El Diario Montañes

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‘El Giro de Italia’ de Dino Buzzati o el ciclismo como excusa para narrar la vida
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Javier Menéndez Llamazares | 08-07-2014 | 10:12| 0

Una excursión extraordinaria

Título: El Giro de Italia. Autor: Dino Buzzati. Ed. Gallo Nero, 2014. 185 pág.

Cuando un libro nace de la pasión, por fuerza tiene que resultar arrebatador. Y esta obra surge de la pasión de Claudio Marabini, que en 1949 era un joven de dieciocho años apasionado por el ciclismo y devoraba las crónicas densas y palpitantes de Dino Buzzati, entonces ya un escritor famoso, a quien el Corriere de la Sera había destacado como enviado especial para seguir la competición del Giro de Italia durante los meses de mayo y junio.

A través de veinticuatro artículos impagables, Buzzati no sólo narra una de las más épicas disputas del deporte del siglo XX, sino que aprovecha para que su prosa agitadora y comprometida trace un retrato puntual y hasta sentimental de la Italia de la posguerra.

El director del Corriere, desde luego, sabía lo que hacía al escoger la prosa de Buzzati para transmitir una historia que dividía a todo el país entre los apasionados de Coppi y los incondicionales de Bartali. Un duelo titánico entre dos deportistas que estaban forjando su leyenda allí mismo, en directo, a través de las retransmisiones radiofónicas y las crónicas apresuradas de los reporteros deportivos. Una lucha kilómetro a kilómetro, por las calles de los pueblos y ciudades de la península, en la que los italianos hacían a la vez de juez y público de una mitología sobre dos ruedas que se estaba fraguando ante sus ojos, en cada repecho y cada esprint. Nadie podía contarlo mejor que el gran Dino.

El escritor, que ya había dado a la imprenta años antes algunas de sus obras mayores –en especial, la celebrada novela ‘El desierto de los tártaros’– arranca sus crónicas sin la menor intención de llamar a nadie a engaño: a bordo del barco que transporta a los ciclistas, va abriendo imaginariamente los camarotes donde, como cantaba Gardel, «el músculo duerme y la ambición trabaja». Y es que, tras un vano intento de ceñirse a los cánones del periodismo, esta ‘excursión extraordinaria’, como la define al principio, acaba volviéndose un viaje iniciático que nos lleva nada menos que al corazón de Italia, y en el que Buzzati repasa las cicatrices de la guerra y glosa, de paso, las grandes esperanzas de un pueblo empeñado en renacer.

Con pulso de novelista, poco a poco el escritor va ganando al cronista, y en cada línea esta historia de héroes y proezas se va transformando en un relato de protagonistas colectivos, de esfuerzo y recompensa y hasta de lucha de clases y visión del mundo. Enseguida, el autor asume el punto de vista del gregario, del humilde, del explotado del pelotón. Y repasa cada analogía entre el deporte y la vida, entre la carrera y el destino de una Italia que siente como suya, y compartida con sus lectores. Hasta tal punto se ‘italianizan’ sus crónicas, que convierte el impronunciable apellido de Kübler en un delicado Kúblere, más acorde con la fonética italiana.

No es de extrañar, por tanto, que Claudio Marabini, tres décadas más tarde, convertido ya en un importante escritor y periodista, todavía no hubiera olvidado estas crónicas, y aprovechase el marco de un congreso sobre el autor para plantear su idea de recuperarlas y publicarlas en un libro. Corría 1980. Este año, Gallo Nero nos las ofrece en castellano, en versión de David Paradela. Una absoluta delicia, para los amantes del ciclismo, y para hasta para los que no les interesa en absoluto.

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‘Amor y ciencia ficción’, una visita indiscreta al disco duro del músico Adolfo Díaz
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Javier Menéndez Llamazares | 08-07-2014 | 09:51| 0

Pop en papel

Adolfo Díaz. Amor y Ciencia Ficción. Ediciones Chelsea, 2014. 84 Páginas, Tapa dura. Precio: 15€

‘Mis documentos’ es una colección singular de Ediciones Chelsea en la que el guiño informático no engaña: lo que ofrece parece, en efecto, el contenido de una carpeta del disco duro de un artista. Allí se acumulan respuestas a entrevistas, proyectos en borrador, bosquejos de memorias y autobiografías, textos redactados para libretos y hasta alguna carta personal. Un material variopinto cuyo interés depende absolutamente del dueño del ordenador. Un interés variable que cotiza tan alto como lo haga el artista; en este caso –aunque la fórmula serviría para cualquier creador–, el músico, pues Chelsea está comandada por Alex Cooper, él mismo un autor de culto en la escena indie y mod de nuestro país desde hace tres décadas.

