El Diario Montañes

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Xandru Fernández reconstruye en ‘Las ruinas’ la esencia de la cuenca minera
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Javier Menéndez Llamazares | 13-04-2015 | 11:47| 0

De una tierra agujereada

 

Autor: Xandru Fernández. Título: Las ruinas. NOVELA. Ed. Baile del Sol, 2015. 248 pág., 15 €.

En muchas ocasiones, el verdadero placer de una novela no se encuentra en su construcción, en la trama o siquiera en sus personajes; a veces basta simplemente con una escena afortunada para que un buen libro se convierta en una obra seductora.

En ‘Las ruinas’, por ejemplo, mientras suena de fondo ‘Héroes’, de David Bowie, Orlando conversa sobre películas de monstruos con Isra, su amigo de la infancia, en un garaje reconvertido en baúl de recuerdos –allí se almacenan juguetes viejos, balones deshinchados, radios desmontadas pieza a pieza–, surge la reflexión: antes «los malos eran malos de verdad. La maldad era pura»; el pensamiento persigue, más que la democratización del mal, analizar su percepción y su recepción. La pura maldad estaría en su representación: «la maldad de un crimen no está en su ejecución, sino en su diseño», concluye Orlando. A la escena sólo le falta que, en lugar de escuchar la música en cedé, hubieran rescatado un viejo vinilo.

Claro que estas ‘Ruinas’ hay mucho más que escenas excelentes, regusto a nostalgia ochentera y reflexiones semiológicas; a través de tres líneas de tiempo y tres hermanos de la cuenca minera Xandru Fernández (Turón, 1970) reconstruye buena parte de la intrahistoria asturiana –‘El Valle’, en la novela– del pasado siglo. Y lo hace con los materiales más literarios que encuentra a su alcance, que no son sino la ficción y la realidad. Con ambas jugará Fernández a confundirlas, sobre todo dentro del relato, en el que, a la manera de las leyendas urbanas o la etimología popular, acabará importando más el resultado que el proceso. Y es que en la primera línea temporal la trama nos presenta a un aviador alemán que estrella su avión en la Asturias republicana de 1937, pero quienes lo narran no sólo no fueron testigos directos sino que ni siquiera pueden estar seguros de la veracidad de los hechos. Quedan, eso sí, pruebas implícitas, como el apelativo familiar de los supuestos descendientes, apodados desde entonces ‘los Alemanes’; Rosa ‘la alemana’, su madre, sería por tanto la ‘consecuencia colateral’ de la aventura del piloto teutón en la guerra civil. La segunda y la tercera líneas están aún más  imbricadas: desde mediados de la última década, con los tres hermanos ya maduros, se desvelará un suceso traumático que, en el año 80, marcaría sus vidas y la relación entre ellos.

Claro que el paisaje social resulta mucho más frondoso; Fernández nos presenta una sociedad cuyo eje identitario es la actividad minera –«¿Nunca lo has hechado de menos», preguntan a Antón, minero retirado–, que forma sobre el terreno agujereado poblados al servicio de cada mina, que terminarán por convertirse en meras ruinas.

Sin embargo, pese a que El Valle tiene tal presencia que parece hacer que las vidas de todos los personajes, incluso los que viven muy alejados, orbiten a su alrededor, siempre está presente la constancia del mundo ‘exterior’: por un lado, los emigrados como la rumana Dioti, y por otro las continuas referencias a culturas populares –como el punk– sirven para marcar fronteras, más generacionales y culturales que geográficas, si bien también sirven para reforzar la coherencia de grupo frente a colectivos ajenos: «[de Londres, en el 79,] volviste hecho un bujarrón].

Destaca la decisión de narrar en presente una recreación del pasado, como también resalta un estilo pulcro y en apariencia neutro, que cede la atención al retrato social y humano de un mundo en desaparición.

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Alpha Decay rescata la visión de los años sesenta de Geoffrey O’Brien
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Javier Menéndez Llamazares | 13-04-2015 | 12:08| 0

El sueño eterno

 

Título: Tiempo de soñar. Episodios de los sesenta. Autor: Geoffrey O'Brien. ENSAYO. Ed. Alpha Decay, 2015. 192 pág. 18,90 €.

