, ‘Antes de que llegues’ y ‘Más que al principio, que en realidad podrían resumirse en los versos de la página 37: «Es extraño ver cómo pasan los días / y crece la necesidad de estar juntos / cuando no supimos qué hacer / el día que lo estuvimos». Se trata, desde luego, del universal que Cernuda codificó en la dicotomía realidad y deseo, y que el poeta vasco actualiza con su estilo característico, esa voz íntima que, desde la aparente sencillez formal, narra la experiencia propia buscando el universal.

Tras el éxito de ‘Escribir la distancia’, Murua ahonda en su exploración de lo sentimental, ofreciendo de nuevo un poemario denso, y de extensión mayor a la habitual. El título, ese ‘Ven, abrázame’, actúa a lo largo del libro como una suerte de mantra, repitiéndose entero o en parte, cohesionando los diversos poemas con cuyos títulos –simplemente, el primer verso de cada uno–, se diría que también juega el autor, hasta construir también un poema en las páginas del índice.

Para los más fanáticos del underground, Murua incluye un poema basado en una canción de Nick Cave, ‘To be by your side’, que rebautiza como ‘A tu lado’, y que tal vez sea el poema más destacado del libro: «en el día a día, cuando las horas chocan entre sí».

[Otras reseñas de Kepa Murua en 'A toda página': 'Los pasos inciertos' ]

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El sorprendente caso que unió en 1923 a Houdini, Valle Inclán y un hombre con rayos X en los ojos
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Javier Menéndez Llamazares | 01-12-2014 | 09:51| 0

Más fabuloso que la ficción

[Publicado en el suplemento Sotileza de El Diario Montañés el 7 de noviembre de 2014]

 

Título: Valle-Inclán y el insólito caso del hombre con rayos X en los ojos. Varios Autores. Ed. La Felguera, 2014. 188 pág., 20 €.

Si en ocasiones resulta difícil deslindar lo real y lo ficticio en las obras de creación literaria, en ‘Valle Inclán y el insólito caso del hombre con rayos X en los ojos’ lo verdaderamente sorprendente es encontrarse con que se trate de sucesos reales, y no producto de la fabulación de uno o varios escritores. Según esta obra, poco después de la popularización de los rayos X apareció un hombre afirmando contar con esos ‘poderes’ en su visión; se trataba, cómo no, de un español, y además de origen noble, y le conocemos por su apellido, Argamasilla. Estamos en el convulso 1923, con la sombra de la dictadura militar en ciernes, y en un mundo anterior a los grandes medios de comunicación, pero en el que ya comienzan a tomar cuerpo la globalización y la rebelión de lo inexplicable frente a un mundo organizado y regido por la eficacia y el rigor de los relojes.

Claro que esta historia podría haber sido la de un ilusionista más, de no haber mediado la intervención de dos grandes nombres de la época: el de Valle Inclán, que aún no se había convertido en ese venerable anciano que pulula por los temarios del bachillerato, pero que ya le interesaba tanto lo insólito como lo esperpéntico, y el de Harry Houdini, nada menos que la referencia estadounidense –que hoy día es tanto como decir universal– de la magia. El afamado escritor y el no menos célebre escapista se sitúan uno a favor y otro en contra. Con toda la artillería a su alcance, uno y otro se ocupan en encendidos artículos del caso increíble de Argamasilla, y Houdini incluso asiste a su espectáculo en Nueva York, donde pretende desenmascararle.

Todo ello nos lo narran los periodistas Grace Morales –‘Mondo Brutto’, entre otros–, y Ramón Mayrata, quien ya había adelantado detalles de esta historia en algunos artículos publicados en los últimos años. Claro que el verdadero ‘festín’ literario son los textos originales de Houdini, Valle y el propio Argamasilla que se recogen en la edición, además de la nutrida documentación de la prensa de la época, que se ocupó ampliamente del sorpendente asunto.

Pero si el caso Argamasilla resulta singular, no lo es menos el libro en que se recoge su historia. La personalísima editorial La Felguera –que más que una empresa se diría que es una organización que conspira en secreto por una revolución artística y planetaria– ha concebido una obra de aspecto abigarrado y compacto, en la que la profusión de imágenes de época golpea al lector hasta casi noquearlo: de los retratos de protagonistas, secundarios y aludidos, hasta facsímiles o pseudofacsímiles de la prensa del momento, el habitual canto blanco es más bien de cebra en este libro. Hasta la diagramación tiene un regusto deliciosamente retro, pues con los continuos cambios de tipografía, las páginas en negativo o las inserción de imágenes en la caja de texto se diría que es una maquetación dadaísta, en la que el uso intensivo del indesign y el photoshop apenas se dejan notar. Buena parte de culpa la tendrá el diseño de ‘La Intendencia’, que nos traslada a los años de las vanguardias nada más adentrarnos en el libro, que en sí parece un experimento más de aquellos años locos.