»Amor y ciencia ficción» es el número siete de la colección y lo firma Adolfo Díaz, guitarrista y cantante del grupo malagueño Airbag, quien reúne veinticuatro texto de distintos géneros y dieciséis fotografías con las que esboza en paralelo una autobiografía gráfica. Como explica en uno de los artículos, Airbag, su grupo, no es un fenómeno de superventas, pero la fidelidad de sus seguidores –que se saben de memoria todas sus canciones– es enorme. Este libro, que transita entre lo personal y su trayectoria musical, hará sin duda las delicias de esos ‘fans’, pues se encuentra salpicado de anécdotas, confesiones y opiniones, todo el material habitualmente ‘reservado’, que no trasciende al público y que, precisamente por ello, acaba siendo el más buscado y valorado. Adolfo Díaz confiesa sin reparos los miedos y obsesiones de todo creador: »Cada vez que sacamos un disco nos parece el más importante. Y no sólo eso: también somos bastante catastrofistas y pensamos que va a ser el último de nuestra carrera». Con la vista puesta en la música del último medio siglo –sería interminable mencionar todas las referencias–, tiene además ese regusto ‘retro’ tan actual que permite al lector conectar de inmediato con un autor que se muestra sincero y alejado por completo de las excentricidades que se suponen a sus compañeros de gremio.

Así, en artículos que podría firmar Nick Hornby, nos encontramos con listas de canciones preferidas, con perfiles publicados en prensa, con diarios de viajes –en especial, el del crucero con los Weezer–, recuerdos de conciertos y, sobre todo, todo el imaginario de un grupo que se mueve entre el power-pop y el punk ramoniano, y habla de serie B, cómics, diversión y verano, pero que también empieza a asumir la madurez como un valor más que sumar a su catálogo de temas memorables.

 

En lo estilístico, el salto de las breves estrofas de una canción a un volumen de más de ochenta páginas puede resultar muy grande, pero la escritura del malagueño tiene la gran virtud de conservar la esencia de sus textos musicales: temas cotidianos tratados con frescura y desenfado y con un lenguaje directo y poco ampuloso. La prosa de Díaz fluye con naturalidad, como si fuera un discurso de palabra, lo que provoca de inmediato la sensación de confidencia que tanto agradecen los seguidores más acérrimos.

El que, además, se trate del libro de un músico integrante de una banda confiere al texto una curiosa dualidad, en la que el narrador cambia constantemente del singular al plural, dando la sensación en ocasiones de anteponer los intereses o la opinión colectiva, la del grupo, a la particular del firmante del texto.

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Los cultos del mito
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Javier Menéndez Llamazares | 22-06-2014 | 19:51| 0

Luis Miguel Rabanal rinde homenaje a los escritores más heterodoxos en su última entrega poética

TRES inhalaciones Autor: Luis Miguel Rabanal. Poesía. Editorial Amargord. 106 páginas. Madrid, 2014. Precio: 12 €