En Cuatro Caminos, en un entresuelo que da a la plaza, luce una bandera roja con la silueta del Ché estampada. Una imagen inconfundible que, aunque se vea cada vez menos, conserva todo el magnetismo pop que la convirtió, más allá de su significado político, en un icono de los años sesenta. Claro que entonces, mucho antes de que el sistema asimilara esta imagen –y buena parte de la rebeldía de la década–, en lo que Guy Debord denunció como ‘recuperación’ por parte del capitalismo, para los jóvenes de aquel tiempo la figura de Ernesto Guevara sí que tenía un significado muy claro: el activista exquisito, un hombre centrado que «lo daba todo sin reservarse nada», un monje de una nueva fe que propugnaba «odiar al enemigo con amor revolucionario». Y es que hablamos de un momento en que un ‘gurú’ como Abbie Hoffman se atrevió a afirmar que «el ataque del Vietcong a la embajada estadounidense en Saigón es una obra de arte».

Lo explica Geoffrey O’Brien en ‘Tiempo de soñar. Episodios de los sesenta’, un libro a medio camino entre la no-ficción y la literatura autobiográfica publicado originalmente en 1988 y cuya versión al castellano acaba de presentar la editorial Alpha Decay, dentro de su colección ‘Héroes modernos’. Son un total de trece ensayos en los que explora diferentes aspectos de la historia cultural norteamericana, partiendo la particular geografía social de la época: abre el fuego con la vida cotidiana de su generación durante la infancia en los años cincuenta, y relata la bonanza de una época en la que las clases populares accedieron a un alto nivel de vida y poder de consumo, tal vez el mejor momento económico de la historia para los trabajadores , que incluso conquistaron espacios urbanos como el típico ‘suburbio’ norteamericano.

A partir de ahí, toman las páginas la industria cultural, el cine, la literatura, los hippies, la intocable alta sociedad, las drogas, las revoluciones marxistas y, sobre todo, el gran catalizador de toda la rebeldía de la época, la música pop. Un auténtico torbellino de ideas que, lejos de desmitificar una época irrepetible, parece ahondar en el convencimiento de que las expresiones del underground de una generación suelen convertirse en la alta cultura de las siguientes –tal como explicara el académico Michael Rockland en ‘¿Por qué estudiar basura?’–.

En el aspecto formal del texto, si Ricardo Gullón estudió minuciosamente la novela lírica, tal vez no estuviera de más perfilar también el ‘ensayo lírico’, tal vez la etiqueta en la que mejor encaje esta obra singular, en la que el estilo parece preocupar al autor casi tanto como el contenido. Bien es verdad que, en beneficio del lector, quizá fuera preferible que O’Brien prescindiera en algunos momentos de su prosa barroca y su tono en ocasiones épico y a ratos de colega, en una especie de movimiento de alejamiento y distanciamiento que en cierto modo mimetiza los procesos sociales que glosa el texto, en un mundo que estrechaba las distancias intergeneracionales, de clase y entre hombres y mujeres, pero que mantiene las estructuras socio-económicas que el sector más joven de la población pone en cuestión o incluso rechaza diametralmente.

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Francisco Nixon, el escritor detrás del músico independiente
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Javier Menéndez Llamazares | 30-03-2015 | 11:37| 0

Héroes de los noventa

 

Título: Aprendiz de Kung-Fú. Autor: Francisco Nixon. ENSAYO. Ed. Chelsea, 2014. 84 pág., 15 €.

Más que leerle, a Francisco Nixon habitualmente se le escucha, y no sin atención; de hecho, en los últimos veinte años le hemos escuchado mucho todos, y algunos hasta sin saberlo, porque suya era una de las canciones de más éxito en los años noventa, el famoso ‘Chup chup’ de ‘Historias del Kronen’, la adaptación de la novela de Mañas.

Claro que Nixon, entonces en Australian Blonde, no encaja con el perfil de estrella pop y tampoco parecía estar dispuesto a amoldarse; tres décadas más tarde, ha cuajado una carrera que ha partido de las multinacionales hacia la más rigurosa independencia; de sonar en la tele a dar conciertos privados. De una juventud enérgica y arrolladora a una madurez introspectiva y minimalista.

Entretanto, el músico ha ido dando paso a un artista más amplio; y es que Nixon dejó el inglés –o ‘algo parecido al inglés’, bromea en su libro– por el castellano con su siguiente grupo, ‘La Costa Brava’, y a partir de entonces surgió un escritor que ha ido acercándonos sus textos no sólo en canciones, sino también a través de su blog, en revistas o incluso en libros colectivos de relatos sobre música.

En sus discos en solitario, Nixon construye un narrador melancólico, que sobrelleva la derrota con la mayor dignidad posible. Construye historias cotidianas de esperanza o resignación, pequeños salvavidas en medio de grandes naufragios.

En ‘Aprendiz de kung-fu’, en cambio, hay menos personaje y la ficción cede terreno a la opinión. El escritor habla de música, sí, pero también el músico habla de escritura, de política, de su trayectoria, de su visión del mundo. Asombra, por ejemplo, una inesperada reflexión sobre el marxismo, a partir de Gramsci y Habermas. Emocionan sus recuerdos de Sergio Algora, compañero de mil aventuras musicales y personales.

