PERDONEN QUE NOS ENFADEMOS, PERO
LOS MUERTOS SON NUESTROS AMIGOS
Es duro, muy duro convivir todos los días con la tensión de que en cualquier momento te puedan derribar tu casa, máxime cuando no tienes culpa de nada.
Por un momento, amigo lector, cierre los ojos y piense que es su vivienda la que pueden derribar, da miedo, angustia; llevar así más de 10 años, es duro, muy duro.
Para muchas familias su vivienda lo esto todo, incluso un derecho constitucional que no han respetado, su derribo es dejar en la calle a personas totalmente inocentes.
Dice un amigo: “donde vivo los mejores momentos de mi vida, donde celebro los cumpleaños de mis hijos, donde disfruto viéndoles crecer, donde creo mis sueños, donde hablo relajadamente con mis amigos y vecinos, pero además es que mi casa es la ilusión de toda una vida, donde hemos invertido todos nuestros ahorros y donde con estos problemas nos la están robando”. Por ello, cuando hablan de su derribo, es como si esa parte de la vida nos la arrebatarán. Nos decía Teo ”si tiran mi casa que me tiren con ella dentro”.
Esta semana redactábamos una nota de prensa con el fin anunciar nuestra manifestación del Tren de los Inocentes y cuando íbamos pensado qué y cómo decirlo, nos acordábamos de nuestro amigo Dani, responsable de nuestras comunicaciones que nos abandono recientemente.
Él era un profesional del medio, pero sobre todo un hombre bueno, sensato y moderado, sus consejos, su recuerdo, los sentimientos nos golpean haciéndonos un nudo en el estómago, humedeciendo nuestros ojos y nublando la pantalla. Hasta dos días antes de morir Dani estaba ayudándonos, el luchó con todas sus fuerzas para que no continuará esta injusticia.
Uno siente la pena de la pérdida del amigo y la pena sobreañadida de ver que nos dejó sin ver su ilusión cumplida, la de tener su vivienda totalmente legal, como él la había comprado y su familia disfrutando de la misma.

Hace apenas unas días perdíamos otro amigo, Santos, que con cerca de 80 años estaba en todas nuestras manifestaciones, las amenizaba con su agradable voz modelada en el coro de la parroquia. Nos decía: “gracias a vosotros no nos tiran las casas, os merecéis un monumento”, cuando quien realmente se merecía el monumento era él, que en su situación, a su edad, animaba con una sonrisa a los demás.
La realidad es que cada vez somos menos, (son muchos los amigos que se han ido bajando del tren de la vida, incluso alguno voluntariamente), más tocados, pero al igual que Dani, Santos y todos los demás que nos han dejado, estamos dispuestos a defender esa parte de nuestra vida hasta el final. Una de las pancartas de Arnuero manifiesta perfectamente nuestro sentir “de nuestras casas nos sacarán con los pies por delante”.
Desde AMA nunca haremos daño a los demás, militamos activamente en el pacifismo, hemos sufrido tanto, que no nos podemos permitir que otros pasen por nuestra situación.

Por ello, queremos decir alto y claro, que estamos dispuestos a dejar nuestras vidas antes de consentir que nos derriben, que nosotros no haremos daño a los demás (“nunca mataré por una idea, pero sí estamos dispuestos a morir por ella”, -Gandhi-). Se lo decimos al Sr. Revilla máximo responsable de nuestra situación, se lo decimos al Sr. Tolosa, ya que cada vez que el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria dicta una licitación para derribo esta literalmente acabando con nosotros física y moralmente. Se lo decimos también a toda la sociedad cántabra para que sea consciente de la injusticia que se comete, ya que, a nosotros nadie nos ha condenado pero son nuestras casas las que derriban.
Cada vez somos menos, estamos más desesperados, pero nuestra decisión también es firme.
Acusamos al Sr. Revilla, su Gobierno y Ayuntamientos implicados del delito continuado de denegación de auxilio o mejor expresado omisión del deber de socorro: “El que no socorriere a una persona que se halle desamparada y en peligro manifiesto y grave, cuando pudiere hacerlo sin riesgo propio ni de terceros…”, con las agravantes de premeditación y alevosía.
Acusamos a los Sres. Antonio Vercher, Martín Pallín… y a todos aquellos que piden el derribo de nuestras viviendas sin hacer nada por reparar el daño causado a tantas personas inocentes; su comportamiento es cínico, de mala fe y, sobre todo, ocasionan un sufrimiento inmerecido e inútil a nuestras familias.

Han atropellado nuestros derechos con el camión de la injusticia, de la indiferencia y se han dado posteriormente a la fuga; no han querido saber nada de nosotros, nos han mareado y engañado mándanos de institución en institución y para terminar quieren derribar nuestras ilusiones, nuestra vida.
Las armas de la injusticia las disparan desde el poder, perdóneme que me enfade, pero los muertos son nuestros, son nuestros amigos y son muchos los que nos han dejado con la pena de ver a sus familias maltratadas por las instituciones.