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Elena Alonso Frayle modela tiempo y espacio en ‘El hilo conductor’, último premio Manuel Llano
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Javier Menéndez Llamazares | 01-12-2014 | 09:56| 0

Urdimbre del cosmos

[Publicado en el suplemento Sotileza de El Diario Montañés el 31 de octubre de 2014]

 

Título: El hilo conductor. Autora: Elena Alonso Frayle. Género: Relato breve. Ed. Tantín, 2014. 109 pág., 12 €.

Más que ancho y ajeno, como el de Ciro Alegría, nuestro mundo hoy se parece más a una especie de telaraña, en la que todo está cerca –a veces demasiado cerca, incluso–, a apenas unas horas de vuelo, unos golpes de ratón o una simple llamada telefónica. Un mundo interconectado, en el que conviven Rosanas o Milagros con Nataliyas o Sarahs; un mundo en el que a la vuelta de la esquina de Madrid está Cabo Cañaveral.

Así es el universo que recrea Elena Alonso Frayle (Bilbao, 1965) en ‘El hilo conductor’, una colección de ocho relatos breves que en 2013 fue premiada en el XVI Concurso de Cuentos ‘Manuel Llano’, certamen de la autonomía cántabra. Sin demasiado ruido promocional, la obra ha conseguido destacar en el premio Setenil, hasta el punto de resultar finalista en la última convocatoria de uno de los más galardones dedicados al relato breve más prestigiosos de nuestra lengua.

¿Qué llamó la atención al jurado del Setenil? Basta con adentrarse en el primero de los relatos, para convencerse de que su título explicatorio encierra una visión literaria propia, sobre la que orbita todo el libro. Alonso nos devuelve al año 2005, a lomos del satélite Deep Impact, y a partir de esa referencia aún fresca en la memoria del lector comienza un delicioso juego en el que aprovecha todo los elementos a su alcance, pasando de lo obvio a lo presupuesto, de lo que imaginamos a lo que ignorábamos que sabíamos: frente a los delirios holywoodienses, imposibles de soslayar, la autora nos lleva a la NASA de otra manera, de la mano de una empleada cuya vida personal zozobra; de allí a España, a Ucrania o al desierto de Acatama; al mundo a ambos lados temporales del muro de Berlín, y a la vida real que transcurre entre las penurias cotidianas y la esperanza de una nueva generación. Todo unido a través de un ‘hilo conductor’ que en este caso es la aventura espacial, pero que sirve a la autora para hilvanar –con un final redondo, un elegante guiño al espíritu humanístico de la ciencia– tres historias, que bien pudieran ser la historia de cualquier habitante del planeta. Con el mismo espíritu, el resto del libro se articula a través de esa misma urdimbre; así, nos hablará de la ‘memoria de la especie’ humana a través de los ojos de un niño, una pareja que prepara su boda, la historia de una mujer pegada a una radio…

En cualquier caso, resulta desolador que las instituciones culturales pretenda ignorar que el funcionamiento del mercado literario requiere de algo más que la recompensa en metálico y la mera edición del texto; tanto o más importante resulta esa promoción posterior, pues ahí suele radicar la diferencia entre un libro que consigue llegar a sus lectores y otro que pasa desapercibido. Y en casos como ‘El hilo conductor’, bien hubiera merecido un pequeño esfuerzo por parte de la administración regional; no se trata de favorecer a una obra concreta o a un autor, sino de cimentar el prestigio de un premio, más allá de la dotación económica y otras zarandajas extraliterarias.

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Movida en la selva
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Javier Menéndez Llamazares | 27-10-2014 | 08:08| 0

‘Yo, mono’, del torrelaveguense Pablo Herreros Ubalde, analiza los paralelismos entre el comportamiento social de humanos y primates

Título: Yo, mono. Autor: Pablo Herreros Ubalde. Ed. Destino, 2014, 248 pág., 18 €.