Pero es que también hay consejos surgidos de su experiencia, que él mismo admite no haber seguido –«no seas tertuliano, no te des autobombo, no critiques a otros músicos…»–; también recomienda responder por escrito a las entrevistas, y ahí sí que se lo toma en serio, incluyendo una entrevista con la que cierra el libro y que tal vez sea uno de los textos más esclarecedores.

La colección ‘Mis documentos’ impone, obviamente, sus restricciones; su carácter de recopilación propicia una estructura fragmentaria, con diversidad temática y abarca un amplio espacio temporal; recoge muchos textos dispersos en diferentes publicaciones, pero es grato comprobar que existe, si no cohesión, sí una notable coherencia interna, que nos permite una visión de conjunto del pensamiento de Nixon, y de su evolución a lo largo de los últimos veinticinco años.

Jugosa es también su visión desmitificadora de la militancia independiente, en la que hay más conmiseración que rabia, aunque se completa el conjunto con dieciséis fotografías en blanco y negro que casi parecen piezas de una exposición para mitómanos del ‘indie’.

Claro que alguien capaz de dedicar dos páginas de su libro a reflexionar sobre el tabú de que un chico salga con una chica más alta que él –Nixon refiere incluso una anécdota personal sobre el particular–, o de confesar su sentimiento de incomodidad al pisar el escenario, temiendo que descubran que es un impostor, merece desde luego una lectura tan atenta como generosa. Y, desde luego, vale la pena. El Francisco Nixon escritor tal vez sea incluso más interesante que el

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Aixa de la Cruz reúne siete nuevas ficciones en ‘Modelos animales’
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Javier Menéndez Llamazares | 24-03-2015 | 08:24| 0

El desvío de la realidad

 

Título: Modelos animales. Autora: Aixa de la Cruz. RELATOS. Ed. Salto de Página, 2015. 144 pág., 14,90 €.

Leyendo ‘Modelos animales’, el último libro de cuentos de Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988), resulta inevitable la reflexión acerca de los límites de la autoficción, y si estos permanecen aún inexplorados, en plena expansión de la literatura del yo. Y es que, más que hibridar realidad y ficción, hay ocasiones en las incluso parece que hasta nuevos agentes, en los aledaños de la literatura, cooperan para conseguir que el relato entre y salga de lo real, en un recorrido guadianesco que arranca en las solapas del libro y desemboca en un cuento torrencial, ‘Abu Ghraib’, que además sirve para cerrar el volumen. Pero empecemos por el principio.

El editor de Salto de Página no incluye fotografías en la solapilla que dedica a la nota biográfica del autor, pero suele añadir información mucho más interesante. Cada sello es, desde luego, diferente, pero por mucho que sospechemos que este tipo de textos –como los de cuarta de cubierta– suela encargarse directamente al firmante del libro, lo cierto es que un buen editor jamás renunciará a intervenir en esos párrafos que, como presentación del escritor y de la obra, tienen una importancia capital cuando el lector se enfrenta a un libro desconocido, en una especie de ‘puerta fría’ librera.

Normalmente, se trata de rebajar los autoelogios del autor y ‘vender’ el libro con un texto atractivo. En este caso, además, tras las habituales menciones bibliográficas se desliza un dato que, en una primera lectura, parece intrascendente: la escritora prepara actualmente una tesis sobre la representación de la tortura en las series de televisión. Una información que se antoja completamente prescindible, pero que en realidad es un guiño discursivo, una especie de intertexto que conecta con uno de los relatos más impactantes del libro.

Cuando arranca ‘Abu Ghraib’, parece como si la autora hablase de otra cosa; esa es, tal vez, la ‘estrategia’ general en la narrativa de De la Cruz, un poco a la manera de Cheever o Carver. Tras un desvío por Norteamérica, la narradora nos lleva a un entorno mucho más identificable –aunque no necesariamente demasiado cercano–: el País Vasco. Habla, desde prisión, una antigua cantante de un grupo de rock radical, que explica a una periodista los motivos de su condena por asesinato.

Como en ‘La broma’ de Kundera, lo anecdótico da paso al horror, y cuando unos compañeros de estudios hacen creer a la cantante que su música había servido como instrumento de tortura el golpe psicológico es tan fuerte que ella misma decide autoinflingirse el castigo, tratando de encontrar los motivos para una reutilización tan humillante de su trabajo artístico, con resultados absolutamente devastadores.