Libro a libro –y superan ya la veintena–, Luis Miguel Rabanal ha cimentado una sólida carrera literaria en la que despuntan no sólamente el hallazgo de imágenes deslumbrantes, sino el uso tan propio del lenguaje, que se diría que el poeta modula a voluntad para ajustarlo a los diversos registros por los que le gusta transitar: del vitalismo al sarcasmo, de la sordidez a la exaltación de la memoria, de lo sórdido a lo festivo.
Menos habitual, sin embargo, es dar con perlas inesperadas. En un impagable poema titulado ‘Victoriano Crémer no se acuerda de mí’, más allá de la anécdota del olvido y el abundante riego de coñac con que tan adecuadamente se ambienta el poema –esa generación, la del desarraigo, resultó extraordinariamente longeva, lo que según las malas lenguas, se debió a que estaban ‘conservados en alcohol’–, Rabanal desvela un pequeño secreto de la intrahistoria literaria de su provincia. Y es que Francisco Pérez Herrero, el burlesco inventor de Genarín, no era el apacible y simpático poeta que imaginamos, sino más bien un cascarrabias. Curioso revisionismo en verso, que sirve para hacer las delicias de lectores atentos, como el resto del capítulo titulado ‘Pequeña galería de poetas sin reloj’, donde Rabanal homenajea –o parodia, en ocasiones no está tan claro– a un puñado de grandes autores, de Efraín Huerta a Marguerite Duras, incluyendo a «un tal Jaime Gil».
Antes, en ‘Las luces largas’, el poeta fabula a partir de una lutuosa noticia de prensa, creando un clima de absoluto desasosiego: «Doblas los puños del/ jersey y creas un destino/ heterogéneo…», que enlaza, unos versos más adelante, con un corolario tan inesperado como lógico: «Doblas tu vida/ se resarce uno de/ derrumbes…».
Cierra el libro la parte más extensa, titulada ‘Poema de amor’. Se trata de un largo texto que aparece en una disposición tipográfica caprichosa, dedicando toda una página a cada estrofa, de entre uno y diez versos. Para evitar la apariencia de poemas independientes, el poeta recurre a las comas, como señal de la continuidad del discurso; un pequeño guiño cómplice al lector que, en cualquier caso, no sufre el riesgo de extraviarse pues el poema, que en cierto sentido trasciende las fronteras del género, está dotado de un hilo argumental reconocible: una mujer, en tono sumiso, dialoga con su violento amante, y en la conversación aparecen, sin el menor recato, los más crueles fantasmas del sexo y la dominación, en una especie de paseo por el lado siniestro del hombre contemporáneo y sus más recónditas inhibiciones; por temática –que no por tratamiento formal– recuerda a una pieza del músico Sabino Méndez, ‘Canción de amor’; con el rockero le uniría, además de la cercanía generacional (Méndez es del sesenta y uno y Rabanal del cincuenta y siete), la búsqueda constante del punto de vista divergente para sus composiciones, y una cierta aureola ‘pop’ que rodea al poeta de Riello, quien en los últimos años está recibiendo, por parte de nuevas generaciones de escritores, el tratamiento de ‘autor de culto’. Su presencia constante en antologías y redes sociales acrecienta cada vez más la dimensión pública de un autor que merecería mayor reconocimiento de crítica lectores.

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‘Debe decirse dos veces’, la mirada de la madurez de Rikardo Arregi
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Javier Menéndez Llamazares | 07-06-2014 | 21:49| 0

De otra manera

 

Título: Debe decirse dos veces. Autor: Ricardo Arregi. Poesía. Salto de Página, 2014. 171 pág., 12,90 €.

Catorce años se antoja un plazo demasiado prolongado para el silencio de un poeta; ese es el tiempo que media entre las dos últimas entregas de Rikardo Arregi (Vitoria, 1958): ‘Cartografía’, publicada en euskera en 1998 y en castellano en 2000, y ‘Debe decirse dos veces’, aparecida en vasco en 2012, y recientemente vertida al castellano por el también poeta Ángel Erro –Premio de la Crítica en 2005, su tarea invisible es tan meritoria que el lector se olvida por completo de que se trata de un libro traducido–. Casi tres lustros de silencio que, como señala el prólogo, ha sido relativo: algunos de los poemas que componen este libro extenso han ido apareciendo por separado, en revistas y antologías. Sin embargo, a pesar del largo proceso de génesis, presenta una gran coherencia estilística, sin que pueda apreciarse un cambio sustancial en la voz del poeta; se trata, por supuesto, de una obra de madurez, sobre unas formas ya asentadas sobre las que el poeta vierte con absoluta soltura un discurso en ocasiones abrumador y por momentos en aparente tono menor, pero trasladando una demoledora carga de profundidad.

Titulado a partir de un verso de Billy Collins con reminiscencias shakespeareanas –«la vida es tediosa como un cuento contado dos veces»–, Arregi practica sin red uno de los más arriesgados y honestos ejercicios literarios: retomar los universales de la poesía, para que los viejos topos adquieran nueva vitalidad y abandonen su pátina de tópicos trasnochados. Desde las danzas de la muerte al romancero, toda la tradición europea es susceptible de recodificarse en términos del siglo XXI; es necesario renovarlo todo, obviamente, desde el léxico al paisaje, sin olvidar ritmos y figuras, pero la esencia permanece, como si el poeta hubiera logrado identificar una literatura seminal sobre la que pueda germinar el desencantado urbanita postindustrial. Los juegos de la identidad, la condena del tiempo –«los años no se han mostrado benévolos contigo», comenta ante una vieja fotografía– y la utopía de la comunicación orbitan sobre los versos de un autor que, a fuerza de transitar lo íntimo, se desvela absolutamente cosmopolita.

