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Autor: jserrera
PSOE: Nostalgia de los buenos tiempos
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Jesús Serrera | 20-03-2017 | 2:12| 0

Noche de nostalgias socialistas en torno a Alfonso Guerra. Él mismo en su evocación laudatoria de las misiones pedagógicas de la II República y también entre los históricos dirigentes cántabros –Jaime Blanco, Rosa Inés García, Jesús Cabezón, Dolores Gorostiaga…- que le acompañaron en la multitudinaria conferencia que dejó pequeño el Ateneo santanderino y en la más restringida cena posterior. Flotaba en el ambiente la añoranza de los buenos viejos tiempos cuando el tándem sevillano que formaban Felipe González y Alfonso Guerra lideró, hace 35 años, el cambio político que dio paso a un largo ciclo de poder. Aquellas mayorías de hasta 202 diputados en el Congreso. Cuando el PSOE ganaba las elecciones generales en Cantabria y tenía hasta 16 escaños en el Parlamento regional.

Desde luego, la melancolía es comprensible desde la coyuntura actual, con el partido desangrándose en una crisis sin precedentes. Con Pedro Sánchez al frente se quedó en diciembre de 2015 en 90 escaños, luego los rebajó a 85 en junio, y con todo, ahora tiene serias posibilidades de recuperar el liderazgo. Entre las anécdotas y recuerdos de una cena muy animada, con Eva Díaz Tezanos y Ramón Ruiz al lado del protagonista, y enfrente Pedro Casares con una pulsera de apoyo a Sánchez que seguramente no le pasó desapercibida, Alfonso Guerra lanzó un brindis muy expresivo: ‘Por un futuro de locos, pero que no sean los nuestros’.

A Guerra, a toda la ‘vieja guardia’ del PSOE –a la que se ha sumado Rodríguez Zapatero- y al aparato del partido les aterroriza la idea de que Pedro Sánchez pueda recobrar el mando del que fue desalojado en el ‘cuartelazo’ de octubre. Por eso han recibido con alivio la anhelada confirmación de que Susana Díaz estará en la pelea, otra sevillana como estandarte de las esencias del PSOE, sin querencias podemitas ni ambigüedades sobre la unidad territorial de España.

A Díaz le ha costado dar el paso. Dicen sus afines que estaba dejando desgastarse a sus rivales, Patxi López y Pedro Sánchez, candidatos ya desde hace semanas, y que debía conciliar sus tiempos de partido con las obligaciones en la Junta de Andalucía, pero sonaba también como si tuviera algo de miedo a la derrota. Los propios y los ajenos coinciden en que es la que más tiene que perder en esta pugna.

Hasta ahora, los partidarios de Pedro Sánchez han sido los más visibles y numerosos en Cantabria. Encabezaron la recogida de más de 500 firmas para reclamar la convocatoria urgente de las primarias y el congreso y han organizado actos concurridos con personajes de su cuerda –Adriana Lastra, Odón Elorza, la exmilitar Zaida Cantera está también en la agenda- como prólogo a la visita del propio Sánchez en abril. No obstante, también hay quienes opinan que el ‘soufflé’ sanchista ya ha empezado a perder volumen.

En la batalla interna se constata una vez más una dicotomía clásica en el PSOE, observa un veterano dirigente. El conjunto de los militantes maneja planteamientos más radicales, más de izquierda, que quienes controlan el partido, siempre más proclives a la moderación. O sea, las bases de Pedro Sánchez con el ‘No al PP’ por única bandera frente a la fuerza del aparato en apoyo de la más flexible Susana Díaz. También entra en liza Patxi López, y cada vez se extiende más la creencia de que llegará hasta el final, pero no se le concede otro papel que el de árbitro entre los otros dos candidatos, con aparente ventaja para la presidenta andaluza.

Frente a la tremenda bronca instalada en las últimas semanas en el seno del PP, los socialistas cántabros guardan las formas. Al menos de momento. En el Ayuntamiento de Santander, por ejemplo, tienen cinco concejales y están representadas las tres sensibilidades, pero funciona con cierta naturalidad un pacto de no agresión.

