ARCADAS EN EL ALTO DEL CUCO
Los cientos de afectados por la anulación del Plan Parcial del Alto del Cuco (398 viviendas), en Boo de Piélagos, intercambiamos información y nos desahogamos en un foro de Internet. Mucha de nuestra rabia contenida va dirigida contra la asociación ecologista Arca, a la que uno de nosotros, el palentino Oscar, denomina ‘arcadas’ (movimientos violentos del estómago, anteriores o simultáneos al vómito). Esos ‘cuatro amigos’, como ellos mismos se definen, están haciendo sufrir a más de mil familias inocentes en Cantabria, sobre cuyas viviendas pesa orden de derribo. Con el objetivo de crear inseguridad jurídica en la costa, según ellos mismos han confesado públicamente, han presentado denuncias contra urbanizaciones, siempre de forma indiscriminada y sin avisar a los futuros compradores de las viviendas. Ese ir sembrando víctimas inocentes nos recuerda más al terrorismo que al ecologismo. En el caso del Alto del Cuco, aseguran, sin pudor, que llevaban 13 años intentando dinamitar el proyecto, tiempo más que suficiente para avisarnos en una de sus muchas apariciones en los medios de comunicación. Pero esos ‘cuatro amigos’, que dicen financiarse con las cuotas de sus socios y tienen buenos amigos en el actual Gobierno de Cantabria, prefirieron seguir causando víctimas inocentes. Ahora que los otros culpables del desastre del Alto del Cuco (la multinacional Fadesa, el Ayuntamiento de Piélagos y el Gobierno regional) tratan de rectificar y consensuar un nuevo plan parcial, estos ‘justicieros’, que, por supuesto, no se arrepienten de nada, han dicho públicamente que allí no quieren ver ni un solo ladrillo, aunque es una finca urbanizable. Y lo dicen ‘cuatro amigos’ cuyo presidente posee un chalet supuestamente ilegal en un monte de Villaverde de Pontones. Pero ellos no son los únicos que nos producen vómitos, porque los otros implicados en la ‘batalla’ del Alto del Cuco tampoco nos avisaron. Los políticos, que ahora tratan de rectificar, estaban tan ocupados en darse caña -el ya famoso ‘y tú más’- que se olvidaron de utilizar una de sus muchas ruedas de prensa para advertirnos de que allí era peligroso depositar los ahorros de toda una vida. Los políticos, elegidos y pagados por nosotros, se olvidaron de que su misión es defender los intereses de la gente y no los suyos. También nos provoca náuseas la actitud impresentable de la empresa constructora, Fadesa, que, pese a estar obligada por la Ley, tampoco nos avisó de que había denuncias. Su presidente, Fernando Martín, nos prometió en abril del año pasado que todo estaría solucionado en cuestión de semanas, pero no ha vuelto a dar la cara. Eso sí, se sigue negando a devolvernos el dinero, pese a no poder cumplir los contratos. Nuestro único consuelo son los avales, que vamos ejecutando, poco a poco, con ayuda de los abogados. Ya quisieran para sí ese consuelo los cientos de familias que son propietarios de viviendas (ellos sí firmaron las escrituras) sobre las que pesa orden de derribo. Igualmente, queremos remarcar las arcadas que nos produce ver el Alto del Cuco así, una ladera destruida en la que, según los planos sobre los que compramos las viviendas, iba a construirse una urbanización modélica, con todos los papeles en regla y todo tipo de servicios. Por último, aunque también nos provoque vómitos y mucha pena, nos hacemos una pregunta muy importante: ¿Dónde está la Justicia en Cantabria?. Miles de personas sufrimos una tortura diaria por ilegalidades que han cometido otros.