Además, rememorar a Vitelio y Mesalina junto a Morrissey y Depeche Mode (abundan los guiños a la cultura popular; en especial, la música pop asoma de modo intermitente), mientras habla de toques a rebato, del medievo y de píxeles o google earth, no hace sino dotar a la poesía de Arregi de una unívoca e intensa localización temporal: en el presente más rabioso, pero conociendo y sopesando el pasado que hubo de conformarlo y condicionarlo. Especialmente llamativa resulta la ‘apropiación’ de unos versos de Cernuda: «Ahora, cuando me catalogan ya los hombres/ bajo sus clasificaciones y fechas/ disgusto a unos por frío y a otros por raro».

Estructurado en tres grandes bloques temáticos –Vida y arte, amor y sexo, muerte y memoria–, especialmente vibrante resulta los centrales ‘Poemas de amor, más o menos’, que bien hubieran podido componer un poemario independiente. Lejos de cierta pesadumbre vital que parece asomar en otros pasajes, aquí el poeta se muestra epicúreo y hasta lúdico, en un tono de celebración del placer en el que se termina por preferir lo corpóreo a la idealización romántica; sobresale, además, la ironía finísima de quien valora lo deseado con la balanza de lo real.

 

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‘Esa extraña, la luz’, tercera entrega poética de Adela Sáinz Abascal
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Javier Menéndez Llamazares | 02-06-2014 | 09:21| 0

Las formas de la noche

TITULO: Esa extraña, la luz. AUTORA: Adela Sainz Abascal. Ed. Renacimiento, 2013. 84 pág, 10 €.

Si la perfección es circular, concebir un poemario que comienza por el que debiera ser su fin lógico, sin que el lector aún pueda intuirlo, supone no solamente imitar el ciclo vital, sino conferir a la obra vida propia. Y es que, si el concepto central del último libro de Adela Sainz (Saro, 1965) es la luz –o, más en concreto, su ausencia: ‘Esa extraña, la luz’ es su título–, se produce la paradoja de que se abre con el poema ‘Albada’, en el que se intuye el amanecer: «Se aproxima una sombra / que trae la noche prendida / en los cabellos. / Y es el día / quien se acerca».

Con vocación metaliteraria y una profunda mirada reflexiva, enfocada sobre el proceso creativo, la luz tiene en este caso una interpretación polisémica que alude tanto al propio hecho físico como al concepto de iluminación intelectual.

La constante referencia a la noche, la oscuridad, lo que no vemos («¿A qué desenterrar lo oculto?», se pregunta Sainz en ‘Perro ladrando a la luna’, un doble guiño a Lorca a través de la obra pictórica de Antonio Quirós), más allá de la excusa mundana de la escritura nocturna a que la autora se ha visto obligada, sirve para poner de manifiesto todo un contenido implícito que, bajo una forma que parece no renunciar a la claridad, bajo su aparente simplicidad esconde no obstante una profundidad inesperada, a la manera de los icebergs.

A pesar de esa querencia por la oscuridad, no se trata sin embargo de un libro de espíritu sombrío («los días que amenazan ruina, / días de viento sur»); más bien al contrario, subyace en el poemario cierto tono de esperanza («y entonces danzarás, danzarás sin lluvia / y sin luna. Desnuda», concluye el mismo poema antes citado).

Tras un disimulado guiño a José Hierro, con quien Sainz mantuvo una estrecha amistad –el segundo poema, ‘Alucinación’ se antoja una velada referencia al ‘Libro de las alucinaciones’ que publicara el poeta en 1964–, que esconde varias claves para la hermenéutica del poemario, la autora estructura su obra en tres partes desiguales: ‘Tenacidad de la bruma’, donde reflexiona sobre la luz, con abundancia de la conjugación en presente, de manera que el tiempo se antoja como suspendido en sus versos; ‘Luminaria’ supone el cuerpo principal del libro y tal vez el más logrado («Sucios están tus dedos de tinta») en su exploración sobre los mecanismos de la escritura y su capacidad para lograr una comunicación real entre el interior del poeta y su manifestación pública. ‘Tratado de paz’ cierra el libro con una decena de poemas de poso autorreferencial, en los que Sainz cataliza una armonía personal que, más que resignación, deja intuir su propia asimilación de la madurez.

En definitiva, ‘Esa extraña, la luz’ supone la confirmación de la madurez creativa de Adela Sainz, que consigue a través de una voz personalísima, alejada de toda estridencia, iluminar los parajes de lo íntimo y explorar, a través de su propia experiencia, los límites de la escritura. Arropada por la edición siempre exquisita de Renacimiento, esta entrega poética avala a una autora llamada a ocupar un lugar privilegiado en la poesía actual de Cantabria.