Otro tanto sucede en la amplia ejecutiva regional. La cúpula del partido se mantiene oficialmente neutral, aunque entre sus miembros predomina la idea de que si bien en la región Pedro Sánchez puede reunir más apoyos, en el conjunto de España tiene más posibilidades Susana Díaz.

La confirmación de Díaz se ha demorado más de la cuenta, pero lo cierto es que en cuestión de horas su equipo ha desplegado una potente movilización en los medios y en las redes sociales. En sus filas se juntan la gestora, todo el aparato del partido de Despeñaperros hacia abajo, barones y personalidades de la vieja guardia, los poderes fácticos… y hasta el PP, en la medida que pueda contribuir a la causa. Con Pedro Sánchez en el liderazgo socialista, Rajoy tendrá que manejar más temprano que tarde la opción de unas nuevas elecciones con su inevitable carga de incertidumbre. Puede lograr una victoria aún más rotunda, pero también pudiera ser que a Sánchez, a la tercera, le salgan las cuentas para llegar a La Moncloa con todas las cesiones que le exijan Podemos y los independentistas. Con este panorama se entiende bien que a los viejos socialistas de Guerra y de Felipe no les llegue la camisa al cuerpo.

 

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El combate emocional del PP
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Jesús Serrera | 18-03-2017 | 8:44| 0

“Hemos trabajado como perros, más que en las elecciones municipales”, confesaba uno de los alcaldes de larga mayoría que en la Cantabria interior han acarreado apoyos a Ignacio Diego en la primera votación del congreso regional del PP. La expresión ilustra la intensidad de la batalla por el liderazgo del partido, que hasta ahora ha discurrido más como una explosión emocional, como una llamada a filas de las adhesiones inquebrantables y los odios africanos, que como el debate de ideas sobre el presente y el futuro que el PP de Cantabria tiene aplazado desde la debacle electoral de mayo de 2015.

Diego no ha logrado en la consulta a los militantes la victoria categórica que pregonaba en las vísperas, pero le ha ido bastante bien si se tienen en cuenta sus titubeos iniciales cuando la campaña de María José Sáenz de Buruaga ya estaba en marcha. Primero estaba dispuesto a facilitar el relevo si se le mantenían la mayor parte de los privilegios del mando y luego sopesó sin mucho convencimiento dos o tres candidatos de su cuerda antes de asumir el desafío personalmente.

La ventaja de Diego en la votación de los afiliados no es decisiva, a la expectativa del incierto pronunciamiento del millar de compromisarios convocados para el sábado 25 de marzo. No obstante, el resultado del primer asalto revela un eficaz manejo por parte del presidente y de su equipo de los intrincados resortes del aparato partidario, particularmente en las comarcas rurales, donde el PP ha preservado mejor su fuerza electoral y la figura del líder regional es menos discutida.

Con ese activo Diego ha podido contrarrestar y superar aunque sea por poco el empaque del bando rival. Con Sáenz de Buruaga se alinean el ministro Íñigo de la Serna, los tres últimos alcaldes de Santander, Gema Igual, el propio De la Serna y Gonzalo Piñeiro, que ha sido también un histórico presidente del partido, los dos diputados nacionales, Ana Madrazo y Diego Movellán, y buena parte de los regidores de los municipios más importantes de Cantabria que perdieron sus bastones de mando en las últimas elecciones.

También Génova apoyaba supuestamente el cambio –Fernández Maillo en la vanguardia, Cospedal desde las bambalinas y dicen que también Rajoy en las alturas– pero más allá de los llamamientos a la unidad y alguna reconvención a los movimientos de Diego la verdad es que de momento la influencia de la cúpula nacional no se ha notado mucho.

Sáenz de Buruaga ha tenido serias dificultades para encarnar la idea de la renovación, dada su larga trayectoria como número dos de Diego en el partido y en el Gobierno. Su campaña ha sido muy comedida en los inicios frente a la agresividad del adversario. Ya en la proximidad de la votación han tenido más presencia mediática los dirigentes que la respaldan y su discurso de apertura del partido a la sociedad y al diálogo con otras formaciones.

Diego y Buruaga llegarán al congreso después de haberse repartido casi a partes iguales los 3.000 votos depositados en las urnas por los afiliados inscritos. Diego confía en ampliar su respaldo en la votación de los compromisarios y Sáenz de Buruaga ve factible la remontada por el mayor peso de los municipios grandes en esa ronda definitiva.