Como promete el argumento, el trasfondo no defrauda: la inseguridad del creador, las diferentes subjetividades en el arte o la capacidad crítica ondean sobre un relato repleto de estrías desgarradoras, en el que, además, se transmite una visión del conflicto vasco que seguramente dará pie a todo tipo de polémicas.

Claro que, entonces, se produce la magia, y la voz en tercera persona de la cantante empieza a desarrollar su propia teoría sobre cómo la ficción televisiva representa la tortura. ¿Les suena? Ese trasvase entre voces las distancias entre lo biográfico, lo fabulado, el narrador y sus personajes, produciendo un efecto tremendamente seductor que otorga a la prosa de Aixa de la Cruz un valor extraordinario.

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Carlos Maleno explora el lado oscuro en ‘La rosa ilimitada’, su segunda novela
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Javier Menéndez Llamazares | 19-03-2015 | 11:20| 0

Genealogía del mal

 

Título: La rosa ilimitada. Autor: Carlos Maleno. NOVELA. Ed. Sloper, 2015. 200 pág., 16 €.

En algunas ocasiones, la realidad acude en auxilio de la literatura; esta semana, por ejemplo, la red Facebook decidió censurar al escritor Carlos Maleno, que había tenido la ‘insólita’ ocurrencia de utilizar la portada de su libro como foto de perfil. El problema, claro, es que el editor había apostado fuerte, con una imagen firmada por Randy Waters a la que en otra época le habrían puesto como mínimo un rombo. Así, en una escena que bien podría formar parte de la trama de la propia novela, la realidad brinda a la ficción una jugosa excusa promocional, que a su vez resulta de lo más literaria.

Claro que en esta ocasión resultaba casi innecesario… Y es que ‘La rosa ilimitada’ es una novela que sucede dentro de otra novela de igual nombre, la novela de un escritor que se convierte en editor y que junto a su socio busca a una escritora lisiada, que fantasea con dedicarse a la prostitución, con la que acudirán a una lectura de poesía de Houellebecq. Entretanto, la muerte y el horror cobrarán multitud de formas, presentándose en las numerosas ramificaciones de la trama principal.

En la obra hay, pues, sordidez, violencia, rabia y las conexiones inexplicables del lado oscuro que esconde el mundo; hay lenocinio, depravación, crímenes despiadados; hay incluso una visión de la dominación y el sadomasoquismo que muy poco tiene que ver con las versiones edulcoradas con las que últimamente Hollywood y la industria del bestseller alimentan las ensoñaciones de las lectoras de un solo libro. Hay, en definitiva, un recorrido por el mal como concepto, sin distinciones diastráticas: desde los desclasados –como los emigrantes ilegales– hasta los privilegiados, nadie escapa al horror. Claro que Maleno no utiliza medidas socioeconómicas, sino su propio rasero literario: ¿supone la cultura algún tipo de antídoto contra el mal?

Pero ‘La rosa ilimitada’ es también una novela imaginada por Roberto Bolaño, que en su ‘2666’ es escrita por Benno von Archimboldi y publicada por Gallimard en 1968 y posteriormente traducida al castellano en 1974 por Óscar Amalfitano. Y es que la influencia de Bolaño se hace explícita en la estructuración de la novela, en la que dos capítulos son titulados a la manera de ‘2666’; son ‘La parte de Marcelo’ y ‘La parte de los ahogados en el desierto’. Pero es que la primera parte, ‘Detectives perdidos en la ciudad oscura’, también parece un homenaje indisimulado a ‘Los detectives salvajes’; todo ello forma parte de una intrincada red de referencias literarias y guiños al lector más o menos subrepticios que propician una lectura paralela de la obra, que complementa el desarrollo de la trama añadiendo todo tipo matices que harán la delicia de los paladares más exquisitos: a la protagonista, por ejemplo, le falta una pierna y se apellida Boccia, igual que un deporte paralímpico similar a la petanca; el editor y escritor Roberto Fate comparte apellido con un detective de Bolaño; se cita a Nietzsche, a Sacher-Masoch, a Juan Villoro, a Ricardo Menéndez Salmón… Se cuelan un par de recomendaciones de lectura y hasta valoraciones criticas entreveradas en el desarrollo de unos personajes que lamentan no haber llevado consigo algo para leer, como en los tiempos en que aún no había teléfonos móviles.