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De la crónica a la ficción
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Javier Menéndez Llamazares | 02-06-2014 | 09:47| 0

Los relatos de Fran Díez muestran dieciocho formas distintas de acercarse al fenómeno del fútbol

 

Autor: Fran Díez. Título: La dictadura del fútbol. Editorial DXT, 2014. 214 pág., 16 €.

‘Entre perro y lobo’, tituló hace años Julio Llamazares a un libro en el que recopilaba artículos periodísticos que, en realidad, tenían mucho de relatos breves. Y algo así, entre el periodismo y la narrativa, es lo que ofrece Fran Díez (Santander, 1974) en ‘La dictadura del fútbol’, un conjunto de dieciocho relatos de diferente extensión e intención. Se trata, en realidad, de dos crónicas noveladas o dos novelas cortas basadas en hechos reales, y catorce cuentos básicamente de ficción pero en los que se deslizan personajes o sucesos reales, cuando no parodias de la propia realidad.

 

El título del libro se justifica, aparte de por su estética revolucionaria –una especie de revisión pop del realismo socialista– por el último de los textos, un relato de espías por momentos vibrante en la línea del mejor Le Carré, con el fútbol como excusa y leitmotiv. Ambientado en el mundial juvenil del simbólico 1977, el joven Dima padecerá simultáneamente los asfixiantes ambientes del fútbol y del comunismo.

La gran crónica –más de cincuenta páginas– que presenta este libro orbita alrededor de Rafael Alsúa, el ya legendario jugador del Racing, estrella del equipo en los años cincuenta y enfant terrible del fútbol patrio de la época. Con una técnica progresiva, a través de varios flashbacks y sucesivos cambios de escenario, Fran Díez repasa todo el anecdotario del controvertido deportista, hasta lograr trazar el retrato psicológico de una personalidad tan compleja como volcánica. Sin traspasar los límites de la fidelidad a los hechos y el respeto por la persona, el autor reconstruye además uno de los sucesos más lamentados, y comentados en voz baja, del Santander de los años noventa: su muerte violenta, que fue a coincidir con un hito del racinguismo, el famoso gol de Radchenko en San Mamés.

Entre las dos crónicas se despliega la imaginación del escritor, quien juega ya con la ficción para llevar el fútbol a otros planetas, a la manera de los misioneros de antaño, para relatar una misión humanitaria en el Sáhara –‘Zacharías Zidane y Charly’, donde de nuevo se cuela la realidad– que, como obsequio estrella, llevó a los niños del desierto balones y equipaciones de fútbol; o para fabular los crímenes increíbles de un aficionado que ansía el carné número uno del Racing y decide liquidar a los abonados que le preceden, entre otras ingeniosas tramas, aderezadas con un estilo ágil y no exento de elegancia, tal como ya había apuntado el autor en su libro anterior, ‘Así en la tierra como en el cine’, y que vuelve a demostrar unos conocimientos apabullantes, entre lo enciclopédico y, como insinúa el prologuista Dani González, el frikismo más irredento.

Claro que no sólo hay literatura en este libro plagado de guiños absolutamente futboleros, como el sustituir el índice por una ‘alineación’ en la que cada capítulo se sitúa bien sobre el terreno de juego, ocupando alguna de las clásicas posiciones de los jugadores en el campo, bien en el banquillo; entre los relatos, en los espacios habitualmente en blanco, se intercalan imágenes alusivas al deporte –la mayoría, fotografías tomadas por el propio autor– y toda una batería de citas de los más variados personajes, desde George Best hasta Borges.

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Librucos rescata ’25 cuentos pasiegos’ publicados originalmente entre 1900 y 1940
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Javier Menéndez Llamazares | 19-05-2014 | 12:08| 0

Pasieguería entrañable

 

 

Título: 25 cuentos pasiegos. Varios autores. Ed. Librucos, 2014. 179 pág., 13,50 €.