Buruaga no cree en las sucesivas ofertas de integración de Diego ni tampoco tiene fácil aceptarlas porque la continuidad que entrañan es justo lo contrario del cambio que ella postula. Corre el riesgo de representar la fractura frente a la unidad, pero esa es la apuesta y el mensaje: «El PP lleva dos años en blanco, sin rumbo y sin futuro. Con Diego al frente, Revilla seguirá de presidente».

En realidad, esa es la madre del cordero. Ni siquiera los partidarios de Diego con el evanescente ‘cambio tranquilo’ que han elegido como lema niegan la necesidad de enderezar el derrotero. Y sin embargo, la discusión en el PP de Cantabria se ha planteado en términos de lealtad o traición al jefe, como si operase una suerte de caudillaje vitalicio en el que no parece importar mucho que la gran victoria de 2011 se haya trocado en un descalabro sin precedentes en 2015 o que el partido languidezca en la oposición desde entonces.

El congreso, aunque tardío, proponía la oportunidad de una saludable agitación que revitalizara el PP para diseñar una nueva etapa hacia el futuro, no para preservar el ‘establishment’ de un modelo en decadencia. Pero lo que ha primado hasta el momento es la bronca tabernaria de un partido fragmentado en dos mitades. Sobran rencores e intereses personales, falta generosidad y altura política para que el debate no se plantee sobre la supervivencia del jefe sino en la mejor forma de cambiar un paisaje desolador.

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Pedro Sánchez llama a Revilla
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Jesús Serrera | 18-03-2017 | 7:27| 0

Las batallas internas en los partidos las resuelven sus militantes, pero también hay un pulso mediático por dirimir que se dirige esencialmente a los indecisos. Está pasando en el intenso debate por el liderazgo que agita en las últimas semanas al PP de Cantabria con vistas al congreso del 25 de marzo y también el que los socialistas tienen fijado para mayo y junio. Es por eso que Pedro Sánchez ha llamado a Miguel Ángel Revilla para que le reciba cuando su campaña a las primarias del PSOE le traiga por Cantabria, probablemente en abril.

El presidente regional dio su apoyo a Sánchez en las dos últimas elecciones generales y en el posterior conflicto interno que desembocó en su renuncia a la secretaria general del PSOE. Ahora Revilla está más ocupado en recomponer las relaciones con el poder central del PP, que es el que tiene la llave de la caja fuerte, pero mantiene la agenda disponible para los candidatos socialistas que le pidan cita. Para todos, ha tranquilizado el jefe del Ejecutivo a sus socios del PSOE.

Hay una doble interpretación bien curiosa en este episodio: Pedro Sánchez y su equipo buscan el efecto positivo que la popularidad de Revilla pueda tener en el conjunto de los afiliados en toda España. Los detractores de Sánchez en Cantabria piensan más bien que no le beneficia el encuentro con el líder del PRC, que es el aliado en el Gobierno y en muchos ayuntamientos, pero también un rival político, el gran ‘culpable’ del declive del PSOE en los últimos años.

En Cantabria, con algo menos de 4.000 afiliados con la cuota al día, la pugna interna es todavía incipiente. Los ‘sanchistas’ son los más movilizados. El secretario general y portavoz municipal en Santander, Pedro Casares, es su cabeza visible desde la campaña de primarias que llevo a Pedro Sánchez al liderazgo socialista en el verano de 2014. Hace quince días, sin mucha publicidad, solo con el boca a boca, llenaron tres autobuses y se quedaron cortos para desplazarse a un mitin de su líder en Valladolid. Esta semana han llenado el polideportivo de Bezana con Adriana Lastra, que no es todavía un referente principal del movimiento. De aquí a las primarias de finales de mayo, el grupo organizará otros actos con protagonistas foráneos y con el propio Pedro Sánchez.

El grupo de Sánchez en Cantabria, bajo el lema ‘Somos socialistas’, ya se ha reunido con la secretaria general, Eva Díaz Tezanos, para presentarse en sociedad y para algo todavía más trascendente: darle garantías de que su movilización se ciñe estrictamente al ámbito federal. O sea, que no hay ninguna operación encubierta para intervenir en las posteriores primarias y en el congreso del PSOE de Cantabria, que con toda probabilidad refrendará el liderazgo de Díaz Tezanos.