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Las ‘Etimolomías’ de Felipe Zapico como muestra de la hibridación entre literatura y nuevas tecnologías
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Javier Menéndez Llamazares | 19-03-2015 | 11:20| 0

Rabiosamente contemporáneo

 

Título: Etimolomías. Autor: Felipe Zapico Alonso. Ed. Ebookprofeno, 2015. 168 pág., descarga libre

¿Cómo será el libro del futuro? Desde hace décadas, la fascinación por los avances tecnológicos nos ha llevado a imaginar nuevos formatos y posibilidades casi infinitas para una especie de ‘literatura ampliada’ –o ‘supervitaminada y mineralizada’, como habríamos dicho los niños del siglo pasado– por la electrónica. Lejos de los hombres-libro con que nos aterrase Bradbury, en los últimos años hemos preferido fabular con obras interactivas, multimedia o incluso virtuales. Hasta Fernando Marías probó fortuna hace unos años con una novela ‘transmedia’.

Sin embargo, lo cierto es que, ahora que, parafraseando a aquel mítico grupo nuevaolero, ‘el futuro ya está aquí’, la realidad se parece bastante poco a lo que habíamos imaginado para el siglo XXI. Aunque sin radicalismos, pero sí que hay cosas que han cambiado, y por fuerza habrían de acabar influyendo a los libros, tanto en su contenido como en su continente.

Una buena muestra, más que del futuro, de cómo puede ser un libro publicado hoy día, puede ser la última obra de Felipe Zapico, ‘Etimolomías’. Una obra que rompe no sólo con presupuestos estéticos y genéricos y con los cánones de la industria, sino que incluso traspasa algunos de los tabúes más interiorizados por buena parte de los escritores contemporáneos.

Empezaremos por el final: el tabú de la autoedición. Para entender el problema, lo mejor es tirar de diccionario, en concreto de inglés. Y es que los anglosajones han inventado una etiqueta tan elegante como hiriente: ‘vanity press’. Esa simple insinuación hace que el prestigio del autor-editor quede en entredicho. Sin embargo, Zapico, un antiguo cantante de rock, parece optar por la vía de la máxima del punk, ese ‘hazlo tú mismo’ que aunque a algunos les suene a Bricomanía, en realidad es una cápsula de pensamiento anarquista con efectos tan devastadores como imprevisibles. Así, que Zapico publique su libro en su propia editorial –Ebookprofeno, un sello pensado para dar visibilidad a nuevas voces– en realidad refuerza su postura frente al mercado editorial.

Claro que el ‘mercado’ también resulta un término improcedente en este caso: desde la página 7, la de derechos, se enarbola una licencia creative commons y la curiosa mención a que este libro está ‘libre de ISBN’ –lo que daría pie, de paso, a un debate más amplio entre el utilitarismo y la indefensión ante el control–. Más rupturas: el libro aparece en digital, pero es susceptible de convertirse en papel.

Pero, por supuesto, poco importan los formatos, los soportes y los contextos legales, si no hay un contenido que justifique la lectura. Y en este caso, el texto que nos ofrece Zapico no sólo resulta seductor para el lector, sino que comparte el espíritu rabiosamente rompedor de su continente.

Fragmentarismo, hibridación de géneros, fusión entre forma y mensaje… Felipe Zapico ofrece en este libro inclasificable una alucinante recopilación de textos de diferente estilo e intención, pero hilvanados por la memoria como hilo conductor de un relato que es su propia peripecia vital. En ella resuenan los ecos de la juventud, los locos años de la transición, su pasión por el rock y toda una historia de pasión, más que con la literatura, con las palabras y con el pensamiento de los demás. De la calle al aula, del punk a la alta cultura, el propio título es ya un guiño en el más puro estilo de Ramón Gómez de la Serna. Como remate, el libro se acompaña de una banda sonora, cuatro canciones compuestas junto a Toño Caminero, que se pueden escuchar desde Bandcamp.

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Jorge Freire publica la primera biografía en castellano de Edith Wharton, la gran cronista del viejo Nueva York
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Javier Menéndez Llamazares | 19-03-2015 | 10:45| 0

No happy ending

 

Autor: Jorge Freire Título: Edith Warton, una mujer rebelde en la edad de la inocencia. BIOGRAFIA. Ed. Alrevés, 2015. 194 pág., 17 €.

Que el éxito nunca es completo debería ser un axioma que los escritores se hicieran grabar frente a su máquina de escribir; en sus propias carnes lo pudo comprobar Edith Wharton en 1905. Su novela ‘La casa de la alegría’ –que vendió treinta mil ejemplares en tres semanas– la había catapultado a la fama, precisamente en el momento en que la literatura se transformaba en una poderosa maquinaria industrial, productora de historias que habrían de convertirse en dinero, bien fuera en forma de libros impresos o bien como argumentos de adaptaciones cinematográficas o para la escena. En este caso, fue una obra teatral la que fracasó rotundamente. Al parecer, le faltaba un elemento esencial para el mundo del espectáculo, entendido en clave norteamericana: el ‘happy ending’.

