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Podemos dar el espectáculo
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Jesús Serrera | 30-03-2015 | 08:14

Podemos está poniendo todo el empeño del que es capaz para echar por tierra los buenos pronósticos que le han adjudicado hasta cinco escaños en el Parlamento de Cantabria en las elecciones autonómicas. Un partido nuevo, cuya expansión había gozado de una cobertura amplia y positiva en los medios, que se había mantenido a cubierto del fuego cruzado que desgasta a las formaciones convencionales, se ha buscado él solo su propio enemigo interior. Una división con un grado de virulencia que no se ha visto en Cantabria en mucho tiempo, con duras medidas disciplinarias, insultos y descalificaciones severas a cara descubierta y una bronca total amplificada y retransmitida en directo por la prensa y las redes sociales, ensucian la imagen del partido y eclipsan su discurso político, ya de por sí evanescente. Por ese incierto camino ha resuelto transitar Podemos Cantabria hacia la cita del 24 de mayo.
El conflicto se veía venir desde que el dirigente de mayor visibilidad y más consistente trayectoria pública, el abogado Juanma Brun, ganó con autoridad el liderazgo de Podemos Santander frente a las consignas y las presiones de la cúpula nacional que apoyaba a otra candidata.
Las estrategias opuestas sobre las elecciones municipales –el oficialismo las descarta de plano mientras que Brun y los suyos quieren estar presentes con otra marca– han terminado de desatar las hostilidades en una secuencia creciente. Desde el dirigente regional y nacional Marcos Martínez propagando en Twitter que Brun no le merece confianza y que prefiere apoyar en Santander a otro partido (Compromiso por Cantabria, en el que se integra el exregionalista Pacu Sierra), al expediente y expulsión de las primarias autonómicas de Brun y de los suyos, y a la decisión de este grupo de llevar el caso a los tribunales. Todo un espectáculo.
Si en este tiempo electoral Podemos ha venido difuminando su condición de partido de izquierdas, y también los devaneos de sus dirigentes principales con el régimen chavista, la fractura interna reproduce un rasgo dominante del ADN de ese espectro político en su ya larga historia: la acreditada afición a las depuraciones como un hábito saludable para mantener el vigor y la disciplina del partido. Lo más notable en Cantabria es que haya comenzado esa batalla entre los propios mucho antes de la que deben presentar contra sus adversarios políticos.
No es la única contradicción que encierra este duro enfrentamiento interno. En el periodo fundacional de Podemos sobrevolaba el espíritu libertario del 15-M que trajo el estallido de la indignación ciudadana en la calle. Era la expansión del debate a todas las voces, la toma de decisiones asamblearia, las sensibilidades múltiples, la estructura horizontal del movimiento. Una vez convertido formalmente en un partido, y con unos órganos de dirección bien asimilables a las formaciones que llaman de la ‘casta’, se ha impuesto en Podemos la cadena de mando, el programa, las estrategias y la disciplina irradiados en una jerarquía vertical desde la cúspide madrileña de Pablo Iglesias y su equipo de confianza hasta el último rincón del país.
En esa coyuntura centralizada se han ido sustanciado los conflictos internos en diversas comunidades, tan es así que ya hay una corriente formada por los damnificados por el aparato del Podemos, precisamente impulsada por Juanma Brun.
Los dirigentes y miembros más destacados de Podemos en Cantabria se han alineado con uno u otro sector, el oficialista que lidera José Ramón Blanco, y el crítico de Brun, que han entrado en liza en el proceso de elección de la candidatura autonómica que culminará el martes 31 de marzo. Compiten hasta cuatro grupos, que estarán representados en la lista conforme a los apoyos que logre cada uno de ellos.
Pero más allá de las preferencias por una tendencia u otra, y del grado de razón que asista a cada cual en este litigio, en el seno de la militancia y de los potenciales votantes de Podemos Cantabria se constatan –y hasta se publican– sentimientos de decepción, de bochorno y hasta de abandono por el triste panorama de división al que se ha llegado en los últimos meses. Y eso se produce justamente cuando el nuevo partido está obligado a dar lo mejor de sí, con una imagen de cohesión y un mensaje político sólido y creíble para verificar en las urnas lo que hasta ahora ha sido solo una tendencia en los sondeos de opinión. En su mismo espacio electoral, IU y Equo han alcanzado un acuerdo con otros grupos independientes para concurrir en coalición a las elecciones.
Entretanto, los partidos convencionales observan risueños los avatares de Podemos con ese rictus socarrón que se traduce por un ‘bienvenidos a la dura realidad’. El PP ya tiene bastante con contener el potente avance de Ciudadanos, pero el PRC y el PSOE han saludado con alegría los resultados de Podemos en Andalucía, bastante discretos con respecto a las grandes expectativas creadas. La idea es que si en Cantabria también queda lejos de los sondeos, y si los electores castigan el espectáculo de la fractura interna, a lo mejor el uno y el otro mejoran un poco sus inquietantes perspectivas para los comicios de mayo. Nunca falta el optimismo.

Sobre el autor Jesús Serrera
Bilbao. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco. En El Diario Montañés desde 1982. Subdirector. Sobre este blog: Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, pero sin acompañamiento instrumental. Se agradecen las sugerencias para mejorar el repertorio.

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