A pesar de cómo se quieran repartir los reconocimientos y, sobre todo, los apoyos financieros públicos, en nuestra región se llevan a cabo tareas editoriales de incuestionable valía y mérito, que sin dejar de lado el verdadero sentido de la edición –el de que los libros son para los lectores–, mantienen una línea identitaria de orgullosa raigambre y concienzuda actualización de la cultura tradicional. Sin volverse locos por el mercado, sino prestando la atención debida a lo recuperable y reseñable de lo más cercano, la editorial Librucos se consolida libro tras libro como la gran referencia del libro de tema cántabro, gracias a la labor constante de su editor, Ramón Villegas, quien sin necesidad de grandes alardes poco a poco va conformando un equilibrado catálogo en el que caben desde las monografías históricas –con mención especial para la memorable ‘Una ciudad bajo las bombas’– hasta los álbumes ilustrados, sin descuidar curiosidades como los relatos de la televisiva Paz Herrera.

Con especial atención a la cultura rural, y sin entrar a cuestionar su coyuntura crepuscular, la aparición de ’25 cuentos pasiegos’ supone una revisión del celebrado ‘Historias de pasiegos’ publicado por Villegas en Cantabria Tradicional hace ya una década, y que sirvió para rescatar a un puñado de autores cántabros de los dos pasados siglos que, en su mayoría, permanecían en el olvido más absoluto. Más allá de los célebres Manuel Llano o Francisco Cubría, entre la docena larga de autores encontramos a colaboradores más o menos ilustres de la prensa regional en las ya lejanas cuatro primeras décadas del siglo XX: Alcalde del Río, Fabián MAzorra, Juan Sierra Pando, Esteban Polidura, Ramón López Montenegro, Gustavo Morales, José Joaquín Mazorra, José de Revilla y Camargo, Luis Polo, Escagedo Navarro, Luis Mazón, José María Ortiz o Leoncio Suárez –junto a otros más enigmáticos como el escueto R.C.– son algunos de los nombres que, con mayor o menor fortuna, poblaban con asiduidad los numerosos periódicos –‘La Hormiga’, ‘La Montaña’, ‘El Cantábrico’ o incluso este mismo diario– de una época en la que ya empezaba a paladearse el costumbrismo como memoria de un mundo abocado a su desaparición.

Para la ocasión, el editor ha decidido sumar al rescate algunos nuevos textos, expurgando seis relatos e incorporando a este testimonial corpus ‘Cuento montañés’, ‘El Zorro’, ‘Escenas pasiegas. El agosto’, ‘Por el alma del tiyu Pepi’ y ‘El encargo’.  Se trata de una colección de relatos que, con distintos tonos y vocaciones, tienen en común la voluntad de transmitir ese peculiar carácter de la comarca, y además tratando de imitar su forma de hablar: además de las terminaciones en ‘u’, abundan cantabrismos tan sabrosos como ‘adir y volver’, ‘tarruscar’ o ‘abur’, conformando un lenguaje que, sin perder comprensión, resulta completamente característico.

Especialmente divertido resulta el relato final, a cargo de Francisco Cubría, en el que se confrontan el Madrid de 1940 y la comarca pasiega de la época. Con finísima ironía recrea el tópico de la desconfianza, en un tono tan delicado que a buen seguro que incluso los propios retratados no tendrían más remedio que perdonarle el atrevimiento.

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Tres décadas de creación poética en Cantabria valoradas por el filólogo Julio Díaz
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Javier Menéndez Llamazares | 26-04-2014 | 23:03| 0

De la trinchera a la diversidad

Título: Artesanía de olas y de días. Autor: Julio Díaz. Ed. La Bahía, 2013, 320 pág., 20 €.

Pretender analizar y sistematizar «la creación poética en Cantabria entre 1970 y 2000», puede parecer, en principio, un riesgo innecesario. Tras las aproximaciones al fenómeno poético en la región llevadas a cabo primero por Manuel Arce en su ‘Poesía del medio siglo’, o de modo más global, por Jesús Lázaro, y tras el notarial diccionario bibliográfico de la poesía cántabra que el año pasado publicasen Luis Alberto Salcines y la Fundación Gerardo Diego, para adentrarse en las siempre movedizas arenas de la literatura actual sólo quedaban intransitados los difíciles caminos de la valoración y la crítica.

El peligro es doble: desde el enemigo interior, que exige reprimir la propia preferencia personal, hasta el inevitable ‘mundillo’, ávido siempre de polémicas cuanto más encarnizadas mejo, el crítico se arriesga, pues, al descontento habitualmente sonoro de sus objetos de estudio. No vamos a descubrir aquí las guerras de egos entre poetas, pero en este caso especial –una pequeña región, con trato personal directo y una competencia fortísima y no precisamente disimulada–, no podemos dejar de ponderar el exquisito criterio y el rigor filológico con el que el profesor Julio Díaz (Siero, 1957) consigue salir airoso del entuerto.