La biografía de Jorge Freire nos presenta un retrato vital de Edith Warton, de sus vicisitudes, sus relaciones sociales y de sus hitos miliarios, pero siempre con la creación literaria como eje y punto de referencia. Y lo hace de un modo particularmente seductor; sin renunciar al desarrollo cronológico, el autor compartimenta conceptualmente cada periodo para servirlo en capítulos cortos, casi una suerte de relatos breves que se engarzan hasta construir un relato vívido y sugerente que se lee como una novela. Este quizá sea el principal valor del libro, capaz de conjugar lo valorativo con lo narrativo, de manera que lo que en apariencia es el mero discurrir de la vida de la autora lleva implícito, además, un análisis profundo tanto de la mentalidad de la época como de las claves literarias de una escritora que, un siglo más tarde, continúa resultando cautivadora.

Según nos desvela Freire, el motivo principal de su obra es el sacrificio femenino –del ‘matrimonio como solución’ al ‘matrimonio como problema’–, pero todo lo que de interesante sucede en el mundo alrededor de Wharton es susceptible de convertirse en materia literaria; la moda, por ejemplo, de las ‘tableaux vivant’, las recreaciones vivientes de obras pictóricas, es tamizada por el filtro artístico de la escritora hasta encontrar un ángulo en que surja el conflicto inesperado: ¿es lícito contemplar durante uno de estos actos a una mujer semidesnuda? Lo que, en realidad, esconde un trasfondo creativo de mucho mayor calado: la representación como forma de posesión. Más allá de las anécdotas lúbricas que funcionan como banderín de enganche, ése es el verdadero interés de la narradora, las complejas relaciones interpersonales y los juegos de dominación que entrañan.

También sirve la biografía para comprender la posición de equilibrio en la que viviría Wharton, educada para dama victoriana y que sufriría en primera persona el drama de las apariencias, con una vida familiar desquiciante, mientras a su alrededor se desmorona el viejo orden: las ‘buenas familias’ son eclipsadas por los nuevos ricos, el gusto refinado y elitista tiene que convivir con las maneras lo que ella llama ‘el hombre de la fiambrera’, y surge, además, la ‘new woman’, un ejército de mujeres que toma al asalto el mercado laboral y empieza a ser consciente de la necesidad de exigir una igualdad entonces utópica.

Con una prosa exquisita y un acopio de datos y argumentos más que considerable, Jorge Freire consigue que el lector, al finalizar la lectura, se sienta como retrata a Scott Fitzgerald en el preámbulo: a los pies de la gran dama del viejo Nueva York.

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Reaparece en digital ‘Una mirada oblicua’, la reflexión de Manuel Rico sobre la España de la transición
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Javier Menéndez Llamazares | 19-03-2015 | 10:52| 0

Un lugar en el mundo

Autor: Manuel Rico. Título: Una mirada oblicua. NOVELA. Ed. del Umbral, 2014. 177 pág., 1,82 € Edición para Kindle

En muchos sentidos, la difusión del libro electrónico ha resultado una auténtica bendición, un favor inesperado para muchos lectores a los que empezaban a constreñir los usos de un sector editorial que, desde hace dos décadas, ha dejado de lado el libro de fondo, optando por una política de rotación de novedades que más bien parece una práctica de tierra quemada, pues lleva aparejada la destrucción de los millones de ejemplares que, cada temporada, no consiguen encontrar comprador. Así, esta especie de bibliocidio no sólo puebla las pesadillas de los escritores, sus primeras víctimas, que sueñan con encontrar la fórmula del éxito instantáneo porque el ‘mercado’ no admite segundas oportunidades, sino que provoca un tremendo estrés en toda la cadena del libro, desde los distribuidores saturados a los libreros que devuelven cajas de novedades sin llegar a abrirlas, pues no hay espacio en sus estanterías para tanta oferta.

También, como no, repercute en los lectores, esa especie que poco tiene que ver con los consumidores de best-sellers, y que aunque prefieran las novedades de su editorial favorita, no desdeñan el placer de recuperar obras de temporadas pasadas. Sólo que, en la actualidad, a los seis meses un libro ya ha caducado, así que hablar de novelas con un par de años de antigüedad o un lustro nos llevaría ya al universo del mercado de lance o las librerías de viejo.

La edición digital, en cambio, viene a paliar esta situación tan contraria a la lógica literaria, y posibilita que muchas obras hasta ahora inencontrables vuelvan a estar al alcance de su público, y además en condiciones más que ventajosas.