La dirección del partido guarda una pulcra neutralidad. Ha ofrecido a los dos candidatos confirmados, Pedro Sánchez y Patxi López, ayudarles en la difusión de sus actos en Cantabria y la posibilidad de que expliquen sus programas a la ejecutiva, y hará lo mismo en su caso con Susana Díaz.

La imparcialidad oficial no impide que algunos dirigentes agiten las agrupaciones a favor de Patxi López, un habitual de los mítines electorales en esta región en todas las campañas. No se trata tanto de empujar al exlehendakari, que no parece progresar mucho en sus posibilidades fuera del País Vasco, como de contrarrestar el empuje inicial de Sánchez, a la expectativa de que Susana Díaz se confirme como candidata. Los partidarios de la presidenta andaluza, eufóricos por el reciente sondeo interno que le auguran un 45% de los votos, 7 puntos más que Sánchez y 28 más que López, dan por seguro que el anuncio se producirá el sábado 11 de marzo. Entre tanto, ha comenzado a operar tímidamente una plataforma ‘Cantabria con Susana’, que glosa su gestión y su discurso.

En el terreno dialéctico, la controversia de las últimas semanas se ha centrado en la formulación de lo que son o dejan de ser convicciones y actitudes socialistas. Pedro Sánchez se atribuye las esencias del partido y sus adversarios internos se sienten agraviados.

Con el rechazo frontal al PP por bandera, Sánchez ha perdido el respaldo de las élites socialistas, pero mantiene un apoyo importante en las bases, a pesar de las sucesivas derrotas electorales, de los bandazos, de la querencia al acuerdo con Podemos y a las cesiones de la unidad de España con el independentismo catalán. O sea, todo lo que rechazan los dirigentes históricos, la mayoría de los barones y la gestora que dirige el partido desde octubre, que preferirían empezar a cerrar una crisis gravísima y no volver a la primera estación del vía crucis si Sánchez retorna al liderazgo del que fue defenestrado por el Comité Federal. Seguramente una buena porción de los cinco millones y medio de votantes comparten la idea de pasar página, pero sólo los 190.000 afiliados decidirán el rumbo del PSOE.

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El PP se vuelca en un debate destructivo
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Jesús Serrera | 27-02-2017 | 9:49| 0

