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Los 'recaducos' no se hacen en chándal

2012 May 21
por Leticia Mena

Hay un grupo en Facebook que me ha hecho muchísima gracia y que viene a confirmar mi teoría de de que las leyes inversamente proporcionales proliferan como setas en la viña del Señor. Cuanto peor vestido vas, más gente te encuentras. Imagino que es lo que piensan todas la mujeres que salen en chándal a hacer un ‘recaduco’ al centro y ¡zas!, resulta que toda la población de sus conocidos en el planeta han decidido alinearse en el mismo lugar y a la misma hora. Por eso, por el horror que me producen esas prendas deportivas fuera de los escenarios meramente deportivos, voto por prohibir su uso por las calles. No puede ser que haya quien se enfunde en un chándal y salga a tomar el aperitivo. Tampoco apuesto por subirse en tacones de vértigo para tomar las rabas ni por pintarse el morro de rojo para tomar un café con las amigas. Ni tanto ni tan calvo. Da igual que sea domingo. Da igual que hayas dormido poco. Da igual que no te apetezca arreglarte mucho. Da igual. Tanto para ellas como para ellos, que parece que a ellos se les perdona más y les queda igual de mal.

Existen muchas prendas que nada tienen que ver con encorsetados trajes de chaqueta y que pueden ponerse en cualquier ocasión. Pero el chándal no puede formar parte de nuestras vidas por el simple hecho de que sean cómodos. No debemos dejarnos comer el tarro por Pam y Gela, las californianas conocidas en su particular mundo de luz y color como ‘Juicy Couture’. En su día estas diseñadoras regalaron un chándal de terciopelo rosa y cachemir a Madonna, y la ‘ambición rubia’ lo gastó de tanto usarlo. Pero también la de ‘Like a Virgin’ se puso aquel top de conos de Jean Paul Gaultier y no por ello la hemos copiado, ¿no?

Si quieres estar cómoda, apúntate a los leggings. Son como un guante y admiten cualquier combinación de calzado. Pero ojo, ojito, ojo. Si optas por estas mallas tan ‘casual’, por el amor de Dios, ponte algo encima que te tape el culete. Sólo puedes permitirte enseñarlo si tu mejor amiga, o sea tú misma, te invita a salir así a la calle. No te engañes, que si lo haces tú vas apañada… Hay que tener cuidado con esta prenda que cabalga entre los leotardos y los pantalones. Al César lo que es del César, y los leggings son para todas pero con blusones encima. Por cierto, ahora parece que se llevan los leggings de encajes… No por favor, no caigáis en esto… Si te los pones y como complemento te plantas esas gafas con forma de corazón que también se ‘llevan’, apaga y vámonos…

Otra de las prendas por las que propongo plantarse y dejar de comprar, es para que las hombreras se queden en nuestra memoria como una mala época que tuvimos que pasar allá por los ochenta. El tiempo ha demostrado que les quedaban mejor a los de Loco Mía que a cualquier pibón de hoy en día. Así que al resto de las mortales que ni se acerquen. Si vuelven deberán hacerlo también los pendientes de ‘a kilo la unidad’, esos que llevaban las Mamachicho, y no estamos para cargar más peso que el de nuestras conciencias de compradoras compulsivas en rebajas.

Los trikinis también forman parte de mi particular baúl de los horrores. Tienes que tener un cuerpo de escándalo para que te quede bien, y si lo tienes no podrás moverte tranquilamente porque seguro que la parte que convierte el ‘bi-kini’ en ‘tri’ se mueve por tu tripa como Pedro por su casa. ¿El resultado? Que tendrás varias marcas de moreno horrorosas, que saldrás de la playa un ‘poquitito’ histérica y que no dejarás de preguntarte por qué demonios te gastaste el dinero en una prenda tan ridícula.