Hace no demasiadas décadas, cuando las especiales circunstancias de nuestro país hacían que en el debate sobre la evolución de las especies el creacionismo aún tuviera defensores cerrados, era habitual el chascarrillo de que, cuando alguien arguía que ‘el hombre descendía del mono’, se le respondiera airadamente que «del mono vendrá tu padre». Dejando un poco de lado la inexactitud de las descendencias, hace ya mucho tiempo que no sólo los investigadores sino el público en general devora con avidez obras como ‘El mono desnudo’, de Desmond Morris o ‘El gen egoísta’, de Richard Dawkins, y en general todo aquello que tenga que ver con lo que se dio en llamar ‘sociobiología’, una disciplina que estudia a todos los animales y, como no, también al hombre, buscando una base biológica a las conductas sociales.

Con mucho rigor y grandes dosis de ironía e incluso humor, el último estudio que ha llegado a las librerías, centrado en los primates y en su pariente lejano el homo sapiens, tiene sello cántabro: lo firma Pablo Herreros Ubalde, primatólogo, antropólogo y sociólogo nacido en Torrelavega en 1976, y que cuenta en su historial con una larga experiencia en medios de comunicación, blogs y todo tipo de divulgación científica; entre otras cosas, ha sido guionista de las celebradas ‘Redes’ de Eduardo Punset quien, por cierto, no sólo prologa el libro sino que aparece en una fotografía junto al autor.

‘Yo, mono’ es un ameno y divertidísimo recorrido por la vida social de los primates, en la que no se pretende exactamente buscar analogías con la realidad humana, pero en la que resulta inevitable negar la evidencia de que compartimos mucho más de lo aparente, y que tal vez detrás de muchos usos sociales, normas y formas de convivencia reside algo más atávico que racional y consensuado.

A partir de un ingenioso juego de palabras, nos introduce a una curiosa especie de primates, los ‘sonamuh’, que a menudo presentan comportamientos de lo más incomprensible. Pronto veremos que esta tribu, cuyo nombre debe leerse como si se reflejase en un espejo, nos resulta de lo más familiar. Desde eso momento, Herreros rastreará qué compartimos con los primates en nuestro sistema político, corrupción incluida, en el mundo del deporte, en las altas finanzas y hasta en el rock and roll. El arte y la violencia, pero también el consenso y la colaboración social parecen tener su reflejo en ciertos comportamientos de unos ancestros con los que pensábamos que no nos unía nada, pero que tienen mucho que enseñarnos incluso en asuntos como la inteligencia emocional.

Para los fieles a la manzana, el libro analiza en clave de primates –liderazgo, tiranía y machos alfa– la famosa destitución en los años ochenta de Steve Jobs de la dirección de su propia empresa, Apple. Tampoco faltan capítulos curiosos que glosan la ‘salida del armario’ en el mundo animal o como las hembras primates combaten la violencia de género.

En definitiva, cuando el conocimiento no está reñido con la humanidad aparecen obras como ‘Yo, mono’, de amenísima lectura y que está llamado a convertirse en un auténtico best-seller.

 

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Víctor Lenore desmonta la cultura alternativa en ‘Indies, hipsters y gafapastas’
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Javier Menéndez Llamazares | 01-12-2014 | 10:29| 0

Contra la modernidad

[Publicado en el suplemento Sotileza de El Diario Montañés el 17 de octubre de 2014]

 

Título: Indies, hipsters y gafapastas Autor: Víctor Lenore. Género: Ensayo. Ed. Capitán Swing, 2014. 155 pág., 16 €.

Apple, el cine independiente, la revista Naif, el festival Sonar y hasta Blackie Books; todo lo que es sagrado para los gafapastas patrios es vapuleado en este ensayo en el que el periodista cultural Víctor Lenore (Soria, 1972) pasa revista a los postulados de la cultura alternativa y lo que últimamente se ha dado en llamar ‘hipster’.

Bajo el expresivo subtítulo de ‘Crónica de una dominación cultural’, ‘petardas’, ‘fashions’ y demás fauna moderna no salen precisamente bien parados de este análisis en el que, en lo que parece un ejercicio de provocación, Lenore equipara prácticamente a los ‘hipsters’ con los pijos de los años ochenta, guiados por la moda y el consumismo, y vinculando la propia identidad a las elecciones de marcas y productos. La polémica, obviamente, está servida, sobre todo cuando el autor se refiere a «la única tribu urbana que no se considera tribu urbana».

