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Jesús Serrera

A Capella

De la Serna, líder o mártir

¿Qué, cómo lo llevas?», le susurra a Íñigo de la Serna, con una mano amistosa en el hombro, alguno de los compañeros de la bancada del Partido Popular en el Parlamento en medio de la vorágine que enfrenta desde hace varias semanas al alcalde de Santander con el Gobierno regional PRC/PSOE y con su aliado externo, Podemos. «Esto pasa porque eres lo único que nos queda en pie», es el remache a la confidencia. Bueno, eso ya lo sabe todo el mundo desde las elecciones de mayo de 2015. Lo que el regidor espera de los suyos es que progresen desde la condolencia en privado al apoyo público y contundente en la batalla. Entre la escasa sintonía con la cúpula del partido del que es principal referente y el encono con los adversarios, De la Serna fluctúa entre el liderazgo y el martirio.
La ubicación futura del Mupac, el plante de los cuatro grupos de la oposición en el Pleno municipal, el proyecto de los diques de contención en La Magdalena, la dura crítica del alcalde santanderino al Gobierno regional desde la tribuna del Club Siglo XXI, la recién iniciada comisión parlamentaria sobre la Ley del Suelo y los realojos… En los dos últimos meses, Íñigo de la Serna ha sido el principal y casi único protagonista del PP en la controversia política con la coalición PRC/PSOE y sus eventuales aliados.
El desencuentro es radical, incluso a la hora de esclarecer su origen. El alcalde asegura que no ha promovido ni uno solo de los frentes de conflicto. A su juicio, la secuencia de enfrentamientos no es una casualidad, sino que obedece a una estrategia diseñada de antemano contra el bastión más importante del PP, el Ayuntamiento de Santander.
Por el contrario, para sus adversarios en el Consistorio las desavenencias obedecen a la crispación progresiva de De la Serna, quien no termina de acostumbrarse a la nueva coyuntura política e intenta mantener un régimen y un control de mayoría absoluta, pero sin tenerla, dado que su gobernanza depende del apoyo que Ciudadanos le otorga sin molestarse siquiera en justificarlo.
En el Ayuntamiento y en el seno del Gobierno, PRC y PSOE celebran con alivio el fin del ‘romance’ entre Íñigo de la Serna y Miguel Ángel Revilla, que había dominado el comienzo de la legislatura y que no era visto con buenos ojos en el seno de la coalición.
La polémica sobre el Mupac propició la ruptura: Cuando el alcalde decidió elevar la discusión al máximo nivel político, el del presidente del Gobierno de Cantabria, Miguel Ángel Revilla podía darle garantías en privado de que el Museo de Prehistoria no se movería de Santander, pero hacer un pronunciamiento público en tal sentido, como reclamaba De la Serna, sería ya una afrenta excesiva para los socios del PSOE que habían abierto el debate de un nuevo destino para el Mupac. No hubo entendimiento. Más tarde, el duro discurso del alcalde en el Club Siglo XXI, al dibujar a Cantabria y al Gobierno regional en brazos de Podemos, terminó de arruinar la relación.
Que la hostilidad entre el PRC, PSOE, y eventualmente Podemos, y el alcalde santanderino se haya desatado no es una sorpresa para nadie. Tampoco para De la Serna, quien ya daba por descontado que el enfrentamiento se produciría tarde o temprano y por eso resolvió esta vez hacer compatibles el bastón de mando municipal y el escaño en el Parlamento para defender la posición con todos los medios a su alcance.
Lo que resulta singular es que en esta cadena de colisiones políticas  De la Serna haya tenido hasta el momento muy poco apoyo público de su partido, el PP de Cantabria. Los fieles del equipo de gobierno municipal admiten sin tapujos esa soledad continuada frente al enemigo.
Puede ser que la controversia por el destino del Mupac, que implicaba a varios municipios en los que el PP también está presente, aconsejara la prudencia y el perfil bajo. Más difícil resulta justificar la misma distancia con un proyecto como el de los diques de La Magdalena, que tiene el marchamo del Gobierno central del PP.
Los dirigentes de PRC y PSOE aluden reiteradamente al «victimismo» que ha exhibido Íñigo de la Serna en estas últimas semanas y sugieren –lo hace incluso el propio Revilla– que en el fondo de la pugna se esconde su aspiración de hacerse con el mando del PP de Cantabria que hoy ostenta Ignacio Diego, a la espera del congreso que deberá convocarse una vez se resuelva la incertidumbre de la política nacional, con o sin nuevas elecciones.
A Íñigo de la Serna sus adversarios lo ven, o lo quieren ver, debilitado por tanto enfrentamiento, desamparado por su partido en Cantabria y sin el respaldo que en otros tiempos recibía de la cúpula popular en Madrid. En la Alcaldía desechan la teoría de la batalla por el liderazgo partidario, que De la Serna libraría mejor promoviendo obras que metido en conflictos, y plantean a sus rivales una suerte de desafío: a ver quién se desgasta más, en la reivindicación o en el rechazo de los proyectos e inversiones para Santander.

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Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, sin acompañamiento instrumental

Sobre el autor

Bilbao. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco. En El Diario Montañés desde 1982. Subdirector. Sobre este blog: Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, pero sin acompañamiento instrumental. Se agradecen las sugerencias para mejorar el repertorio.

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