LA ABUELA MARIA

Yo no he estado encerrada, pero si es las manifestaciones y en las concentraciones, con bastante dificultad y muy cansada, es verdad los que dice Félix, casi siempre somos los mismos, con algunos nuevos que ya no conozco, pero hay que reconocer que es difícil seguir años tras años haciendo esas procesiones y pidiendo justicia.

Muchas veces el cuerpo y sobre todo la mente te pide olvidarte de esta situación tan penosa y perderte lejos de aquí, me contaba, un amigo de mi marido, que ha comprado su vivienda para disfrutar con la familia y que había visto como parte de la misma ya se la había ido y nunca disfrutarían con ellos de su casa como una vivienda legal y sin problemas esos son los inconvenientes de aquellos que nos llaman de la tercera edad.

Contar tus penas y a mis años , es como desnudarse, una siente pudor y mucha vergüenza, pero los más duro es ver como pasa el tiempo y tus fuerzas cada vez son menos y todo sigue parecido, a mi no me queda mucho tiempo por eso las palabra, buenas palabras son como la lluvia sobre el mar, yo sigo viendo los muñecos colgados cerca de mi ventana, las banderas amarillas con un monigote, unos papeles de colores pegados por las farolas que piden la legalización.

¿Pero que he hecho yo en toda mi vida para ser ilegal?, ¿dónde esta mi delito y el mis hijos y nietos?.

Mi pequeño consuelo son los amigos de AMA, sólo espero que esta vez ese acuerdo del que hablan, sirva para poner un poco de alegría, la verdad es que la necesitamos, casi como el aire que respiramos.

Vivir en este clima de tristeza, de pesimismo, hace que a veces una piense auténticas salvajadas y otras el mal humor hace que mandarías todo al más allá..

Yo no he estado encerrada en el Ayuntamiento de Argoños, porque mi salud ya no me lo permite, pero llevó encerrada en mi casa, en mi pena y en mi tristeza muchos años.

Si en esta tierra existe justicia, si en mi Cantabria hay gente de honor como la de antes, tiene que llegar un día donde al pasear por delante de mi vivienda pueda decirle a mi nieto, he sufrido mucho por esta casa, pero ahora me queda el consuelo que tu puedas disfrutar de ella.

Mis recuerdos son ya más de los que se han ido que de los que están aquí, mi ilusión es la sonrisa de mis nietos y mi futuro poder conservar ese recuerdo lo máximo posible.

Mi nieto mayor es el que me esta escribiendo, no se si lo que yo le digo o algo parecido, pero se que sabe lo que la abuela siente.

Nunca comprenderé como puede haber personas que me quieran hacer daños, yo jamás se lo haría a ellos.

Mi vivienda a penas tiene 60 metros cuadrados donde en estos últimos 10 años he ido ordenando mis recuerdos, labrando la huerta que mi difunto marido me dejo, ahora apenas puedo hacerlo, aunque cada vez que llega la primavera, sigo poniendo unos pocos pimientos y tomates, verlos crecer en ver crecer la vida, es recordar los buenos momentos que con él he compartido, es sentir esa tierra común para los dos.

Cada vez que pienso que esto también me lo pueden quitar, pues eso compréndame que me queda por vivir.

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El Diario Montañes

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