Miguel Ángel Revilla llega al Parlamento y dice con retranca que, por una vez, está encantado de pasar desapercibido ante el tropel de periodistas que esperan a que Ignacio Diego y María José Sáenz de Buruaga regresen de la terapia de integración que les han recetado sin mucho éxito en la calle Génova de Madrid. A Eva Díaz Tezanos y a los socialistas, en general, se les escapa media sonrisa, entre irónica y comprensiva, por la tremenda bronca instalada en el PP de Cantabria en las vísperas del congreso regional.
«Por una vez no somos nosotros, que sepan lo que es bueno», dice la gente del PSOE de Cantabria antes de que se desate su propia pugna por el liderazgo en el ámbito federal. Ellos están bien curtidos en una guerra de tres décadas entre oficialistas y críticos, que han ido cambiando periódicamente los papeles, y acostumbrados al ruido interno. Pero las famosas ‘paredes de cristal’ del PSOE, que dejan entrever el espectáculo, son casi una broma en comparación con la reyerta sin cuartel de estos días en el PP, retransmitida en directo y amplificada por las redes sociales.
Los dirigentes del PP, todos diputados regionales en el Parlamento, han entrado en batalla con tanta furia que no les queda tiempo para otra cosa. No, desde luego, para la función que les corresponde como primer partido de la oposición. Nunca han estado muy activos en esta legislatura, pero no habían llegado tan lejos como en el debate de los Presupuestos 2017, el más importante del año. Ajenos sin pudor a lo que acontecía en la Cámara para centrarse en el marcaje al compañero convertido en enemigo y en la próxima jugarreta.
El discurso popular sobre las cuentas del Ejecutivo ha sido menos incisivo que nunca, acaso para ahorrarse alguna alusión hiriente de los adversarios sobre el conflicto que les aqueja. En efecto, cómo insistir en la crítica de que PRC y PSOE forman dos Gobiernos en uno –lo que resulta evidente tantas veces– sin recibir la réplica de que el PP es un partido dividido en dos.
El debate interno en el PP en las vísperas del proceso congresual es destructivo, abundante en las descalificaciones, orientado a la supervivencia política y a las expectativas de cada cual. No aparece por el momento un análisis de los errores que condujeron al descalabro y la pérdida de poder en las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2015, y a la desmovilización que el partido arrastra desde entonces. Tampoco hay una discusión de fondo sobre los planes para la revitalización de las siglas y del liderazgo para afrontar con alguna garantía la próxima cita con las urnas dentro de dos años. Todo lo más, se intuye la defensa de la política de confrontación, el PP solo contra todos, que ha caracterizado el mandato de Diego y la flexibilización hacia los pactos con otras formaciones que propone Sáenz de Buruaga en un nuevo escenario político.
El presidente se maneja bien en el campo embarrado del conflicto partidario, publicita las adhesiones que viene recibiendo y hasta ha fichado a quien primero había reclamado la renovación del partido, el exalcalde de Riotuerto, Ángel Cuadrado. Pero Diego no ofrece argumentos consistentes para su continuidad. Es más, él estaba dispuesto a ceder el testigo si se le daba una salida airosa y capacidad de influencia en el futuro; como no se lo garantizan, intenta quedarse al mando. Es decir, la vida y el futuro del partido han de orbitar en torno a su situación política y personal.
En el grupo de Sáenz de Buruaga, que hasta ahora ha sido más prudente en su estrategia mediática, se han echado a faltar más voces que expliquen el cambio que postulan y por qué es necesario el relevo de quien ha sido su jefe indiscutido. Hasta la fecha, Ildefonso Calderón ha sido uno de los más contundentes en la defensa de un nuevo rumbo con otro liderazgo y su pronunciamiento le ha costado la dura reprobación del otro bando. A Calderón no se le olvida, naturalmente, que el acoso de su partido a Francisco Javier López Marcano está en el origen de la moción de censura que le arrebató la Alcaldía de Torrelavega, en su día una gran conquista para el PP.
En el equipo de Buruaga han esperado como agua de mayo el aliento de Íñigo de la Serna, que ya había escenificado su apoyo a la causa renovadora durante el reciente congreso nacional del PP y que ha vuelto a hacerlo este fin de semana y de forma aún mas contundente. No todos los días un ministro del Gobierno pide el relevo del presidente regional de su partido. El ministro de Fomento ha estado permanentemente conectado con Génova, mientras la cúpula nacional llevaba a cabo su ronda de consultas con los dirigentes de Cantabria, en pos de una candidatura de integración que se vislumbra más que complicada.
La fractura del PP de Cantabria en todas sus estructuras, larvada por el aplazamiento del inevitable debate sobre su liderazgo resulta escalofriante si se trata de rearmar al partido cuando está a punto de cumplirse el ecuador de la legislatura. No es extraño que los adversarios del PRC y del PSOE se muestren tan sonrientes.

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Integración o pelea en el barro
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Jesús Serrera | 20-02-2017 | 9:51| 0