Este es el caso, por ejemplo, del escritor Manuel Rico, quien poco a poco va recuperando sus obras más personales, aquellas que ya no tienen cabida en los catálogos de las editoriales de prestigio, pero que aún tienen mucho recorrido y merecen una nueva lectura. A través del sello Ediciones del Umbral, han reaparecido la primera novela de Rico, ‘Mar de octubre’, el volumen de diarios ‘Días de los ochenta’ o la colección de ensayos ‘La novela entre dos siglos’, a precios más que atractivos, entre 1,8 y 3 euros cada descarga.

El último rescate, hace unos meses, ha sido la cuarta novela del escritor, ‘Una mirada oblicua’, de 1995. Una lectura más que sugerente, precisamente en un momento de especial interés por la España de la transición, que Rico retrata a través de una pareja de profesionales liberales –él arquitecto, ella psicóloga– comprometidos en la lucha contra la dictadura, y que tomo como punto de partida el fallido golpe de estado de Tejero en 1981.

Con una escritura densa, que explora todos los puntos de vista a través de distintas voces narrativas, el novelista da forma a uno de los dramas íntimos de la época, el desencanto experimentado por toda una generación que ve cómo sus esfuerzos por cambiar la realidad social no sólo no fructifican, y en cierto modo les producen una crisis identitaria ante la necesidad de encontrar su propio lugar en el mundo, en un entorno que han rechazado violentamente pero que se ven forzados a seguir habitando. Las constantes referencias a Pessoa y su ‘Libro del desasosiego’ no son sino una referencia cómplice de esta novela intensa, de las que dejan huella en sus lectores.

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La editorial digital Ebookprofeno reúne doscientas ‘centellas’ de Neorrabioso
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Javier Menéndez Llamazares | 19-03-2015 | 10:57| 0

Manual de desobediencia

 

Título: Centellas. Autor: Batania/Neorrabioso. POESIA. Edit. ebookprofeno, 2014. 224 pág., descarga libre

Tal vez no queramos acordarnos, pero antes facebook ya se escribía en los muros. Mucho antes, incluso, de los grafitis, y hasta de los vítores, porque incluso las tapias de Pompeya se conservaron pintadas bajo. Y es que las paredes siempre fueron uno de los medios de comunicación más directos entre el ‘escritor’ y sus ‘lectores’, un soporte que no precisa de demasiada industria para divulgar su mensaje. Más curioso resulta, eso sí, que en plena era de excitación tecnológica la poesía, más que pasar del papel a la pantalla, tome las calles, y en el sentido más literal del término.

Así llegó a muchos de sus lectores el vizcaíno Alberto Basterrechea, Batania, cuyas palabras retumban en muchos muros de Madrid desde hace unos años –más o menos, cuando los ciudadanos tomaron la Puerta del Sol–, en forma de grafitis firmados como ‘Neorrabioso’: «Liberqué, igualiquién, fraternicuándo» o «Faltan homo ludens, sobran ogro sapiens» son algunos de los más célebres. Claro que también, como manda el siglo, internet serviría para publicar sus versos minimalistas y para hacerles de caja de resonancia, replicándose en las redes sociales.

Y para un autor singular, qué menos que una apuesta editorial a su altura. Si diría que el proyecto de Ebookprofeno, comandado por los poetas Sol Kabañas y Felipe Zapico, es la trasposición del punk al mundo digital, convenientemente tamizado por la revolución popular del 2011. Más que producir, proponen libros que se mueven en digital pero pueden convertirse en papel; eso sí, mediante la técnica del ‘hazlo tú mismo’, ese espíritu de la época del imperdible y la cresta. Porque estas ‘recetas’ en forma de ebook pueden descargarse para imprimir, y adjuntan unas sencillas instrucciones para encuadernarlas artesanalmente, en una especie de rito reverencial de bibliofilia, pero respetando la conciencia ecológica y austera que los tiempos precisan. Eso, respecto a la técnica; sobre el contenido,  el lema de la editorial no podía resultar más explicativo: «Publicamos a personas que sienten, padecen, estallan, cuentan, arrastran, comunican y conmueven». Tres mil descargas en cuatro días del libro de Batania parecen darles la razón.

