Con motivo del homenaje a nuestros mayores escribimos el presente texto y
Beatriz 13 años nieta de María le hizo ese dibujo.
La Asociación AMA, que agrupa a más de 500 familias, que han sufrido de una manera muy intensa la injusticia producida por actuaciones de las Administraciones Públicas que condenan sus viviendas al derribo.
AMA hace una mención especial a la situación en que se encuentran los mayores. Ellos que con los ahorros de toda una vida de la actividad laboral han comprado su vivienda y que ahora ven cómo la misma se encuentra en peligro .
Muchos son los miedos, sinsabores, incomprensiones; muchas las noches sin dormir, cuántas reuniones con abogados, peritos, ayuntamientos, etc. Su único “pecado” ha sido comprar una vivienda que las administraciones les habían asegurado que eran legales, para después, esas mismas administraciones, decirles que tienen que derribarlas.
Este colectivo es especialmente sensible, sufriendo en sus carnes, además de la injusticia, la soledad. Quienes tienen el deber de defender sus derechos, los poderes públicos, no sólo no lo han hecho, sino que son los culpables de su situación.
Ni ellos ni ninguna persona de buena voluntad puede entender que trabajes toda tu vida para que, sin haber cometido delito alguno, quieran acabar con tu casa.
Las depresiones, el estrés y otras situaciones críticas se repiten en este colectivo sin que por parte de los Poderes Públicos se de una respuesta a esta situación.
En algunos casos estas personas llevan más de 10 años viviendo con este miedo y esta tensión, sin poder disponer de su patrimonio, ni para una operación o para ayudar a aquel hijo que se ha quedado en el paro o que lo necesita. Pero esos poderes públicos dicen que no se ha producido el daño.
¿Cómo es posible que esté sucediendo esto?. Se conoce a los culpables, los que han cometido los delitos, faltas, errores… pero esa gente no tiene ningún proceso pendiente. Sin embargo, nuestros mayores todos los días se acuestan pensando que puede ser mañana cuando alguien llame a su puerta para decirle que van a derribar su vivienda, su hogar, construido con el trabajo y amor de toda una vida.
En más de una década que llevan con esta situación algunos ya nos han dejado, otros están en una situación muy difícil, y los más jóvenes empezamos a peinar canas con este problema, las que nos salen con el paso del tiempo y sobre todo las que nos producen los disgustos de vivir día a día esta situación tan incomprensible e injusta.
El martes pasado María, de 68 años, me decía: “¿Qué hemos hecho mal, Antonio?, mi marido ni quiere hablar de este tema, está totalmente deprimido, apenas sale de casa, y se echa la culpa no sabe si de su mala suerte o de no tener valor para hacer una barbaridad”.
Las lágrimas de María no las verán ni los responsables políticos, ni los jueces, ni los que dicen que el daño no se ha producido, ni siquiera sus abogados, pero a los que sabemos de la bondad de María y de esta injusticia sí que nos llega a lo más intimo.
Por ello, con todo nuestro sentimiento pedimos justicia para estos amigos que como María lloran su pena en soledad. Les han robado la ilusión, pero que al menos sientan el cariño de los que les comprendemos y diciéndoles que no están solos.
Po último, agradecerte toda mostrar de solidaridad con este colectivo que simplemente quiere vivir en su hogar.