A l final del apacible congreso que lo confirmó una vez más al mando del PP, Mariano Rajoy hizo un llamamiento a la integración en la catarata de cónclaves regionales que se avecinan. Algo parecido a lo que él mismo practica en su entorno: un complejo equilibrio entre dirigentes y grupos diferentes que compiten entre sí: Soraya y Cospedal, Guindos y Montoro, Maillo, Arenas, Casado… Génova cita a Ignacio Diego y a María José Sáenz de Buruaga para reconducir el conflicto a una lista única. Diego se apunta a la idea en una carta a toda la militancia y deja abierta la opción de la retirada, pero Buruaga no se fía. Es difícil vislumbrar un proceso integrador sincero y eficiente en las convulsas vísperas del congreso, que han ido degenerando desde la intriga clandestina hasta la pelea en el barro. También es dudoso que resulte conveniente. Un apaño forzado para mantener el estatus establecido, el mismo discurso político y la supervivencia de los mismos dirigentes, sería tanto como bendecir la mortecina trayectoria del PP desde las elecciones de 2015, en los municipios, en el Parlamento, en la vida del partido. En el PP asusta el clima de agitación, pero no puede ser peor que la paz del cementerio.
La virulencia de la pugna congresual no es sino la consecuencia lógica de la decepción electoral de mayo de 2015. Es posible incluso que la crisis, el abandono y la falta de participación en el partido tengan un origen anterior, pero los buenos tiempos de las mayorías absolutas en el Parlamento y en 60 corporaciones municipales ocultaron durante mucho tiempo las deficiencias orgánicas.
Tras el fracaso electoral, en el PP había quien pensaba que el presidente, Ignacio Diego, terminaría por aceptar la sucesión, como cuando José Joaquín Martínez Sieso perdió el Gobierno regional en 2003, pasó el relevo al propio Diego en 2004 y se fue a ocupar un escaño en el Congreso. Las urnas habían aportado al PP datos objetivos que aconsejaban la revisión del liderazgo. Por ejemplo: en el conjunto de los diez mayores ayuntamientos las candidaturas municipales del PP sacaron 34.300 votos más que el PRC, mientras que en el mismo territorio la candidatura autonómica no llegó a 11.000 votos de ventaja, lo cual reflejaba un rechazo constatable a la lista que encabezaba Diego.
Pero como otros sospechaban, no hubo examen de conciencia en la dirección del PP de Cantabria. Las dos elecciones generales, la larga inestabilidad política en España, reforzaron la coartada para la continuidad, aunque no evitaron la desmotivación de la militancia y la progresiva preocupación de los dirigentes críticos con la deriva del partido.
Las miradas se posaron primero en Íñigo de la Serna, único superviviente de postín en la catástrofe electoral. El alcalde santanderino era partidario del cambio de ciclo, pero no hasta el punto de ponerse al frente de las operaciones. El ámbito partidario nunca le había atraído, mucho menos cuando fue convocado al Consejo de Ministros. Sólo quedaba una opción: María José Sáenz de Buruaga, la secretaria autonómica, cada vez más distanciada de Diego y de sus fieles, y la mejor conectada con De la Serna.
Sáenz de Buruaga maneja con cautela la etiqueta renovadora asignada a su grupo, dada su larga carrera como número dos del partido y del Gobierno, y las de algunos veteranos dirigentes que la acompañan. Por eso alude más bien a la renovación del partido, a alentar la participación de la militancia y al cambio de discurso y de talante. El tránsito desde la confrontación y el rompe y rasga, del todo o nada, mayoría absoluta u oposición, a la flexibilidad para el diálogo y el pacto que harían más factibles el acceso al gobierno de las instituciones, por ejemplo en aquellos municipios importantes en los que el PP fue la formación más votada pero no encontró interlocutor para armar una mayoría.
Diego y Sáenz de Buruaga vuelven de la reunión con Cospedal y Martínez Maillo en Madrid con la orden de poner fin al conflicto con una lista única. Ella ya había dado el paso antes y tiene a su equipo movilizado. Ha quemado las naves, no hay marcha atrás, aseguran los suyos, aunque no sería un problema integrar a algunos referentes del grupo adversario.
Diego estaba dispuesto a ceder el mando a Buruaga si le dejaban oficiar la ceremonia y mantener su influencia. El arreglo no fue posible y, desde luego, el presidente se ha venido arriba con el fragor de la batalla. Seguramente él mismo tendría más opciones que cualquiera de los candidatos interpuestos que maneja como disponibles. Sin embargo, las instrucciones de Génova imponen un nuevo escenario.
Diego dirigió ayer a la militancia una carta en la que se apunta a la integración en una lista. El mensaje es lo suficientemente ambiguo como para sugerir que está dispuesto a retirarse y favorecer el relevo, si se le facilita la salida airosa que había pedido hace solo unos días, o para dar a entender que Sáenz de Buruaga debe acompañarle en la renuncia. La maniobra de Diego le sitúa en sintonía con el mandato de Madrid. Buruaga no se fía de las intenciones del jefe. Hoy les han citado otra vez en Génova a los dos.

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Sobre el autor Jesús Serrera
Bilbao. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco. En El Diario Montañés desde 1982. Subdirector. Sobre este blog: Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, pero sin acompañamiento instrumental. Se agradecen las sugerencias para mejorar el repertorio.

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