CAMINO DE SANTANDER

 
A las nueve de mañana de un domingo de Agosto más de trescientas personas, después de guardar un minuto de silencio por los tres amigos que nunca verán sus viviendas legalizadas, nos disponemos a caminar los 40 km que separan Argoños – Arnuero de la capital Santander.
 
¿Qué es lo que mueve a este colectivo a realizar este largo camino para personas muchas de la cuales ya superan los 60 años?. ¿Por qué en agosto no se van a la playa a disfrutar con sus nietos de las olas del mar?. La respuesta está clara: defender su vivienda, su hogar, pero sobre todo la solidaridad entre los que sufren calladamente durante muchos años la posibilidad de que en cualquier momento una excavadora vaya a derribar su vivienda.
 
El camino es largo y da para la conversación y para la reflexión, y es ya el tercer año que muchos repiten lo que empieza a ser un ritual. Un amigo me decía que lo que hacían durante esos 40 km era enseñar sus heridas producidas por las noches sin dormir, por las lágrimas de su mujer cuando había noticias negativas, por la incertidumbre que es como la humedad que te va pudriendo por dentro.
 
Otros comentaban que era como una peregrinación a Lourdes: caminar y caminar para ver si de una vez se hace el milagro y pueden vivir tranquilamente en sus casas compradas legal y honradamente.
 
El sol aprieta y el sudor te va empapando, y piensas: qué hago yo aquí, con los pies recalentados y las fuerzas que empiezan a flaquear. Yo no he cometido ningún delito, los condenados son el Gobierno y los Ayuntamientos, ¿no sería más justo que los que han sido condenados sean los que suden y se les recalienten los pies? Quizás los que tendrían que andar los 40 km serían Revilla y su Gobierno y los Alcaldes y concejales de los pueblos condenados, sin embargo ellos son los que están en la playa disfrutando con sus familias o en la distintas fiestas que durante este mes de agosto jalonan toda la comunidad.
 
Unos aplausos salen de un camping cercano y correspondes con el mismo entusiasmo y con un sonrisa. Algunos nos dicen que ese camino es como peregrinar por el desierto, apenas hay viviendas y la carretera discurre por parajes solitarios, pero para otros es el símbolo de que lucharás con todas tus fuerzas para que se haga justicia, y cada años renuevas esos votos. Uno de los que iba un poco más rezagado comenta que él seguirá haciendo ese camino año tras año, incluso si alguna vez esta injusticia se soluciona. Dice que para él ese camino siempre le bajará a la realidad de darse cuenta de que hay personas capaces de cualquier cosa por dinero, eso es la corrupción urbanística. Todas las constructoras de Argoños que han realizado las viviendas con sentencia de derribo han desaparecido con quiebras fraudulentas o culpables.
 
Intentas quitar de tus pensamientos esas ideas que hacen más difícil el camino, pero otras ocupan su lugar ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI uno pueda ser declarado culpable y otro pague la pena?. ¿Qué garantías tiene nuestro sistema judicial para que personas totalmente inocentes estén en esta situación? ¿Cómo no se toman medidas legislativas que hagan posible que cuando alguien compra un vivienda sepa qué cargas  o demandas tiene la misma?
 
El camino va llegando a su final,  pero esta situación de injusticia parece un camino sin fin. Mi hija tiene 15 años y siempre ha conocido su casa con una sentencia derribo. Me duelen los pies, pero más me duele esa rabia que llevo dentro por el daño y sufrimiento que viven  más de mil familias.
 
Cuadros: Vecinos del Encinar (dirigidos por Paco Lain)
Texto y fotografía: Antonio
 

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El Diario Montañes

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