‘Reniego de los humanos: solicito un pasaporte de pájaro’ es el título de esta colección de ‘centellas’ de Batania/Neorrabioso, que en alguna ocasión se ha definido a sí mismo como «poeta víscera, ladilla de Homero» y «cisne con paperas de la poesía panhispánica». Las ‘centellas’ no son otra cosa que brevísimos poemas, que casi parecen aforismos, que el poeta iba publicando en su blog y que reúne en esta edición. Doscientos destellos, iluminaciones con las que va trazando una suerte de cartografía ideológica en la que bien podría trasponerse el sentir de una buena parte de la sociedad española actual, organizadas en cuatro bloques temáticos –la rebeldía, lo social, el amor y la poesía–, y que literariamente juega con la sorpresa, bien en lo semántico –«Nos hemos quedado en globalizados. / Nosotros que soñábamos / con ser universales»– o con lo fonético –«No nos confundáis. / El comunista cree / y el anarquista crea». No falta tampoco la reflexión artística: «Todos los ismos pasan/ y sólo continúa/ el equivocacionismo», cierra el libro, que se devora en apenas media hora, dejando hasta en el lector más pacífico un ansia desaforada de rebelión, y un sentimiento de leve pesadumbre, como del que asume una derrota irremediable.

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Javier Tazón se pasa a la sátira con su novela ‘Cantabromaquia’
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Javier Menéndez Llamazares | 19-03-2015 | 11:00| 0

Llamando a la actualidad

Autor: Javier Tazón. Título: Cantabromaquia. NOVELA. Ilustraciones de Íñigo Ansola. Ed. Kattigara, 2014. 160 pág., 13,90 €.

 

 

¿Quién dice que las obras de ficción no puedan tener efectos secundarios? A Javier Tazón (Santander, 1953) le fascinaba de niño ‘El túnel del tiempo’, una teleserie que dirigiera a finales de los años sesenta ‘el maestro del desastre’, Irwin Allen. En la pequeña pantalla, entonces en blanco y negro, los protagonistas caían atrapados en un experimento científico de los que funcionan sólo a medias, por falta de financiación, y todo ello servía para que dos investigadores viajaran por la historia de la humanidad, mientras eran monitorizados por una gran pantalla de ‘rayos catódicos’.

Décadas más tarde, tras varias entregas de novela histórica centradas sobre Juan de la Cosa, Tazón recupera la inspiración de aquella serie pero con intenciones literariamente más sugerentes; bajo el título de ‘Cantabromaquia’ nos sitúa en un futuro no demasiado lejano, 2099, en el que el dibujo fronterizo ha cambiado por completo el mapamundi, y Cantabria no sólo es una nación independiente sino que ha logrado el más absoluto milagro económico, consistente en vivir del aire; en concreto, del aire puro embotellado.

Y a los cántabros del mañana, o más bien a la Consejería de Fomento y Actividades Creativas, se les ocurre el proyecto faraónico de implementar los viajes en el tiempo. Para ello, qué mejor que seleccionar a dos científicos –una doctora en guerras cantábricas y mecánica de partículas, y un ingeniero de la NASA–, de tan innegable raigambre cántabra que responden por Suca y Miliuco –ella es de Torrelavega y él pasiego–. Juntos viajarán, a bordo del Itinéribus, hacia el tiempo de la invasión romana. Y aterrizarán en un castro cántabro, «en algún lugar indeterminado de la Vega de Pas, donde sin saberlo han abierto una especie de pasadizo intertemporal de ida y vuelta que dará lugar a los más inesperados intercambios entre ambos mundos.

Con estos ingredientes arma Javier Tazón una novela que se promociona como ‘risa-ficción’, y que con apariencia de obra de género que realmente supone todo un repaso, audaz y sibilino, al tiempo que nos ha tocado vivir, y a la utilización más que dudosa del pasado y las reinterpretaciones históricas. Porque, a juicio del lector, no resulta del todo exacta la declaración de intenciones del autor cuando asegura, en el prólogo, que su única pretensión era divertirse con la escritura de libro; enseguida queda claro que, a la manera de Jonathan Swift, Tazón utiliza escenarios lejanos y ficticios para analizar, con espíritu fieramente crítico, un mundo cercano y muy real, el de ahora mismo. Y es que la Cantabria del futuro que dibuja se parece mucho, tal vez demasiado, a la del tiempo en que vivimos. Y no sólo porque siga soplando ‘el gallego’, sino porque perduran muchas actitudes sociales y políticas propias de nuestra época.

Narrada en tiempo presente y con gran preocupación estilística, la prosa de Tazón está dotada de gran sentido rítmico, alternando las frases cortas con pasajes de gran elaboración, siempre apoyándose en lo narrado, con lo que consigue transmitir al lector una sensación de gran dinamismo, muy apropiada para las intenciones de esta sátira moral cuyos puntos fuertes son la imaginación desbordante y un humor irónico y en ocasiones siblino: ‘El cántabro, enemigo del cántabro’, titula a uno de sus capítulos.

Mención especial merecen también las ilustraciones de Íñigo Ansola, que conecta a la perfección con el estilo lúdico y burlesco de la obra. Destaca su visión de la protagonista, apodada ‘la sibila’, en la página 25.

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Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupo de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria.

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