Con enorme sagacidad y una apabullante capacidad de relacionar datos, citas y actitudes, Víctor Lenore construye un discurso sólido y a la vez dinámico, en el que tampoco faltan ciertas actitudes ‘gafapastas’, desde los guiños a escritores de culto –‘De qué hablamos cuando hablamos de modernos’, titula al estilo Carver uno de sus capítulos–

Su conocimiento enciclopédico del universo cultural de las últimas tres décadas le permite saltar de lo popular a lo marginal, del pop a la política, de la sociología al márketing, de series de televisión a la música indie con la naturalidad de quien se desenvuelve habitualmente en ese medio. En ese sentido, el libro podría incluso servir de guía inversa, aprovechando la inmensa cantidad de pistas que aporta sobre grupos musicales, por ejemplo.

En el trasfondo, la pretensión del autor no es otra que desvelar cómo, detrás del concepto de modernidad no se esconde otra cosa que la más sofisticada de las forma del consumismo. Para empezar, Lenore sostiene la más que inesperada tesis de que la cultura ‘hipster’ es de derechas –algo que empezó a sospecharse tras las ‘salida del armario’ política de Russian Red–. Y lo argumenta basándose no sólo en las tendencias particulares de muchos de sus iconos; desvela, por ejemplo, que David Foster Wallace, además de votar a Ronald Reagan, defiende en su obra una ideología conservadora cercana al thatcherismo, en lo que el autor define como integrismo individualista.

No faltan tampoco ajustes de cuentas con ciertos ‘pecados’ del hipsterismo: su presunto racismo o un machismo latente que supuestamente destapó la publicación ‘Diagonal’. Hasta se reprocha al escritor Javier Calvo alguna desafortunada referencia a ‘chonis’ y ‘canis’ y su involuntaria colaboración en denigrar a la clase trabajadora. El cóctel se completa con el clasismo, el esnobismo y hasta la anglofilia de los modernos. Nada extraño, si tenemos en cuenta que Lenore defiende la tesis de que el hispterismo no es sino la materialización de la cultura de la clase dominante, y que finalmente, todo se reduce a simples términos económicos: compra, consumo…

En este proceso de deconstrucción, el autor llega hasta los orígenes del ‘indie’ primigenio, el movimiento musical inglés de los años ochenta. De lo que va el juego, aclara, es de buscar la diferenciación: ‘Soy indie, soy especial’. Paradójicamente, también este libro destila cierto espíritu ‘hipster’: lo ha publicado una de las más exquisitas y modernas editoriales independientes, Capitán Swing. Y seguramente sus lectores serán gafapastas, arrepentidos o no.

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Cuando el indie se llamaba underground
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Javier Menéndez Llamazares | 14-10-2014 | 10:23| 0

 

Pat Escoín, líder de los inolvidables Romeos, publica su memoria personal y creativa de las cuatro últimas décadas

 

"Redonda como una pelota", de Pat Escoín. Ed. Chelsea, 2014. 84 pág., 15€.

Cuando a finales de los ochenta Jesús Ordovás presentó a Los Romeos en su Diario Pop, resaltó la sugerente voz de la cantante. «Es que todavía está en el instituto, y como grabábamos hasta tarde por la noche, estaba ya medio dormida». La voz provocadora pertenecía a Patricia Escoín, quien se había unido a los músicos de Morcillo el Bellaco para conquistar al público nacional con su sonido ramoniano y una estética que dejaba en nada a los mismísimos Transvision Vamp.

Tras una nueva intentona bajo el nombre de Belfast, reapareció posteriormente reencarnada en Lula, con el mismo ardor guerrero aunque no tanta fortuna comercial, sigue en recorriendo el país –junto a su banda paralela Los Amantes– defendiendo sus propias canciones en las que los mismo canta a Henry Miller que recrea con ironía pasajes de su propia vida.

Una vida intensa y llena de claroscuros que rememora a base de fogonazos en ‘Redonda como una pelota’, última entrega de la siempre excelente colección ‘Mis documentos’, de Chelsea Ediciones, el sello del también músico Álex Cooper. El libro de Escoín ofrece, como no podía ser de otra manera, una visión fragmentaria y personal de las cuatro últimas décadas, y nos presenta una visión inédita de lo más parecido a una rockstar femenina que existe en la independencia española. Del éxito masivo –habría que ser algo malévolo para calificar a su grupo de ‘mainstream’– a los postulados más indies, este libro nos demuestra que detrás de la ‘frontwoman’ no sólo hay estética o incluso ‘actitud’, sino una personalidad rica y desbordante, en ocasiones dada al exceso pero absolutamente cautivadora no sólo en lo que hace sino en lo que piensa y ofrece, y sobre todo en cómo lo cuenta.