Para empezar, Díaz evita la postura maximalista del ‘todo vale’, tan extendida no sólo en ciertos proyectos antológicos como en las incomprensibles políticas culturales regionales. Las inevitables diferencias, sobre todo de influencia y repercusión, conducen a una inevitable selección. Pero es que, además, la propia naturaleza de esta obra, que no es sino la versión ‘legible’ de la tesis doctoral del autor, exige un talante valorativo que Julio Díaz no rehúye, pero que en ningún momento le obliga a establecer primacías ni calificaciones cualitativas. En lugar de ello, el crítico toma la producción poética más relevante como un corpus textual que sirve para trazar una radiografía del pensamiento poético y la actitud de los creadores en un momento crucial de la historia del país, el que supone el retorno a las libertades y la formación de un estado moderno.

En su tránsito del experimentalismo al actual transvanguardismo, Julio Díaz consigue armar una especie de hilo conductor que vertebra y da sentido a una producción poética que podría parecer inconexa pero que, mintiendo las lógicas señas de identidad de cada autor, responde a las características de su tiempo.

Para ello se vale el crítico no sólo del criterio filológico y el análisis directo de las obras, sino también del aprovechamiento de diversas fuentes, como son las poéticas, las entrevistas, artículos de prensa y otros acercamientos críticos previos a la misma realidad. Especialmente notable resulta la selección de la última hornada de autores, que se antoja dificultosa no sólo por la necesidad de perspectiva sino por la espectacular explosión cuantitativa producida en las últimas décadas.

En definitiva, al brillante trabajo de Julio Díaz, que no pretende imponer ‘su’ canon, sería difícil ponerle reparos.

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Jorge Martínez Lucena fabula una amistad imposible con el desaparecido Félix Romeo
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Javier Menéndez Llamazares | 26-04-2014 | 22:56| 0

De ‘Amarillo’ a ‘Negro’

Título: Negro (Desde que te fuiste se nota el silencio). Autor: Jorge Martínez Lucena. Ed. Libros del KO, 2014. 284 pág., 14,90 €.

El mismo día en que Félix Romeo falleció, muchos de sus amigos se sobresaltaron al descubrir en su móvil una llamada entrante del difunto. La noticia de su muerte, amplificada por la red mundial, era ya conocida por la mayoría, así que es sencillo imaginar el sobresalto al recibir un telefonazo del más allá. Claro que, aunque realmente llamara Félix Romeo, lo cierto es que quien lo hacía era su padre, con quien compartía nombre, y que se empeñó en llamar uno a uno a todos los contactos de su agenda para comunicar en persona la fatal nueva.

Esta es tan sólo una de las muchas historias surgidas alrededor del prematuro fallecimiento de Romeo; toda una vida cultivando la amistad tenía por fuerza que dar sus frutos, y en los días posteriores al siete de octubre de 2011 las muestras de dolor, afecto y respeto inundaron periódicos, bitácoras y en general todos los rincones literarios imaginables con el duelo por el escritor perdido.

Con todo ese material, el ayuntamiento de Zaragoza compiló un impresionante dossier de doscientas noventa y ocho páginas. Un escritor secreto llamado Jorge Martínez Lucena (Barcelona, 1972), en cambio, construyó con la misma materia prima una obra propia, a medio camino entre el ensayo y la ficción, que de la mano de la singularísima editorial Libros de KO y envuelta en un sentido prólogo de Ignacio Martínez de Pisón se presenta como el homenaje más singular a un autor que construyó su leyenda incluso más allá de una obra escueta –apenas tres novelas publicadas en vida–, anclada sobre una personalidad arrolladora y polémica, a partes iguales.

 

Desconocidos

 

Martínez Lucena, en 2011, apenas sabía nada de Félix Romeo; después de un periplo profesional de la empresa a la docencia, pasando por tres países distintos, el barcelonés apostó definitivamente por convertirse en escritor. La noticia del óbito, según confesión propia, despierta un interés inusitado, que le lleva no sólo a devorar todo lo publicado sobre Romeo, sino incluso a cartearse con amigos del escritor a fin de reconstruir, más que su biografía, su pensamiento, que reconstruye no sólo a partir de esos testimonios, sino de artículos de opinión, entrevistas, intervenciones en medios y el resto de una obra dispersa y

Planteado como una larga conversación, el libro es en realidad un diálogo imaginario entre Lucena y Romeo, al que curiosamente se dirige en segunda persona. A partir de su obra, todo cobra una nueva identidad: la Zaragoza que antes era vista como algo ajeno pasa a convertirse en un espacio con el que Lucena se siente emocionalmente vinculado; no sólo ‘hereda’ amistades, sino que coteja opiniones y postulados éticos y estéticos.

