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Müller, Thomas
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Javier Bragado | 28-04-2017 | 12:37

Thomas y Gerd Müller

Thomas y Gerd Müller

En los años setenta había un tipo especializado en marcar goles. Poco más sabía hacer. Es más, en su propio pueblo le despreciaron al situarle como delantero porque no correspondía al estilo del ‘nueve’ germano. En contra de las previsiones aquel joven se ganó a base de goles un puesto en un equipo regional de Baviera. Después, en los años setenta se convirtió en el mayor depredador del área del fútbol europeo. Nada importaba sus limitaciones técnicas o su 1’76 entre sus gigante compatriotas. Aquel jugador, de apellido tan popular como Müller, se abrió un hueco en la historia de Alemania con su capacidad para adivinar dónde caería el balón y ponerlo en la red con cualquier parte del cuerpo. A Gerhard le llamaron el Torpedo, el encargado de empujar el balón a gol (tor, en alemán). No fue un futbolista sino un ejecutor sobresaliente, pero fue campeón del mundo y de Europa y se ganó el reconocimiento de toda Alemania desde la leyenda Franz Beckenbauer. Nadie le ha olvidado. Nadie duda cuando escucha el apellido Müller en una conversación sobre fútbol…
La carrera del torpedo Müller
Una década después otro Gerhard Müller aportaría otra inesperada coincidencia para goce y disfrute de Bavaria. Eligió no perpetuar su nombre y escogió Thomas para su vástago. El chaval despuntó en las categorías inferiores del poderoso Bayern de Múnich y logró hacerse un hueco entre los prestigiosos nombres del hollywoodiense equipo de Adidas. Louis van Gaal le dio la alternativa y la selección germana le recibió con una gran bienvenida. Al contrario que el Gerhard de los setenta, domina todas las facetas del juego, sostiene una elevada calidad técnica, es preciso de cara al gol y se puede desenvolver en varias posiciones porque él se define como un ‘ramdeuter’, un buscador de espacios. Son los conceptos del futbolista del siglo XXI. Sin embargo, Thomas irradia el aroma de un jugador de otra época. Aun sin barba, con las medias bajas, con una figura longuilínea alejada de los actuales atletas y con celebraciones dignas de VHS no habría desentonado en los setenta ni con alta definición. Incluso mantiene la habitual confianza en sí mismo adquirida en el Bayern de sus predecesores para criticar a sus técnicos. Pero le tocó otro siglo sin césped alto, sin golpear un Telstar o sin luchar por un puesto en la delantera con el Torpedo.
Menos mística, pero igual admiración. Con 20 años fue el máximo goleador del Mundial de Sudáfrica partiendo desde una banda y se perdió por sanción la eliminación de su equipo a manos de la mejor España del torneo. En 2014 ha empezado con un triplete para aumentar su valor. Todavía no se ha ganado ser nombrado como ‘Müller’ en la historia de la ‘Mannschaft’. Todavía es Thomas a pesar de la pública admiración de los Gherard (su padre y la leyenda). En Brasil, tierra de fútbol, puede ganarse el nombre. Y el apellido.

  • Alfonso Montilla

    Soberbio artículo, señor Bragado! Pero un consejo: modifica la posición de la imagen, que se come el comienzo del párrafo.Grande Muller!

  • Alfonso Montilla

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Sobre el autor Javier Bragado
El periodista Javier Bragado analiza la actualidad del Mundial de Brasil con la mirada en las anteriores ediciones y da su particular versión

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