A partir de multitud de textos dispersos, procedentes de diarios personales, entrevistas, posts de su extinto blog ‘Paty la dulce’ y algún artíulo realizado expresamente para este libro.

Salpicados entre los capítulos aparecen rescatados algunos poemas, fechados entre 1987 y 2012. Sería difícil precisar si se trata de textos poéticos o de letras de canciones, en especial según avanzan cronológicamente, y se aprecia un mayor dominio del ritmo y la asunción de una métrica característica. Lo que sí resulta destacable es la curiosa coherencia estilística de todos los textos, que se van depurando formalmente pero manteniendo una misma línea ascendente. Los contenidos, por su parte, reflejan distintos estados vitales, desde la furiosa efervescencia adolescente hasta la reflexión pausada de edades más maduras.

Como en toda la colección, la aportación gráfica resulta de lo más interesante. Especialmente llamativas son las fotografías de su carrera musical; desde un fotomontaje con sabor a años ochenta a instantáneas de los primeros conciertos con Los Romeos, en los que resalta la siempre poderosa y sugerente imagen de la cantante. Además, nos ofrece un singular juego circular con las fotos más personales: entre la primera y la última median varias décadas, pero la improvisada modelo ofrece la misma pose.

En definitiva, este autorretrato fragmentario supone un tesoro impagable para sus fans, y la presentación de una mujer fascinante para cualquier lector atento.

 

 

 

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Cristina Peri Rossi rememora una década de amistad y literatura con Cortázar
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Javier Menéndez Llamazares | 14-10-2014 | 11:38| 0

Queremos tanto a Julio

"Julio Cortázar y Cris", Cristina Peri Rossi. Ed. Cálamo, 2014. 126 pág., 13,50 €.

Que entre dos grandes escritores se forje una amistad intensa suele producir efectos literarios fabulosos, que toman cuerpo en una vívida correspondencia, en referencias cruzadas y en todo un entramado de guiños, menciones y homenajes escondidos en la obra de ambos, que resultan apasionantes para sus lectores más atentos. Para que esa amistad dé un paso más y entre en los confusos territorios de la seducción hacen falta varias coincidencias necesariamente felices. Como sucedió, por ejemplo, entre Julio Cortázar y Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941), que mantuvieron una estrechísima vinculación –como ‘amistad amorosa’ la califica el editor en el texto de la contracubierta– durante una década, hasta el prematuro fallecimiento del franco-argentino en febrero de 1984.

Tres décadas más tarde, Peri Rossi nos ofrece su más que apasionada visión del genio, desde un doble plano en el que se combina su desmesurado talento literario con una más descocida faceta íntima, no menos atractiva. En la evocación de la autora se funde lo literario con lo vital, las citas propias con las ajenas, la biografía con la literatura, hasta lograr un relato que consigue tanto recrear al mito –desde una indisimulada devoción, todo hay que decirlo: »Julio era un hombre muy atractivo, que gustaba mucho a las mujeres»– como cautivar al lector, con la dosis justas de emocionalidad, tintes autobiográficos e intrahistoria literaria. Se trata, desde luego, de un plato para paladares exquisitos.

Sorprende, eso sí, la tesis que sostiene que la uruguaya en los primero capítulos del libro. Según se desprende de los datos que ofrece, Cortázar habría fallecido de sida, una enfermedad aún desconocida en aquel momento y que podría haber contraído tras una transfusión masiva a la que hubo de someterse en 1981.

Claro que en esta obra hay mucho más; desde un recorrido por la obra final de Cortázar hasta un vistazo a su vida personal, especialmente a la pulsión amorosa y erótica del escritor, en perpetuo coqueteo. Con profusión de citas y extractos de cartas, la autora traza con especial delicadeza la historia de una relación que parece haber trascendido no ya al tiempo y al espacio, sino incluso a la propia muerte.

Peri Rossi no sólo recrea, sino que conversa con un Cortázar ausente, e incluso fabula las opiniones que podría mantener hoy día: »Han pasado veinte años, Julio, y a vos te siguen sin gustar los homenajes». También nos realiza confidencias más o menos imprevisibles, reincidiendo en una obsesión compartida con Cortázar, la de buscar la complicidad del lector; nos desvela, por ejemplo, sus esperanzas frente a la revolución sandinista o su aversión a los aviones.