Con cierta voluntad preciosista, especialmente en algunos capítulos de vocación lírica –el propio título, ‘Negro’, juega con el de una novela del aragonés, ‘Amarillo’–, el texto nos desvela, además de la pasión de Romeo por los flases y las chuches, algunos hallazgos suculentos; por ejemplo, así describía sus vicios inconfesables, en verso, Félix Romeo en 2001, entrevistado para un diario digital: »Soy del Real Zaragoza/ soy fetichista perdido/ juego a la primitiva/ voy llenando casa tras casa de libros/ (en especial de autores ‘freaks’/ como chicles/ a veces abro páginas porno en la red/ me siento culpable por casi todo».

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Luis Mazarrasa narra sus nueve viajes a la India en ‘Viajero al curry’
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Javier Menéndez Llamazares | 26-04-2014 | 22:52| 0

Miradas a otro mundo

 

título: Viajero al curry. Autor: Luis Mazarrasa. Ed. Amargord, 2013 291 pág., 14 €

Arrancar un libro de viajes con la presentación de Ángel Martínez Bermejo, más que un lujo es una garantía de éxito. Recientemente distinguido con el premio Ciudad de Benicasim por una obra sobre Kerala, el curtido cronista ejerce a la perfección de maestro de ceremonias para presentar a Luis Mazarrasa (Santander, 1959), un no menos experimentado periodista free-lance cuya firma es habitual en prensa, tanto especializada como generalista, y que además ha firmado cerca de medio centenar de ‘Guías azules’, la popular colección viajera para la que ha recorrido medio mundo, desde Nueva York hasta Tanzania.

«La India es mil millones de mercachifles en la calle y un ventilador encima de los cuernos»; así veía el país asiático otro santanderino, el pintor Fernando Calderón, con quien Mazarrasa comparte ese amor-odio que parece ser una constante entre todos los occidentales que sucumben a los encantos del país. Tanto, que no sólo el periodista le ha dedicado nueve visitas sino que además ha decidido contarlo en una obra que, además de ser un libro de viajes, supone también un viaje biográfico por la propia trayectoria del autor, al que vamos acompañando desde sus primeros acercamientos como mochilero en los años ochenta hasta sus últimas incursiones, esta vez con traje profesional.

A lo largo de estas apasionadas crónicas desfilan bandidos y ministros, un mundo exótico y occidentales fuera de lo común, las maravillas indias pero, sobre todo, la vida real, que palpita en cada página.

Destaca poderosamente la prosa desatada, socarrona en ocasiones y siempre desbordante de ingenio, en la que brillan desde los golpes de coloquialismo hasta las metáforas más delicadas, para construir un relato tan vibrante como cautivador. Especialmente divertidos resultan los contrastes que destaca Mazarrasa: cuando un joven indio pregunta si es cierto que en España las mujeres se bañan desnudas en la playa, el autor desvela que la imagen mental del muchacho es la de Ibiza como un gigantesco y perpetuo kamasutra, integrando a la perfección la tradición oriental y el pragmatismo de occidente.

Claro que en un libro de viajes no sólo se persigue el placer estético o el deleite lúdico: también se valora la información que el autor no escatima. Así, el lector se sorprenderá ante sus propios prejuicios al descubrir la existencia de una clase media en la India, formada nada menos que por trescientos millones de ciudadanos. No menos asombrosa es la pléyade de datos médicos que tanto abundan en la obra: desde parásitos intestinales a enfermedades de transmisión sexual, la preponderancia de tales incidencias nos indica que no es un asunto ni mucho menos anecdótico; de hecho, algunos pasajes del libro casi se diría que parecen un vademecum.

El autor, que tal vez haya heredado la manía viajera y hasta la pasión escritora de aquel mariscal José de Mazarrasa que combatiera con los carlistas, se empeña en cada momento en hacernos sentir que no estamos ante un libro de viajes cualquiera; su marcada personalidad impregna cada página, dejando trascender una actitud vitalista que apuesta decididamente por la libertad y el espíritu crítico. Tal vez por eso precisamente su obra la haya publicado una editorial de exquisita vocación literaria, Amargord.

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Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupo de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria.

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