En el texto, sin embargo, aparece discretamente un curioso dato: la propia autora fecha la escritura de uno de los capítulos (El país conjunto. Las provincias) en el año 2000, si bien al final del libro vemos que data el conjunto en mayo de 2014, en un capítulo final titulado ‘Carta a Julio, treinta años después’. Da la impresión de que nos encontramos, pues, ante un texto largamente larvado, que ha precisado incluso de varias décadas para cobrar su forma final y que, bien por cuestiones creativas, o bien por su intensa carga emocional, ha supuesto un esfuerzo notable a su autora, solo comparable con el inmenso placer que, proporcionalmente, produce su lectura.

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Reino de Cordelia rescata la sutil ‘Dulce objeto de amor’, de Raúl Guerra Garrido
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Javier Menéndez Llamazares | 14-10-2014 | 12:05| 0

Historia de la piel

"Dulce objeto de amor", Raúl Guerra Garrido. Ed. Reino de Cordelia, 2014. 120 pág., 13,95 €.

No es ningún secreto que, con el desembarco de las técnicas de mercado y la visión empresarial, el mundo editorial español cambió radicalmente a mediados de los noventa. Más conflictivo será valorar si lo hizo para bien –eso lo juzgarán los inversores a partir de sus índices de rentabilidad– o para mal –como suelen lamentar, en general, los lectores de paladar exquisito y los jóvenes autores; pero, en cualquier caso, sí que terminó con algunos usos del negocio que parecían inamovibles. Por ejemplo, el libro de fondo. Desde hace dos décadas, resulta harto difícil dar en una librería con un título que tenga más de dos años –best sellers y ediciones de bolsillo aparte, obviamente–, o incluso con algún libro que no sea una estricta novedad. La política de rotación de novedades no sólo ha acortado hasta plazos escandalosos la vida comercial de los libros, sino que incluso produce esas imágenes terroríficas de guillotinas reduciendo a confetti tiradas completas.

Sin embargo, y ahí asoma un lado bueno, estos usos de las grandes compañías han permitido que surjan pequeños resquicios para aquellos editores que apuestan por textos que nada tienen que ver con el circuito comercial habitual. Como en esta ocasión, en la que la exquisita Reino de Cordelia apuesta por recuperar ‘Dulce objeto de deseo’, publicada en 1990 por Mondadori y descatalogada durante décadas.

 

Con esta obra, Guerra Garrido parece querer dar respuesta a dos cuestiones que muchos autores se han planteado a la hora de diseñar sus obras: ¿una sola noche puede llenar toda una novela?, y la pregunta subsiguiente: ¿cabría en una novela toda una noche? Sin necesidad de emular a Funes el Memorioso, el escritor opta aquí, más que por transcribir con mayor o menor precisión el discurrir cronológico de los acontecimientos, por reconstruir la intrahistoria de lo que, en apariencia, podría no pasar de ser un episodio galante, uno más, en la época del último cambio de siglo. Sin embargo, el novelista decide abordarlo desde una perspectiva insólita, la sensorial. Y, en concreto, la relativa al sentido del tacto. Así, el lector asiste a una fabulosa trama en la que la excitación de sus personajes va in crescendo, y que le permite jugar no sólo con los diversos estadios del deseo, sino con los recursos de la imaginación y de la anticipación del placer. Así, el coqueteo y la seducción mutua son vistos como medios pero también como procesos casi fisiológicos, en medio de un Madrid tan cosmopolita como canalla, pero siempre desde la más absoluta delicadeza tanto en el argumento como en su tratamiento formal.

Si bien es, precisamente, en lo formal en lo que más asombra este ‘Dulce objeto de amor’, concebido como un dueto en el que las voces se alternan, pasando en cada fragmento de uno a otro de los amantes, que se convierten en el foco de un discurso que resulta en ocasiones complementario y en otras levemente discordante, pero siempre a través de un narrador que, sorprendentemente, se dirige a sus personajes en segunda persona. Un narrador que traza un relato intenso y cargado de minuciosas descripciones, con una marcada preocupación estilística que, en ocasiones, puede resultar excesiva –»Desfalleces con el tacto de su aterciopelada dulcedumbre, de su glabra tersura…»–, con un uso del lenguaje que, por intención y por léxico, casi se diría más cercano a la poesía que al género novelesco.

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Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupo de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria.

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